Katie Taylor se despide del boxeo en Croke Park
Katie Taylor se abre paso entre la multitud como lo ha hecho toda su vida en el ring: con calma, precisión y una serenidad que desarma. Es su última semana como boxeadora profesional y Dublín parece saberlo. La ciudad la acompaña con un sol de otoño que baña el histórico Trinity College, convertido por un día en escenario de despedida para la reina del deporte irlandés.
En el patio donde los turistas suelen levantar la vista hacia las viejas fachadas, hoy todas las miradas apuntan a la tarima de pesaje. Allí esperan Taylor y Flora Pili, su última rival, antes del combate indiscutido del peso superligero en un Croke Park abarrotado. Las 80.000 entradas volaron hace tiempo. Hasta el pesaje ceremonial se ha transformado en un evento de masas.
Taylor no falla en la báscula. Nunca lo ha hecho. Veintiséis peleas como profesional, ni un solo tropiezo con el peso. Esta vez no iba a ser diferente. Ella y Pili marcan justo por debajo del límite de 10 stone, 63,5 kilos. El dato es casi una formalidad. Lo importante está en el aire: la sensación de estar asistiendo al cierre de una era.
El contraste con el escenario resulta elocuente. Trinity College, fundado en 1592 por la reina Isabel I, prohibió a las mujeres estudiar allí hasta 1904. Más de un siglo después, una mujer que rompió techos de cristal dentro y fuera del cuadrilátero es el centro absoluto de atención. La vieja biblioteca guarda el célebre Book of Kells; en el exterior, la gente ha venido a buscar otra pieza de historia: la última semana de la carrera de Katie Taylor.
A sus 40 años, campeona indiscutida en dos divisiones, Taylor ha dejado claro que no echará de menos las obligaciones de la semana de pelea. Ni las ruedas de prensa, ni los focos, ni, mucho menos, el corte de peso. Pero hoy se permite algo distinto: saborear cada aplauso, cada grito, cada bandera al viento. Una última vez.
Frente a ella, Flora Pili se comporta como una invitada impecable. Educada, respetuosa, sin estridencias. Pero no ha viajado para hacer turismo. A sus 29 años, llega con un récord perfecto de 12 victorias y una oportunidad gigantesca entre las manos: arruinar la despedida soñada de una leyenda y catapultarse a la élite del boxeo mundial. Al subir a la báscula, se la ve segura, aunque también algo descolocada por la magnitud del escenario. Nunca ha vivido nada parecido.
Mientras unos violinistas interpretan la canción tradicional irlandesa “Óró, sé do bheatha 'bhaile”, el ambiente se electriza. Taylor aparece y el rugido es inmediato, profundo, casi tribal. Sonrisas, saludo, protocolo. Un apretón de manos con Pili. Todo impecable en la superficie, pero bajo esa calma se adivina el peso del momento.
En las grandes semanas de combate, Taylor suele blindar sus emociones. Esta vez no. En los últimos días ha dejado ver otra cara, más vulnerable, más humana. La presencia de su madre Bridgit, muy cerca de ella, lo acentúa. Por momentos se le quiebra la voz mientras lanza sus últimos mensajes ante el público que la ha acompañado desde el oro olímpico en 2012.
“Estoy muy emocionada. He estado diciendo toda la semana lo agradecida que estoy por esta oportunidad. He soñado con esto durante los últimos años y ahora está a solo un día. Falta solo un día para terminar mi carrera en mi escenario soñado, Croke Park”, dice ante la multitud tras el último cara a cara.
Mira alrededor, respira hondo y sigue. “Toda esta gente increíble está aquí hoy y estoy impresionada. No puedo esperar para subir al ring y quiero ofrecer una actuación digna de todo vuestro apoyo. Me habéis acompañado en los Juegos de Río, en los de Londres y durante toda mi carrera profesional. Gracias”.
El acto termina. Las obligaciones de la semana se agotan. Ambas boxeadoras pueden, por fin, respirar un poco más tranquilas y centrarse en lo único que cuenta: la pelea. La expectación, que ha ido creciendo día a día, explotará cuando hagan el camino hacia el ring alrededor de las 22:00 BST del sábado. El escenario es gigantesco, la carga emocional enorme, pero el objetivo sigue siendo el mismo de siempre: los cinturones.
Taylor lo deja claro una vez más: la nostalgia no la distrae. “Mi mente está muy centrada en la pelea”, insiste. “Tengo una rival dura delante, pero me he ganado una reputación por aceptar peleas difíciles. ¿Por qué tratar mi última pelea de forma diferente?”.
Croke Park se prepara para la fiesta. Ella también. “Mañana va a ser una celebración increíble. Estoy muy orgullosa de representar a este país tan increíble. Vamos una vez más”.
Una vez más. Y, esta vez, la última.






