Manchester City golea 5-0 a Norwich con doblete de Floyd Samba
En el Etihad, una goleada y una aparición estelar. Manchester City arrolló 5-0 a Norwich City y se metió en cuarta ronda, pero el marcador contó solo una parte de la historia. La otra la escribió un chico de 17 años: Floyd Samba.
Samba irrumpe en escena
El partido ya estaba encarrilado, pero Samba decidió convertir una noche de trámite en una presentación en toda regla. Dos goles, personalidad de veterano y una sensación clara: algo grande se está gestando en la academia del City.
Su primer tanto llegó con la naturalidad de quien lleva años en esto. Se colocó en el corazón del área, leyó el centro y conectó un cabezazo preciso, directo a la esquina lejana. Instinto puro, ejecución limpia. Parecía un delantero consagrado, no un centrocampista reconvertido.
El segundo fue todavía más llamativo. Norwich intentó salir jugando desde atrás y se metió en un lío. Ait Nouri recuperó, se tambaleó, pero alcanzó a cederle el balón a Samba. Control, mirada al arco y un disparo curvado desde unos 20 metros que se clavó en el rincón. Lo hizo parecer sencillo. No lo era. El Etihad lo entendió al instante.
En la grada, las cámaras cazaron a Christopher Samba, el exdefensa de Blackburn Rovers, sonriendo incrédulo, con la expresión de un padre que ve cómo su apellido cambia de generación sobre el césped.
Allan cumple, la academia brilla
La noche no fue solo de Samba. Allan, fichaje de 34 millones procedente de Palmeiras, vivió un debut extraño y eficaz. Sufrió al principio, castigado por Yongwa en los duelos, pero terminó con un gol y una asistencia. No dominó el partido, sí dejó destellos.
Su tanto llegó nada más arrancar la segunda parte. Ya instalado en la banda izquierda tras el carrusel de cambios al descanso, encaró a Field, se metió hacia dentro, amagó, giró de nuevo sobre su zurda y cruzó un disparo seco al palo largo. La defensa de Norwich colaboró, pero la definición tuvo calidad.
A su alrededor, la generación joven del City se adueñó del tramo final. O’Reilly, que ya juega con porte de veterano pese a su corta carrera en el primer equipo, se movió con naturalidad como mediapunta tras el descanso. McAidoo, entrando desde el banquillo, encendió el partido con su velocidad: en una acción dejó atrás a Yongwa, internacional por Camerún, como si fuese un cono de entrenamiento.
El broche lo puso precisamente McAidoo. En el minuto 90, O’Reilly se escapó por la izquierda y centró. Lewis, listo, dejó pasar el balón con un amague delicioso que descolocó a toda la zaga. Al segundo palo apareció McAidoo para empalmar de primera al rincón. Tres productos de la academia enlazados en la misma jugada para el 5-0. Una firma generacional.
Norwich compite… hasta donde puede
Norwich se marchó con un 5-0 a cuestas, pero no se rindió en ningún momento. La afición visitante cantó sin descanso, celebró un simple córner como si fuese un gol y despidió a los suyos con una ovación de pie. Un detalle que no pasó desapercibido en el Etihad.
Sobre el césped, el equipo de East Anglia tuvo sus momentos. En la reanudación, Yongwa se proyectó por la izquierda y puso un centro tenso que Rulli apenas pudo tocar. El rechace cayó en los pies de Fisher, que desperdició una ocasión clara con un remate mordido. Poco después, Musaba, recién ingresado, rozó el tanto con un disparo cruzado que salió por poco tras un córner.
El premio simbólico llegó con un gol anulado. Musaba habilitó a Mohamed Toure, que definió bien ante Rulli, pero el asistente levantó la bandera. Sin VAR, el veredicto quedó en el campo; las repeticiones confirmaron el acierto del juez de línea. Nada le salía a Norwich, ni siquiera en los detalles.
Maresca, mientras tanto, vio cómo su equipo perdía parte del control habitual en el tramo final con el 4-0 en el marcador. Norwich se adueñó del balón por momentos, encadenó posesiones largas y se ganó los “olés” irónicos de su propia hinchada. El técnico italiano tendrá apuntado ese bajón de concentración, aunque la noche dejó más motivos para sonreír que para preocuparse.
Rulli seguro, Maresca ajusta
Bajo palos, Rulli respondió cuando le tocó. Salió rápido del área para corregir un mal pase atrás de Khusanov ante la presión de Toure y evitó sustos innecesarios en un partido que, por marcador, parecía resuelto, pero que exigía atención para no dar vida al rival.
El descanso trajo una pequeña revolución táctica. McAidoo entró por Cherki y Maresca movió las piezas: Allan pasó a la izquierda, McAidoo ocupó la derecha, O’Reilly subió al puesto de mediapunta y Ait Nouri retrocedió al lateral. Un rompecabezas que el City resolvió con naturalidad, manteniendo la amenaza ofensiva desde las bandas.
Norwich también agitó el banquillo: Diallo dejó su sitio a Maghoma, luego Crnac fue sustituido por Musaba, y más tarde Anis Ben Slimane y Bruno Alves dieron paso a Ruairi McConville y Mohamed Toure. Schwartau entró por Kvistgaarden en el tramo final. Ninguno de esos cambios alteró el signo del encuentro, aunque sí dieron algo de aire y orgullo competitivo a los visitantes.
El Etihad mira a Brighton… y a sus chavales
Cuando el speaker del estadio anunció que el próximo rival sería Brighton en la cuarta ronda, el Etihad respondió con una mezcla de aplausos y expectación. El recuerdo reciente del triunfo de los Seagulls en el otro lado de Manchester aún flotaba en el ambiente.
Brighton será otra historia. Otro nivel de exigencia, otra velocidad, otro tipo de examen para este City en transición post-Pep. La cuestión es evidente: ¿mantendrá Maresca su apuesta por los jóvenes en una eliminatoria más compleja o recurrirá a un once más cercano al de gala?
Si algo dejó claro la noche es que nombres como Samba y McAidoo han ganado argumentos para seguir en la rotación. No todos los días un chico de 17 años firma un doblete así en el Etihad, con su padre en la grada y un estadio entero intuyendo que está viendo el principio de algo. La Copa ya tiene su primera gran historia. Falta saber hasta dónde la llevará este City.






