Katie Taylor cierra una era en Croke Park
Cuando Katie Taylor cruce las cuerdas mañana por la noche en Croke Park, no solo estará cerrando una era del boxeo irlandés. En lo alto de la grada, en los asientos del Ard Chomhairle, un hombre estará viajando medio siglo atrás en el tiempo.
Paddy Doherty, de Ballyshannon, condado de Donegal, será uno de los 80.000 espectadores que llenarán el estadio. No es un invitado cualquiera. Es el último boxeador irlandés que peleó en Croke Park, aquella noche de julio de 1972 en la que Muhammad Ali llevó su leyenda a Dublín.
Taylor y su equipo quisieron que estuviera allí. Lo llamaron. Lo sentaron en un lugar de honor. Y, de paso, cerraron un círculo histórico que muy pocos pueden contar en primera persona.
Del cartel de Ali al homenaje a Taylor
Doherty apareció en el combate de fondo cuando Muhammad Ali se midió a Al "Blue" Lewis el 19 de julio de 1972, la única vez que “el más grande” peleó en Irlanda. Aquella noche, Ali resolvió el combate por detención en el undécimo asalto. Doherty, por su parte, no se quedó atrás: fulminó al galés Bobby Ruff en el segundo asalto.
El espectáculo de Ali reunió a 18.000 personas, una cifra que en su día parecía descomunal. Lo organizó Michael "Butty" Sugrue, un forzudo de circo convertido en empresario y promotor, nacido en Kerry, que se atrevió a llevar a la mayor estrella del boxeo mundial a la capital irlandesa en uno de los años más tensos de los Troubles. Ese mismo 1972, el Five Nations Championship se suspendió porque Escocia y Gales se negaron a viajar a Dublín. El rugby se paró. El boxeo, no.
Mañana, el boxeo profesional regresará por fin a Croke Park por primera vez desde aquella velada. Esta vez, no será Ali quien centre todas las miradas, sino Katie Taylor, multi–campeona mundial, en lo que se perfila como una despedida monumental. El estadio estará lleno hasta la bandera. Será la pelea con mayor asistencia de la historia del boxeo irlandés.
Y allí estará Paddy.
Una visita inesperada en Donegal
Doherty aún se ríe cuando recuerda el día en que supo que estaría en Croke Park para la gran noche de Taylor. No fue por carta oficial ni por un anuncio solemne. Fue por una escena doméstica, casi de pueblo.
“Brian Peters llamó para decir que estaba en Donegal... esa mañana, mi esposa dijo: ‘Katie Taylor acaba de pasar por delante de la casa’. No podía creerlo”, contó. Taylor llegó a su puerta junto a su mánager, Brian Peters, para invitarlo a él y a toda su familia a la velada.
Para un hombre que compartió cartel con Muhammad Ali, el gesto le tocó una fibra profunda. “Lo que ella ha hecho por el boxeo irlandés en todo el mundo es extraordinario. Y, además, es una auténtica dama”, dijo. “Invitaron a todos para el sábado por la noche. Fue una bonita sorpresa. Él me dijo: ‘Te veré en Croke Park’”.
Doherty espera que el espectáculo esté a la altura de lo que significa la carrera de Taylor. Y no se olvida de quien la ha acompañado desde la sombra: considera que el trabajo de Brian Peters en el boxeo ha sido “fantástico”.
Consejos de un veterano para la última batalla
Al otro lado del ring estará Flora Pili, francesa, 29 años, invicta. Un reto serio para cualquier campeona. No para Doherty, que confía en que la experiencia de Taylor marque la diferencia.
Si tiene la oportunidad de hablar con ella antes del combate, ya tiene claro qué le diría: “Si ella (Pili) sigue entrando, atála en nudos... deja que el árbitro las separe y vuelve a boxear”. Una instrucción sencilla, pura escuela de veterano. Amarrar, enfriar, pensar. Y después, dejar que hable el talento.
De Ballyshannon a Croke Park, pasando por Ali
La historia de Doherty empezó lejos de los focos. Un chico de 11 años en Ballyshannon, guantes prestados, sueños grandes. Subió por todas las categorías del boxeo amateur, acumulando títulos de Ulster e Irlanda desde juvenil hasta sénior.
En 1970 se colgó el bronce en los Juegos de la Commonwealth en Edimburgo. Pudo representar a Irlanda del Norte porque su padre había nacido en Fermanagh. En el peso superwélter amateur, se convirtió en un fijo de la selección irlandesa: 15 victorias, una sola derrota. Después dio el salto al profesionalismo y se mudó a Londres en 1971.
Su primer contacto con Muhammad Ali llegó ese mismo año, en octubre, cuando apareció en el cartel de una exhibición del campeón contra Johnny "Gypsy" Frankham en el Royal Albert Hall. Un año después, el destino lo llevó a compartir escenario con Ali de nuevo, esta vez en Croke Park.
Doherty recuerda el pesaje en el Gresham Hotel. Recuerda el murmullo contenido antes de que apareciera Ali. Recuerda la electricidad en el aire. Y recuerda un gesto que no se le ha borrado en más de cinco décadas: “Me dio un golpecito en la cabeza al entrar al ring en Croke Park”.
Después, el caos. “La mayoría del público saltó la valla y entró al ring. Ni la seguridad ni los guardas podían contenerlos, solo querían acercarse a Ali”. Aquella noche, el ring fue más escenario que cuadrilátero. Ali, más mito que hombre.
Doherty dejó el boxeo en la veintena, obligado por una lesión. Pero su nombre quedó ligado para siempre a la única aparición de Ali en Irlanda y, desde mañana, también al regreso del boxeo profesional a Croke Park.
Un legado que no admite comparación
Para él, lo que está a punto de vivir Irlanda con Katie Taylor no se repetirá. No lo dice por cortesía. Lo dice con la autoridad de quien ha visto pasar generaciones de púgiles y ha compartido velada con el mayor icono del deporte.
“Estaré allí mañana por la noche por Katie Taylor; es tan tranquila y agradable... una chica sencilla”, afirma. Y remata con una frase que suena a veredicto definitivo: “Lo que ha hecho por el boxeo no se volverá a hacer jamás”.
Ali encendió la chispa en 1972. Taylor la lleva al límite en 2024. Paddy Doherty, sentado en las alturas de Croke Park, será el puente vivo entre esas dos noches que ya pertenecen a la historia.






