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Los Angeles Lakers miran hacia Adou Thiero tras perder a Kuminga

Septiembre ya está en marcha y los Los Angeles Lakers siguen con deberes pendientes. La plantilla está prácticamente llena, el margen salarial encogido y el gran objetivo del verano en el frontcourt se les ha escapado rumbo a Minnesota. El nombre duele: Jonathan Kuminga.

Khobi Price, periodista que sigue el día a día de la franquicia angelina, lo resumió con crudeza en el California Post: la fallida persecución de Kuminga, que firmará por dos años con Minnesota Timberwolves, deja un agujero claro en la pintura y en las alas. Y no hay mucho espacio para maniobrar.

El contexto es asfixiante. La franquicia está a solo 8,1 millones de dólares del primer apron de la NBA, fijado en 209 millones, y ya está hard-capped de cara a la temporada 2026-27. Sobre la mesa, 16 contratos garantizados. Traducido: la flexibilidad para añadir más piezas es mínima, casi simbólica, cuando falta apenas un mes para el inicio del training camp.

Las opciones en la agencia libre son escasas y poco deslumbrantes. El camino del traspaso tampoco ofrece demasiada luz: el arsenal de activos está casi agotado tras años de apuestas agresivas. Así que la pregunta se impone sola: ¿cómo van a tapar al menos uno de los dos grandes huecos de la plantilla?

Sin Kuminga, foco en Adou Thiero

Cuando no hay mercado, queda la casa. Y en Los Ángeles empiezan a mirar a dentro con más atención de la habitual. No abundan los jóvenes con techo alto en este vestuario, pero uno de ellos se ha ganado un foco especial: Adou Thiero, ala de 22 años.

Price apunta que el jugador entra de lleno en el reducido grupo de jóvenes de los Lakers que deberían ver crecer su cuota de minutos esta próxima campaña, precisamente a raíz del fracaso con Kuminga.

El paralelismo físico está ahí. Thiero mide 6-8 y pesa 220 libras; Kuminga, 6-7 y 225. Atletas largos, potentes, con una explosividad que destaca incluso en una liga de élite. Un molde muy similar, aunque con una diferencia clave: el jugador de los Timberwolves está hoy varios escalones por delante en recursos ofensivos y producción real.

Ese escalón, sin embargo, abre una puerta. Sin Kuminga, el camino para que Thiero se cuele en los márgenes de la rotación se despeja. No como salvador, sino como apuesta. Como proyecto al que darle espacio mientras el mercado se cierra.

Su perfil encaja bien junto a un generador ofensivo de alto volumen, el tipo de creador que absorbe balón y atrae defensas, como se ha visto en otros contextos con jugadores del mismo corte físico. Un finalizador vertical, que corre la pista, salta por encima del aro y vive de cortar, rebotear y castigar espacios.

Thiero está lejos de ser un titular fiable. Ni falta que hace ahora mismo. Lo que sí tiene es energía, instinto para la jugada aérea y un tipo de físico que escasea en la plantilla. Para una afición acostumbrada a soñar con grandes nombres, este joven se ha convertido en una pequeña ilusión: uno de los pocos aleros realmente atléticos que pueden cambiar el tono del equipo desde el banquillo.

Un final de curso que abrió ojos

La apuesta por él no nace de la nada. Price recuerda que Thiero dejó destellos interesantes en la recta final de la temporada pasada y, sobre todo, en los playoffs.

Su segundo año en la franquicia no fue sencillo: problemas físicos en la parte baja del cuerpo, tramos largos en la G League durante la 2025-26, minutos irregulares. Pero el cierre de curso cambió la narrativa. Terminó la temporada entrando en la rotación de forma consistente en plena postemporada, un detalle que en una organización como los Lakers nunca es menor.

Luego llegó julio. Y ahí, en las Summer League de San Francisco y Las Vegas, el ala mostró por qué muchos dentro del equipo hablan de él con prudente entusiasmo. No fue un producto acabado, ni mucho menos. Price lo subraya: sigue siendo muy crudo, con mucho por pulir en casi todos los apartados del juego.

Pero las señales estaban ahí. Volcadas, rebotes en tráfico, desplazamientos laterales sólidos ante jugadores más grandes, cortes inteligentes a canasta. Acciones que no llenan titulares, pero sí pizarras técnicas.

Si los Lakers buscan un alero grande que pueda ser amenaza en el alley-oop, ayudar fuerte en el rebote y plantar cara defensiva ante forwards de mayor tamaño, el rol que se imaginaba para Kuminga tiene un heredero natural en Thiero. No con el mismo techo inmediato, sí con la misma hoja de encargo: correr, saltar, chocar, incomodar.

La situación salarial encadena al equipo. El mercado se ha estrechado. El plan A, Kuminga, ya viste otros colores. Así que el curso que viene puede girar, en parte, sobre una cuestión sencilla y a la vez decisiva: cuánto están dispuestos los Lakers a vivir —y a arriesgar— con el crecimiento acelerado de Adou Thiero.