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Komatsu frena las prisas en Haas: enfocados en Bearman y Ocon

Ayao Komatsu no quiere titulares sobre fichajes. Los quiere sobre rendimiento. En medio de la peor racha del año, el jefe de equipo de Haas insiste en que no tiene ninguna urgencia por cerrar la alineación de pilotos del futuro. La prioridad, repite, es otra: exprimir al máximo a Ollie Bearman y Esteban Ocon con el material que tienen.

El contexto no invita precisamente a la calma. Haas arrancó la temporada como una de las sorpresas del paddock, con ese P5 de Bearman en el Gran Premio de China que disparó expectativas y sonrisas en el garaje. Parecía el inicio de una historia distinta para la escudería más pequeña de la parrilla.

Duró poco.

A medida que el año avanzó, el resto del pelotón medio aceleró en el túnel de viento y en la mesa de diseño. Haas, no. O no al mismo ritmo. El resultado es una caída sostenida en la clasificación y una racha ya de seis grandes premios sin sumar un solo punto. Un golpe duro en plena batalla con estructuras como Racing Bulls y Alpine, que han dado un salto claro respecto a 2025.

En paralelo, las preguntas sobre 2027 se multiplican. Ninguno de los dos asientos está confirmado y el mercado se mueve. En el paddock se da por hecho que Bearman tiene más opciones de seguir que Ocon. Nombres como Rafael Camara o Yuki Tsunoda aparecen en las quinielas, esperando un hueco, una llamada, una apuesta.

Komatsu, sin embargo, bajó la persiana a cualquier respuesta definitiva antes del Gran Premio de los Países Bajos, un fin de semana que terminó de la peor manera posible para el equipo: doble abandono y cero señales de reacción inmediata.

“Nosotros no tenemos ninguna prisa. Estamos centrados en nuestros dos pilotos, Ollie y Esteban, en intentar sacar lo mejor de ellos”, explicó el japonés. Ese es su mantra. Primero el rendimiento, luego las decisiones.

Porque el potencial, recuerda, está ahí. Bearman ya lo ha demostrado con actuaciones sólidas y esa quinta plaza en China que aún destaca en el resumen del año. Ocon, cuando se siente cómodo con el coche, también ha dejado claro de lo que es capaz. El problema es conseguir que eso ocurra de forma constante en un monoplaza que ha dejado de acompañar.

De momento, la tabla es cruel con el francés. Bearman suma 18 puntos por solo 3 de Ocon. Una diferencia que el propio británico ha relativizado en público, aludiendo a una “inconsistencia” entre las piezas que monta cada coche. Un matiz técnico que, en un equipo con recursos limitados, puede marcar la diferencia entre los puntos y el anonimato.

Komatsu no se esconde. Asume que Haas ha sufrido con el cambio de normativa y con la brutal velocidad de desarrollo de sus rivales directos. Habla de “el mayor cambio regulatorio de la historia” y recuerda que, siendo la estructura más pequeña, era casi inevitable sufrir en la carrera de evoluciones.

El arranque brillante, admite, fue casi por encima de las expectativas. A partir de ahí, llegó la realidad. Con restricciones claras en presupuesto, personal y capacidad de producción, cada mejora tarda más en llegar. Y mientras Haas intenta poner piezas nuevas en el VF-24, los demás ya están probando el siguiente paquete en el simulador.

Komatsu, eso sí, defiende con fuerza al grupo humano que tiene dentro del box. Insiste en que el trabajo es “fantástico”, que el equipo rema unido y que, para poder pelear con estructuras más grandes, todo tendría que salir perfecto. Cada fin de semana. Cada detalle. Algo que, como él mismo reconoce, es imposible exigir en la vida real.

De ahí su obsesión con el entorno. El japonés se marca como tarea ofrecer a sus ingenieros y a sus pilotos un marco mejor, más estable, donde puedan mostrar realmente su nivel. Nada de caza de brujas. Nada de señalar con el dedo. Habla de carácter en los momentos duros y de una cultura interna sin culpas, centrada en el diagnóstico: dónde falta carga aerodinámica, por qué la manejabilidad no es buena, qué sufre cada piloto al volante.

La hoja de ruta ya está trazada. Hay cambios en marcha, procesos que tardarán en dar frutos. Nuevas soluciones técnicas, ajustes en la forma de trabajar, pasos pequeños que, espera, se traduzcan en rendimiento real en pista. No será inmediato. Komatsu lo sabe y lo repite. Pero pide fe: en el equipo, en la cooperación interna, en la capacidad de levantarse como ya hicieron en las dos últimas temporadas.

Mientras tanto, el mercado observa. Los nombres se mueven, los representantes llaman, los rumores crecen. Haas, sin embargo, se aferra a su discurso: primero arreglar el coche, luego decidir quién lo conduce en 2027.

En una Fórmula 1 donde casi todos tienen prisa, Komatsu ha elegido ir a contracorriente. La cuestión es clara: ¿podrá Haas permitirse ese tiempo antes de que la próxima ola de evoluciones los termine de dejar atrás?