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Katie Taylor se despide en Croke Park: la leyenda de una carrera única

La escena al sonar la campana final lo dijo todo. Flora Pili, 29 años, invicta hasta esta noche, no esperó al anuncio de las cartulinas. Cruzó el ring y abrazó a Katie Taylor como quien entiende, en carne propia, que acaba de formar parte de algo irrepetible.

Frente a ellas, 80.000 almas en Croke Park convertían la velada en un festival. El resultado aún no era oficial, pero el ambiente ya tenía tono de coronación. Todo apuntaba a lo mismo: Taylor, tres veces campeona indiscutida, poniendo el broche a una carrera única con otra actuación de mando absoluto.

El último asalto de una carrera irrepetible

En el décimo asalto, la ecuación era clara: Pili necesitaba el nocaut. Y lo buscó. Se plantó en el centro del ring, dispuesta a intercambiar. Pero Taylor no se movió ni un centímetro de su plan. Controló la distancia, eligió los golpes, apagó cualquier intento de rebelión.

Las “olés” comenzaron a rodar por las gradas como en una tarde grande de fútbol. Cada combinación de Taylor era respondida por un rugido. Una ráfaga más de golpes, una última andanada para bajar el telón de una carrera que se ha movido siempre entre la excelencia y la valentía. Después, solo quedaba esperar a las tarjetas.

De pie, todo el estadio. No solo por el combate, sino por la historia que se estaba cerrando delante de sus ojos. Era algo distinto. Se sentía.

Taylor manda, Pili resiste

En el tramo final, la jerarquía se impuso. En el noveno asalto, Pili cambió a guardia zurda buscando un ángulo nuevo, una rendija en la defensa de la irlandesa. No la encontró. Taylor, fría, calculadora, le negó cualquier ventaja. Le ganó el tiempo por dentro y le colocó un gancho de izquierda limpio, de manual. Otro asalto a su cuenta.

Antes, en el octavo, Pili había empezado a mostrar más. Más intención, más volumen, más riesgo. La pregunta flotaba en el aire: ¿demasiado tarde? Quiso intercambiar cuando Taylor soltaba manos, pero la diferencia de velocidad se notaba a simple vista. La local llegaba primero, salía antes, marcaba el ritmo. Dos asaltos para el final de la carrera de Taylor, y la sensación de que el desenlace deportivo estaba prácticamente escrito.

Desde la mesa de comentaristas, Skye Nicolson, campeona del mundo WBC del peso supergallo, ponía matices a la superioridad de Taylor al analizar uno de esos asaltos complicados de puntuar: fue el primer tramo en el que Pili encontró algo de éxito sostenido. Gustó su valentía, gustó su propuesta. Pero no alcanzaba para cambiar la narrativa general del combate.

El despertar de Pili… y la respuesta de una campeona

El séptimo asalto ofreció la mejor versión de Pili. Dio un paso al frente, literalmente. Entró sobre Taylor, castigó al cuerpo y conectó un gancho de izquierda enorme, el tipo de golpe que puede cambiar una pelea. Por primera vez en la noche, Taylor pareció algo acelerada, menos cómoda.

La respuesta fue la de una campeona que se niega a ceder terreno en su última función. Ajustó, endureció sus manos, respondió con golpes pesados, contundentes. No hubo derrumbe, ni dudas prolongadas. Solo un pequeño aviso y una contestación inmediata. Aquello, probablemente, fue el primer asalto que Pili se apuntó con claridad.

Hasta entonces, el guion había sido otro. En el sexto, el jab y la izquierda recta de Taylor habían hecho estragos. Castigó en línea recta, luego bajó al cuerpo y remató con un gancho de derecha. Variación, precisión, experiencia. Pili no encontraba respuestas. Le costaba seguir el ritmo de pies, el ángulo, la velocidad. Parecía no poder con el movimiento incesante de la irlandesa.

Una noche para la historia

Pili se va con la primera derrota de su carrera, sí. Pero también con algo que no se mide en estadísticas: la experiencia de haber compartido ring con una de las grandes figuras de la historia del boxeo femenino, ante 80.000 espectadores y en un escenario mítico.

Taylor, por su parte, se marcha como llegó: compitiendo al máximo nivel, mandando en la pelea, dejando claro por qué su nombre ya está escrito entre las leyendas. Sin drama, sin caer, sin apagarse. Simplemente, sabiendo cuándo cerrar el círculo.

En Croke Park, la fiesta comenzó incluso antes de que se leyeran las tarjetas. Y no era solo por una victoria más. Era por la sensación de haber asistido al último capítulo de una historia que, durante años, cambió el mapa del boxeo. La pregunta ya no es qué más puede ganar Katie Taylor.

La pregunta, ahora, es cuánto tardará el boxeo en ver otra como ella.