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La lluvia salva a Glamorgan y frena a Hampshire en el fondo

En Sophia Gardens, el cielo decidió más que los bates y las pelotas. Hampshire, colista de la Division One, tenía el partido agarrado por el cuello. Terminó marchándose con un empate que sabe a oportunidad perdida, empapado por un aguacero que borró cualquier opción de victoria.

Habían hecho todo lo que se le pide a un equipo que pelea por salir del fondo: 162 en la primera entrada, 300-8 declarados en la segunda, una ventaja de 301 y tres golpes rápidos con la nueva pelota. Glamorgan, 161 en su primer turno y luego 21-3, tambaleándose. Y entonces llegó la cortina de agua sobre Cardiff.

Un último día casi perfecto

La jornada amaneció con Hampshire en 124-2, decidido a acelerar. Toby Albert y Jake Lehmann arrancaron con paciencia, 40 minutos de cricket sobrio, casi de laboratorio. Pero el guion cambió en cuanto vieron una rendija.

Se lanzaron sobre Ben Kellaway: 12 carreras en un solo over, el tono de lo que venía. El primer envío del día de Zain Ul Hassan voló por encima de la cuerda, seis limpios de Albert, que marcó territorio. Glamorgan, otra vez, se veía superado por un equipo de la zona baja, como ya le ocurriera la semana anterior.

Ul Hassan, sin embargo, encontró respuesta inmediata. Le arrancó el wicket a Lehmann por 36, antes de retirarse lesionado. A partir de ahí, el riesgo subió y el off-spinner Kellaway se convirtió en el gran beneficiado. Primero, Albert, el mejor de la entrada con 64, cayó en un envío alto a deep mid-wicket. Después, Ben Brown, tras un cameo chispeante de 30, devolvió una sencilla devolución para otro wicket.

El capitán de Hampshire decidió seguir. No se conformó con una ventaja cómoda; quería un marcador que asfixiara. Y apareció Andrew Neal para dinamitar la mañana.

Neal destrozó el ritmo del partido con 47 de pura violencia en 20 bolas: cuatro seis, cuatro cuatro, golpes limpios, directos, sin adornos. Amenazaba con borrar el récord de Liam Dawson, esos 22 envíos que marcan la referencia más rápida del condado para un 50 en Championship. Se quedó corto al intentar otro gran golpe: un loft a mid-wicket ante Mason Crane, antiguo jugador de Hampshire, que lo cazó. Fue la señal para que Brown levantara la mano y declarara en 300-8.

Objetivo para Glamorgan: 302 para ganar. Tiempo y condiciones, en teoría, suficientes para que Hampshire oliera un triunfo imprescindible.

Abbott y Jack en modo caza

La segunda parte del drama arrancó nada más volver del almuerzo. Con Ul Hassan fuera de combate, Mason Crane tuvo que asumir un papel inesperado: abrir la entrada. Y el experimento duró lo que tardó Kyle Abbott en encontrar su ritmo.

Asa Tribe, compañero de apertura, no sobrevivió ni tres pelotas. Abbott lo atrapó lbw, segundo pato del partido para él. Un golpe psicológico tan fuerte como el numérico.

Crane tampoco aguantó demasiado. Eddie Jack lo hizo retroceder con un envío que terminó en manos del tercer slip. Glamorgan, aturdido, 2-2 en lo que a top-order se refiere, y el marcador ya bajo una presión insoportable.

Kiran Carlson, llamado a estabilizar, apenas tuvo tiempo. Abbott le arrancó el off-stump con una auténtica bala. Un envío que no admite discusión. 14-3 y el ambiente de Sophia Gardens se volvió espeso, inquieto. El equipo local, que encadena semanas de sufrimiento con el bate frente a los dos colistas de la división, volvía a verse desnudo.

Kellaway y Colin Ingram empezaron a recomponer algo parecido a una resistencia. Nada espectacular, pero sí lo bastante sólido como para frenar la hemorragia. Ingram, eso sí, rozó el desastre dos veces, cuando dos envíos de Abbott pasaron por encima de los stumps por centímetros. Hampshire olía sangre. El reloj, la previsión meteorológica y las nubes, también.

El diluvio y un empate que no sabe igual

A las 14:47, los umpires miraron el cielo, luego el luxómetro, y tomaron la decisión que cambiaría el desenlace: la luz era demasiado mala. Todos hacia dentro. Segundos después, el cielo se abrió de golpe. Lluvia torrencial, charcos sobre las lonas, el campo convertido en espejo.

Se adelantó la hora del té, pero no hubo vuelta atrás. Con menos de dos días de juego efectivo en un partido programado a cuatro, las opciones de reanudar se evaporaron tan rápido como las esperanzas de Hampshire de sumar una victoria vital.

El empate dejó 11 puntos para cada uno. Para Hampshire, un consuelo escaso: pese a su dominio del último día, sigue 16 puntos por detrás del penúltimo, incluso con Surrey aferrándose también a un empate en Essex. El margen de error se estrecha.

Glamorgan, atrapado en un pelotón apretado de mitad de tabla, se marcha con la sensación de haber sido rescatado por el clima más que por su propio cricket. Dos semanas seguidas sufriendo con el bate ante los equipos del fondo no son un detalle menor para un club que aspira a algo más que la irrelevancia.

El calendario no espera. Glamorgan visita a Somerset el miércoles 2 de septiembre. Hampshire recibe a Warwickshire casi sin respiro, con solo dos días de margen entre rondas. Si quieren que la lluvia deje de dictar su destino, tendrán que empezar a hacerlo ellos mismos.