logo

Karolína Muchová y Jakub Menšík ganan el título de dobles mixtos en el US Open

El gran espectáculo, para muchos, ya se había vivido el martes: el regreso de Serena Williams tras cuatro años fuera del circuito y la vuelta de Carlos Alcaraz después de cuatro meses parado por una lesión de muñeca. Pero cuando ellos se marcharon en cuartos, el torneo dejó de ser un homenaje a las leyendas y volvió a ser lo que siempre es: una competición con un millón de dólares en juego y un título de Grand Slam en la vitrina.

La verdadera función estelar llegó el miércoles por la noche, bajo los focos de Arthur Ashe Stadium. Allí, Karolína Muchová y Jakub Menšík aprovecharon el escenario grande y el formato corto para coronarse campeones de dobles mixtos del US Open, derrotando a Belinda Bencic y Flavio Cobolli por 6-3, 1-6 y 10-6 en el superdesempate.

Un torneo exprés, un título gigante

El triunfo del dúo checo cerró una edición que rompió la tendencia reciente: esta vez mandaron los singlistas, no los especialistas en dobles. Muchová y Menšík llegaron al título tras sobrevivir a un thriller en semifinales ante Mirra Andreeva y Andrey Rublev, resuelto 5-4 (8-6), 3-5 (11-9), mientras que Bencic y Cobolli habían dejado fuera a Elina Svitolina y Gael Monfils por 4-5 (7-9), 4-1 (10-5), en otra batalla de más de una hora.

Todo comprimido. Todo al límite. Sets a cuatro juegos hasta la final, sin ventaja, supertiebreak a 10 puntos. Un formato que ha generado debate desde que el torneo lo reimaginó el año pasado para seducir a las grandes figuras del cuadro individual.

Muchová, que no jugaba un partido oficial desde la final de Wimbledon en junio, lo resumió sin rodeos: el torneo se le pasó volando. No esperaba irse con el trofeo, pero se fue con él y con un cheque que multiplica por cinco el premio anterior de la prueba.

Un experimento bajo la lupa

El cambio de formato no ha sido un paseo. La organización movió la competición a la semana previa al inicio del cuadro individual, elevó el premio de los campeones de 200.000 a 1 millón de dólares y, al mismo tiempo, redujo el cuadro a 16 parejas. El resultado fue una oleada de críticas de los especialistas en dobles, muchos de ellos directamente excluidos.

El título de 2025 fue para dos doblistas puros, Sara Errani y Andrea Vavassori, pero la discusión siguió: con sets cortos, sin ventajas y superdesempates, ¿se puede hablar de un título de Grand Slam con la misma categoría que los anteriores?

Este año, el torneo intentó corregir el rumbo. Se añadió una fase previa de ocho parejas para abrir la puerta a más especialistas y se construyó un cuadro atractivo, rematado por el regreso de Serena Williams a Nueva York por primera vez desde aquel 2022 que parecía su despedida definitiva.

El magnetismo de los nombres funcionó. Aunque el guion se rompió pronto. Novak Djokovic, Aryna Sabalenka, Felix Auger-Aliassime, Alex Eala… todos fuera en primera ronda. También las cuatro parejas formadas por especialistas, eliminadas antes de los cuartos de final. El experimento se quedó sin sus caras más mediáticas y sin sus guardianes del formato tradicional.

Lo que quedó en pie fue otra cosa: entretenimiento puro.

Risas, colores y una pareja de casa

Las semifinales del miércoles demostraron por qué este formato, tan comprimido, engancha. No hubo exhibiciones de técnica de dobles de manual, pero sí una sensación constante de que cualquier punto podía cambiarlo todo.

Belinda Bencic lo resumió a su manera cuando le preguntaron cómo pensaba matar el tiempo antes de la final: “cerveza”, respondió, entre risas, descolocando a Cobolli. Muchová y Menšík, por su parte, se presentaron con equipaciones coordinadas en rosa y granate. Cuando ella le propuso la idea, él tuvo que preguntar qué era exactamente el color granate.

Andreeva tiró de humor confesando que de pequeña había tenido un “crush” con Rublev, nueve años mayor. Y al otro lado del cuadro, Svitolina y Monfils, casados desde 2021 y padres de una niña de tres años, se estrenaban como pareja de dobles por primera vez en un torneo. Dos veteranos del circuito, ninguno de los cuales había pasado nunca de semifinales en un grande, encontrando una nueva forma de compartir pista en el tramo final de la carrera de Monfils, actualmente 307 del mundo y con una invitación para el cuadro individual antes de su retirada a final de temporada.

La carrera de Svitolina y Monfils se detuvo en semifinales, pero dejó huella en la noche de Ashe. Ganaron un primer set igualadísimo en el desempate, imponiéndose con largos intercambios desde el fondo y sacando partido de cada turno de servicio. Con 7-7 en el tie-break, un revés de Bencic golpeó a un Cobolli fuera de posición y, justo después, una doble falta del italiano entregó el set.

Cobolli se quedó atrapado en su propia frustración en el arranque del segundo parcial. Doble falta en su primer punto al saque. Pero ahí cambió la historia. Salvó triple punto de break en un juego que se convirtió en el punto de inflexión de sus opciones al título. Desde entonces, él y Bencic aceleraron: primer break del partido en el tercer juego, remontando de nuevo desde 0-40, y un segundo break sin resistencia sobre el servicio de Monfils dos juegos más tarde para asegurar el set.

Cuando el partido superó la hora, la gasolina de Svitolina y Monfils se agotó. Ni siquiera el rugido del público, el más fuerte de la noche, les devolvió a la batalla. Bencic y Cobolli ganaron 21 de los últimos 26 puntos y se metieron en la final con autoridad.

El otro lado del cuadro: puro filo

La segunda semifinal fue todavía más ajustada. Menšík, 1,96 de agresividad en la red, y Muchová, afinada al resto, se adueñaron del primer set en un desempate resuelto 8-6 gracias a una volea de revés, elegante y precisa, de la checa.

Andreeva y Rublev respondieron en el segundo parcial, encontrando ángulos imposibles, castigando por las líneas y obligando a los checos a pelear cada punto. El superdesempate final fue un tira y afloja constante, con los cuatro jugadores rozando la victoria.

Cuando parecía que el partido se les escapaba, Muchová y Menšík levantaron dos puntos de partido apoyados en el saque potente del joven checo y encadenaron los últimos cuatro puntos del duelo. Un golpe directo a las esperanzas de la pareja rusa y una clasificación a la final que les dejaba apenas 17 minutos de margen antes de volver a la pista.

Una final a medianoche

El calendario no les dio respiro. Apenas un cuarto de hora para respirar, cambiarse y regresar a la inmensidad de Ashe para disputar una final que terminaría cerca de la medianoche.

Al principio, el cansancio no se notó. Muchová y Menšík se llevaron el primer set con ocho golpes ganadores y cuatro aces del checo. Pero Bencic y Cobolli ya habían demostrado antes que sabían surfear los vaivenes de este formato. Volvieron a hacerlo.

En el segundo set, rompieron el saque de una Muchová titubeante para colocarse 4-1. La suiza mandó con su derecha cruzada y, en el séptimo juego, otra derecha cruzada de Bencic envió el partido al superdesempate.

El título se decidió en diez puntos, como mandan ahora las normas. Muchová y Menšík apretaron en sus últimos turnos de saque, mientras que Bencic y Cobolli encadenaron tres errores en cuatro puntos, todos a la red. Con triple punto de campeonato, Menšík colocó su séptimo ace de la noche y cerró la final.

El estadio ya no estaba lleno. La multitud que había abarrotado Ashe en las semifinales del miércoles y en la exhibición del martes, con homenaje a Roger Federer y presencia de Andy Roddick, John McEnroe, Andre Agassi y el propio veinte veces campeón de grandes, se había ido desgranando con el paso de las horas. Pero el mensaje estaba claro: el US Open ya se comporta como un evento de tres semanas.

Para Muchová y Menšík, sin embargo, el dobles mixto nunca fue el objetivo principal.

Un prólogo para el cuadro individual

Durante todo el torneo insistieron en lo mismo: su prioridad es el cuadro individual. Muchová, número 6 del mundo, ya sabe lo que es jugar dos finales de Grand Slam y alcanzar las semifinales en Nueva York. Menšík vive la mejor temporada de su carrera y busca, por primera vez, superar la tercera ronda en el US Open.

El domingo arranca el cuadro de singles. El camino hacia otro título en Ashe será mucho más empinado, con partidos a cinco sets, rivales frescos y una presión distinta. Pero se marchan del dobles mixto con algo que no se compra: sensaciones, rodaje, confianza.

Menšík, debutante absoluto en esta disciplina, lo explicó con la naturalidad de quien acaba de descubrir un nuevo juego dentro del mismo deporte. El dobles mixto es otra cosa. Distinto al individual, sí, pero perfecto para probar variantes, para arriesgar en la red, para soltar el brazo al resto sin tanto miedo.

Esta semana les ha dado un trofeo, un cheque enorme y un impulso evidente. Falta por ver si ese impulso alcanza para volver a levantar los brazos en Arthur Ashe Stadium cuando el escenario ya no sea un experimento, sino el corazón puro y duro del US Open.

Karolína Muchová y Jakub Menšík ganan el título de dobles mixtos en el US Open