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Legado de Aaron: Un padre comparte su historia para prevenir la meningitis B

Un padre que perdió a su hijo por meningitis B dice sentirse “en paz” tras ayudar a cimentar su legado.

Anthony Mills, de Kidderminster, Worcestershire, tuvo que despedirse en enero de su hijo Aaron, de 18 años, después de que su estado se deteriorara de forma repentina. Nueve meses después, el dolor sigue ahí, pero algo ha cambiado.

El domingo, un amigo de la familia, Shaun McEntee, completó una carrera de más de 100 millas desde el Aggborough Stadium del Kidderminster Harriers hasta Anfield, el estadio del Liverpool FC, con un objetivo claro: que nadie más se vea sorprendido por la meningitis B sin saber qué es ni cómo prevenirla.

Durante el recorrido, Mills se unió a la causa desde otro frente. Se detuvieron en la University of Wolverhampton, en Harper Adams University en Shropshire, en Reaseheath College & University Centre en Nantwich y en la University of Chester. Allí, padre y corredor se plantaron ante los estudiantes para hablarles, sin rodeos, de MenB.

Mills lo resumió con una sinceridad desarmante: “Toda la experiencia fue increíble. Me siento un poco culpable porque disfruté cada minuto”. No era un viaje de celebración, sino de memoria. Y, sin embargo, le devolvió algo que creía perdido.

“Le debo mucho a Shaun, ha hecho todo esto en memoria de Aaron y ha sido fenomenal”, explicó. “Aaron era una persona increíble y dejarle marchar así… se sentía tan mal. He intentado durante estos nueve meses llevar su legado al lugar donde debería estar, porque su potencial era ilimitado”.

Ese empeño empieza a darle algo de consuelo. “Estoy, en cierto modo, en paz. Mucha gente conoce el nombre de Aaron, conoce su historia, y eso me ha ayudado mucho. Siento que puedo avanzar un poco… He cerrado muchas heridas con todo esto y fue increíble”.

La historia tiene un trasfondo incómodo. Los bebés llevan más de una década recibiendo de forma rutinaria la vacuna contra la meningitis B, pero la franja de edad de Aaron quedó fuera de ese programa. Entre los jóvenes a los que Mills y McEntee se dirigieron, el desconocimiento era abrumador.

Mills lo contó en BBC Hereford & Worcester: la mayoría de los estudiantes no tenía ni idea de la gravedad de esta infección bacteriana ni de la existencia de una vacuna. Ese vacío de información es el que la familia intenta llenar, paso a paso, charla a charla. “Familia y amigos hemos ayudado a concienciar sobre la importancia de vacunarse, pero aún queda trabajo por hacer”, advirtió.

Mientras tanto, McEntee peleaba contra otro tipo de barrera: la física. Al llegar a Anfield, roto pero satisfecho, no necesitó adornar su esfuerzo. “Estoy exhausto, muy cansado, pero ha merecido totalmente la pena. Siento que de verdad hemos hecho llegar el mensaje”, dijo. Había algo más que kilómetros en sus palabras.

Durante el camino, escuchó a varios jóvenes asegurar que se vacunarían después de oír la historia de Aaron. “Hubo un par de momentos que, en mi cabeza, podrían haber salvado un par de vidas. Esas personas dijeron que se pondrían la vacuna por lo que hemos hecho, y eso lo compensa todo”, confesó.

No corría solo. “Llevé un pequeño bote con las cenizas de Aaron durante los cinco días, y eso fue lo que me empujó hacia adelante”, explicó. Hubo jornadas durísimas. “El jueves y el viernes fueron muy duros. Probablemente fue cuando peor estuve. El tiempo estaba en contra, yo ya estaba exhausto y sabía que aún me quedaba mucho”.

Pero llegó. Y con él, el mensaje. Entre Aggborough y Anfield no solo se midieron millas: se midió el alcance de un legado que, para Anthony Mills, empieza por una pregunta sencilla y brutal para cualquier padre: ¿cuántas vidas se pueden salvar si su hijo no se olvida?