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Mariano Navone y su sorprendente camino en el US Open

Mariano Navone vive días que cambian carreras. Eliminó a Novak Djokovic en primera ronda, dejó en el camino a Matteo Berrettini en la segunda y ahora se prepara para enfrentar a Tomás Martín Etcheverry el 4 de septiembre. Es su mejor actuación en el US Open, la primera vez que se instala tan profundo en un Grand Slam y, de golpe, su nombre ya circula en todas las conversaciones del torneo.

Cuando un jugador irrumpe así, el interés se dispara. No solo por su revés o por cómo responde a la presión, también por lo que hay detrás: su entorno, su historia, su vida lejos del ruido de las canchas.

Y ahí aparece una figura clave: su novia, Julieta Villarreal Cerezo.

Una noche histórica… y una llamada imprescindible

Tras la impactante victoria ante Djokovic, Navone dejó escapar algo más que la típica frase de vestuario. En conferencia, todavía con la adrenalina a flor de piel, reconoció que no iba a ser una noche cualquiera: iba a agarrar el teléfono y compartir ese momento con los suyos.

Dijo que llamaría a sus hermanas. A su novia. A todos. Que estaba “realmente feliz, tan feliz por esto”. En medio del torbellino mediático, ese detalle íntimo marcó el tono: el argentino no está solo en este despegue.

Quién es Julieta Villarreal Cerezo

El nombre empezó a circular rápido: Julieta Villarreal Cerezo es la pareja de Navone. No es protagonista en redes, no busca foco, pero el propio jugador la hizo visible en una fecha especial.

En febrero de 2025, Navone le dedicó un posteo de cumpleaños en Instagram. En su perfil, generalmente reservado a resultados, entrenamientos y torneos, hizo un hueco para algo distinto: una declaración de afecto.

El mensaje, escrito en su idioma y pensado para los suyos, se puede resumir en tres ideas: amor incondicional, compañera única y una chocotorta memorable. Cerraba con un “te amo mucho” y un deseo simple, casi cotidiano: más cafés y más escapadas juntos. Un jugador que compite en la élite, pero que celebra las pequeñas rutinas como cualquier pareja.

No fue un gesto aislado. En febrero de 2024 también le había dedicado un saludo público por su cumpleaños. La cronología exacta de cuándo comenzaron a salir no está clara, pero la constancia de esos mensajes marca una relación sostenida en el tiempo, anterior al boom de este US Open.

Comunicación, polo y tenis: el mundo de Julieta

Mientras Navone construye su camino en el circuito, Julieta hace lo propio en el ámbito de la comunicación deportiva. Según su perfil profesional, trabaja desde 2024 como analista senior de comunicaciones en el departamento de marketing de la Asociación Argentina de Polo.

Antes de eso, entre 2019 y 2024, formó parte del área de prensa y comunicaciones de la Asociación Argentina de Tenis. Un detalle que no pasa desapercibido: se movía en el corazón institucional del tenis argentino justo en los años en que Navone crecía dentro del circuito. Es probable que ese cruce de mundos —raquetas, torneos, conferencias, notas— haya sido el punto de partida del vínculo.

Su rol no es decorativo. Se trata de una posición técnica, de gestión de imagen, mensajes y estrategia comunicacional, primero en el tenis y ahora en el polo, dos deportes con fuerte tradición en Argentina. Mientras él se expone a la cámara y a las luces, ella entiende, desde adentro, cómo funciona ese ecosistema.

El otro sostén del sueño

Navone persigue su primer título de Grand Slam. Está, como se dice en el circuito, “corriendo detrás del trofeo” con todo lo que tiene. Cada triunfo en Nueva York agranda la historia: primero Djokovic, luego Berrettini, ahora un duelo argentino ante Etcheverry.

En paralelo, su vida personal se mantiene firme. Hermanas, familia, novia. Llamadas después de partidos que ya se sienten históricos. Publicaciones que no hablan de rankings ni estadísticas, sino de amor, chocotorta y viajes cortos.

Mientras el US Open lo mira como la gran revelación del torneo, Navone pisa la cancha sabiendo que, al otro lado del teléfono, hay alguien que acompaña desde hace años, mucho antes de que el resto del mundo aprendiera a pronunciar su apellido.