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Kiki Rice brilla en Toronto Tempo a pesar de las lesiones

La primera temporada de Toronto Tempo en la WNBA se ha convertido en un parte médico interminable. Isabelle Harrison se perdió el inicio de curso. Nyara Sabally y Temi Fagbenle han ido entrando y saliendo de la rotación. Aneesah Morrow apenas alcanzó a disputar siete partidos tras llegar en el cierre de mercado antes de caer con una lesión que puso fin a su temporada. Brittney Sykes solo ha podido jugar 17 encuentros. Kiki Rice desapareció casi por completo del calendario de junio y julio por un esguince de tobillo.

Demasiado lastre para un equipo que soñaba con pelear por los ‘playoffs’ en su debut y que ahora se mueve en otra carrera muy distinta: la del número uno del Draft 2027 de la WNBA. Un premio que, con nombres como JuJu Watkins, Madison Booker o Hannah Hidalgo en el horizonte, no suena precisamente mal en los despachos.

Para quienes están a pie de pista, la historia ha sido mucho más dura. Jugadoras, cuerpo técnico y afición han tenido que atravesar un verano áspero. Toronto solo ha ganado dos partidos entre julio y agosto. Uno, un golpe inesperado ante New York Liberty. El otro, un 82-79 frente a Portland Fire que puso fin a una racha de 12 derrotas consecutivas. Un respiro corto en medio de un calendario que no ha tenido piedad.

En ese contexto, el regreso de Kiki Rice hace aproximadamente un mes ha cambiado el tono del relato. No el del marcador, todavía esquivo, pero sí el de la esperanza. En una plantilla castigada por las bajas, la base se ha convertido en la luz larga que apunta a lo que puede ser este proyecto cuando la salud acompañe.

Agosto tiene nombre propio: Kiki Rice

El mes de Rice está siendo de jugadora grande. En agosto promedia 14 puntos con un 50% en tiros de campo, un 37,5% desde la línea de tres, 2,6 rebotes y 3,7 asistencias, con apenas 1,2 pérdidas por noche. Producción, eficiencia y control. Todo a la vez.

Encadena siete partidos consecutivos anotando al menos 10 puntos. En seis de ellos repartió como mínimo cuatro asistencias. En ninguno perdió más de dos balones. Para una novata en un equipo desestructurado por las lesiones, es una carta de presentación contundente.

Hace una semana, tras una derrota por nueve puntos ante Washington Mystics, Sandy Brondello no se anduvo con rodeos: definió a Rice como “jugadora franquicia”. El término pesa. Rice está jugando como si llevara años preparándose para él.

Su respuesta más reciente fue una actuación de carrera ante Seattle Storm: 24 puntos, su mejor marca, con un 50% en tiros de campo, un perfecto 11 de 11 desde la línea de tiros libres, además de 3 rebotes, 5 asistencias y 1 robo. Todo eso en una derrota, sí, pero con un contexto que explica el grado de dificultad: sin Sykes ni Marina Mabrey, Rice tuvo que dirigir el ataque, asumir emparejamientos defensivos complicados —incluida la misión de seguir a Flau’jae Johnson— y, aun así, terminar como máxima anotadora del partido.

Su impacto no se limita al perímetro. Acabó 5 de 9 en tiros de dos puntos frente a una zona pintada protegida por Dominique Malonga, Awa Fam y Ezi Magbegor. No es un detalle menor: penetrar, absorber contacto y finalizar contra ese tipo de tamaño interior dice mucho de su carácter y de su lectura.

Pocas victorias, mucha construcción

Es probable que el esfuerzo de Rice no se traduzca en demasiadas alegrías en el marcador en este tramo final. Y, paradójicamente, eso no es una mala noticia para el futuro de la franquicia: cuanto más alta sea la posición en el Draft 2027, más talento de élite podrá añadir Toronto a un núcleo que empieza a tomar forma.

Lo importante ahora es otra cosa. Rice está demostrando que puede ser el motor de un proyecto ganador. Lo hace en noches complicadas, sin red de seguridad, rodeada de ausencias. Lo hace cuando el equipo acumula golpes y la clasificación invita a bajar los brazos. No los baja.

Cuando Toronto recupere a Sykes y Mabrey, y sume una elección de lotería a un grupo en el que Rice ya ha reclamado espacio propio, el escenario cambiará de golpe. Con salud, continuidad y un talento generacional procedente del Draft, la pregunta dejará de ser cuánto sufre este equipo… para convertirse en cuánto tardará en irrumpir de verdad en la lucha por los ‘playoffs’.