logo

Katie Taylor se despide con victoria en Croke Park

Katie Taylor eligió el escenario, el rival y el final. Y no falló en ninguno.

Ante más de 80.000 personas en un Croke Park abarrotado y ensordecido por el ruido, la irlandesa firmó una victoria cómoda ante la francesa Flora Pili y cerró su carrera como siempre la imaginó: con los brazos en alto, en casa y como campeona indiscutida.

Los jueces lo dejaron claro: 100-90, 100-90 y 98-91. Sin dudas, sin debate. Primera derrota profesional para Pili, confirmación definitiva para Taylor.

Reina indiscutida… por tercera vez

Con este triunfo, Taylor recuperó los títulos indiscutidos del peso superligero y se convirtió en campeona indiscutida por tercera vez, repartidas en dos categorías. A sus cinturones de la IBF, WBA y WBO añadió el vacante del WBC y también el de la IBO que estaba en manos de su rival.

A los 40 años, en la que ya había anunciado como su última pelea, la dublinesa se movió con una ligereza que desmentía el calendario. Pies vivos, manos rápidas, lectura perfecta de la distancia. Pili, 29 años, solo consiguió inquietarla en un breve arreón en los asaltos finales. Nada que pusiera en peligro la noche ni el guion.

Taylor manejó los tiempos, dominó el centro del ring y fue acumulando asaltos con la misma frialdad con la que ha construido su carrera. Sin necesidad de buscar el nocaut, impuso su ritmo y su precisión hasta hacer inevitable la decisión unánime.

De hacerse pasar por chico a llenar Croke Park

El cierre encaja con la historia. De niña, Taylor tuvo que hacerse pasar por chico para poder boxear. Años después, fue pieza clave en la inclusión del boxeo femenino en los Juegos Olímpicos, donde coronó ese camino con el oro en Londres 2012.

Como profesional, unificó primero el peso ligero hasta convertirse en campeona indiscutida. Después subió al superligero, donde terminó vengando la única derrota de su carrera, aquella decisión en las tarjetas frente a Chantelle Cameron. El sábado, en Dublín, volvió a dejar el peso superligero completamente unificado.

No quedaba nada por conquistar. Solo el lugar.

Croke Park, el sueño cumplido

Durante años, Croke Park fue una obsesión. El gran estadio de su país, reservado casi siempre al deporte gaélico, no veía a un boxeador como cabeza de cartel desde Muhammad Ali en 1972. Taylor rompió esa espera de más de medio siglo y lo hizo a lo grande: llenándolo.

Tras el veredicto, tomó el micrófono y habló directamente a su gente. Recordó cómo la habían acompañado antes de Londres 2012, en la desilusión de Río 2016, en su salto al profesionalismo y en cada viaje: Manchester, Boston, Brooklyn, Manhattan. Ahora todos estaban allí, en el estadio que siempre soñó.

Miró alrededor, se tomó un segundo, subrayó algo que los números ya habían dejado claro: 80.000 personas para ver a una boxeadora. Una cifra que muy pocos países podrían imaginar. Irlanda sí.

Guantes en la lona, historia en pie

Cuando todo terminó, el público no se movió. No había prisa por irse. Taylor agradeció a su familia, a su equipo, a los suyos. Después dejó los guantes en el centro del ring, el gesto clásico de quien sabe que no hay vuelta atrás.

Se marcha como tres veces campeona indiscutida, en dos divisiones, con un oro olímpico y un impacto que va más allá de cualquier estadística. Para muchos, la mejor boxeadora de todos los tiempos. Para Irlanda, algo todavía más grande.

La luz del estadio se fue apagando poco a poco. El eco de la ovación, no.