logo

Lando Norris arrebata la pole en Madrid con vuelta perfecta

Lando Norris salió de la nada. En un circuito nuevo, urbano, estrecho, donde casi no hay margen para el error ni para adelantar, el británico encontró una vuelta que rozó la perfección y se llevó una pole que parecía tener dueño desde hacía días: Kimi Antonelli.

El joven italiano había mandado en Madrid desde el primer giro del fin de semana. Ritmo, confianza, control. Todo apuntaba a una nueva exhibición del líder del campeonato. Hasta que, en el último intento de Q3, apareció Norris.

Paró el crono una centésima por delante del Mercedes de Antonelli. Una eternidad en un trazado de 5,4 kilómetros como el Madring, donde el más mínimo desliz te lanza contra el muro. Norris salió del coche con la adrenalina todavía disparada, consciente de lo que acababa de hacer: una de las mejores vueltas de su carrera, en sus propias palabras.

No fue un camino limpio hasta ahí. El viernes sólo había sido sexto en la primera sesión y ni siquiera pudo rodar en la segunda por un problema de caja de cambios en su McLaren. El sábado, cuarto en los últimos libres. Nada hacía presagiar ese estallido final. Pero cuando la pista se engomó y el crono bajó de verdad, el británico encontró algo más que el resto.

Antonelli, que llega a Madrid con 66 puntos de ventaja en la general tras una remontada épica ante su público en Monza, creyó tenerlo hecho. Su vuelta en Q3 era sólida, agresiva, sin errores aparentes. Hasta que en la pantalla apareció el nombre de Norris por delante. El italiano lo admitió sin rodeos: pensó que había sido un gran giro, pero el de McLaren se lo arrancó de las manos en el último suspiro.

Detrás de ellos, acechando, saldrá Max Verstappen. El piloto de Red Bull se quedó a una décima del tiempo de Norris y encabezará la segunda fila. Justo detrás, las dos Ferrari: Lewis Hamilton, que venía de besar el muro en los libres finales, y Charles Leclerc. George Russell se colocó a continuación, después de rozar también el muro en una de sus vueltas de clasificación.

En medio de ese grupo de favoritos se coló un nombre que empieza a ser habitual en la parte alta: Liam Lawson. El neozelandés cuajó una sesión muy sólida y se metió en Q3 con autoridad. En la batalla final por las posiciones de privilegio no pudo romper la barrera del top 8, pero saldrá octavo, justo detrás del McLaren de Oscar Piastri.

Lawson salió del coche con una mezcla de satisfacción y frustración. El coche había respondido en los primeros compases de la clasificación, pero en la tanda decisiva se quedó sin ese paso adelante que sí encontraron sus rivales directos. Aun así, dejó claro que el ritmo estaba ahí y que el nivel competitivo había sido alto durante todo el día.

Su preocupación va por otro lado: la carrera. El propio neozelandés no se engaña. Espera un domingo “muy, muy duro”. Habla de adelantamientos “básicamente imposibles” y de unos neumáticos que ya el viernes dieron más de un dolor de cabeza. Un cóctel que puede convertir la gestión de gomas y la estrategia en un ejercicio de precisión quirúrgica.

Antonelli coincide en el diagnóstico. Sabe que la salida puede decidir media carrera. En un circuito con tan pocas opciones de adelantamiento, la primera frenada se convierte en oro puro. El italiano lo tiene claro: presionar, forzar el error del coche de delante y jugar con la estrategia serán las pocas armas disponibles para intentar darle la vuelta a la pole de Norris.

La clasificación, pese a la tensión, fue relativamente limpia, un contraste con los últimos libres, marcados por dos banderas rojas en un trazado implacable que combina tramos de calle con secciones diseñadas ex profeso. El Madring no perdona. Lo comprobaron varios pilotos: Antonelli llegó a bloquear y seguir recto, aunque salvó el coche y el muro; Russell rozó la pared en otro punto crítico del circuito.

No todos tuvieron tanta suerte. Oliver Bearman, de Haas, ni siquiera pudo participar en la clasificación tras su fuerte accidente en la sesión final de entrenamientos. Lance Stroll, con Aston Martin, tampoco tomó parte, lastrado por una penalización en parrilla por cambio de componentes de la unidad de potencia que hacía inútil cualquier esfuerzo en la Q1.

La afición española, que llenó las gradas de la capital con una asistencia prevista cercana a las 350.000 personas durante el fin de semana, apenas tuvo motivos para sonreír. Fernando Alonso saldrá 18º con el Aston Martin, atrapado en un coche que nunca encontró el ritmo ni la confianza en este laberinto urbano. Carlos Sainz, con Williams, terminó 17º en tiempos, pero arrancará último tras una sanción por obstaculizar al Cadillac de Valtteri Bottas.

Madrid se prepara ahora para una carrera en la que la posición en parrilla vale casi tanto como el ritmo de carrera. Norris ha hecho lo más difícil: domar un circuito nuevo, domar los nervios y domar al líder del campeonato con una vuelta de las que se recuerdan. Mañana sabrá si esa centésima que le separó de Antonelli es suficiente para resistir 66 puntos de presión a su espalda.