Karen Duggan critica el anuncio de Sydney Sweeney
Karen Duggan, exinternacional con la República de Irlanda, mira el revuelo por el anuncio de Sydney Sweeney y ve algo distinto a un simple escándalo viral. Ve una oportunidad. Un cambio de guion.
El spot de la casa de apuestas estadounidense Novig, con la actriz prácticamente desnuda y cubierta de material deportivo, encendió la mecha. No solo indignó a parte del público, sino, sobre todo, a las propias deportistas. Y ahí, para Duggan, está el verdadero giro de la historia.
Un anuncio “tonto” que tocó un nervio
“En cierto modo, estamos casi sobrecomplicando esto como anuncio deportivo. Me parece una tontería”, dijo en RTÉ Radio 1. Directa. Sin rodeos.
Duggan ve en la pieza un recurso viejo, gastado: mujer atractiva, imaginería deportiva, un toque de polémica y un producto que vender. Nada que ver, sostiene, con la vida real de una atleta. Nada que ver con la disciplina, el sacrificio, la competitividad y la exigencia física que marcan la carrera de cualquier deportista de élite.
Su crítica más dura va a la raíz del proceso creativo: no percibe mujeres en la conversación. No se reconoce ni como mujer “normal” ni como exfutbolista en lo que el anuncio proyecta. No ve intención de entender qué significa realmente ser deportista profesional.
“Es un anuncio tonto. Es tan anticuado”, insiste. Pero ahí aparece el matiz clave: “La respuesta me ha parecido realmente interesante”.
De la polémica al altavoz de las atletas
La reacción fue inmediata. La nadadora australiana Ariarne Titmus, la gimnasta estadounidense Gracie Kramer o la velocista inglesa Amy Hunt levantaron la voz. No fue un murmullo. Fue un coro.
Hunt, en pleno pico de su carrera tras conquistar cuatro oros en el World Athletics Ultimate Championship en Budapest, aprovechó su momento. Miró al foco mediático y lo redirigió. A Sweeney le lanzó un mensaje claro: “Así es como se ve la mujer en el deporte”.
En televisión, en el programa Good Morning Britain, la británica profundizó: si se quiere ofrecer referentes a niñas y adolescentes, el énfasis debe estar en lo que el cuerpo puede hacer, no en cómo se ve. Los datos que maneja son demoledores: un 64% de las chicas abandona el deporte o el ejercicio antes de los 16 años. Con ese panorama, cualquier barrera extra —estética, de presión, de inseguridad— es un lujo que el deporte femenino no puede permitirse.
Hunt lo reduce a una idea sencilla: empoderar. Que las jóvenes se sientan con derecho a salir, moverse, competir o simplemente correr en el parque con amigas sin preocuparse por su aspecto o su ropa.
Un algoritmo que cambia de objetivo
Duggan, desde su propia experiencia como consumidora, percibe un cambio curioso. Su feed ya no se llena del anuncio de Sydney Sweeney. En su lugar, aparecen atletas como la propia Amy Hunt, usando la zona mixta o las redes para celebrar no solo sus victorias, sino también a sus rivales. Deportistas que se reconocen entre sí, que visibilizan esfuerzo y respeto.
Para la irlandesa, ahí está el verdadero valor de la polémica: ha “girado el guion de forma positiva”. El ruido del anuncio se irá apagando, cree. Lo que espera que permanezca es este impulso colectivo por mostrar el deporte femenino tal y como es: duro, competitivo, exigente y, sobre todo, real.
También apunta a quién iba dirigido el spot: un perfil muy concreto de hombre que consume deporte desde el móvil, desde las apuestas, sin pisar estadios ni apreciar de verdad a quienes compiten. Un público limitado, de nicho, al que Novig decide hablar. Es su elección. Pero no es, ni de lejos, todo el ecosistema deportivo.
Un mensaje nítido para las marcas
Duggan lanza un aviso a la industria publicitaria. Lo hace sin estridencias, pero con firmeza. No quiere que una campaña marque la conversación sobre las mujeres. Quiere que sean las propias deportistas quienes tomen la palabra, que usen sus plataformas para celebrar fuerza, atletismo, humor y autenticidad. Mujeres reales.
Confía en que otras compañías estén tomando nota de la reacción “visceral” de atletas y aficionadas. Que entiendan de una vez qué quieren ver ellas: mujeres fuertes, poderosas, protagonistas de su propia narrativa.
La comparación que traza es contundente. Ante un anuncio de apuestas con Sydney Sweeney, o una campaña de Nike con Amy Hunt, su elección es clara. Reaccionaría mucho más, dice, a ver a Hunt, con su historia y su rendimiento, que a la imagen prefabricada de una actriz en un contexto que no representa al deporte.
La pregunta, ahora, queda del lado de las marcas: ¿van a seguir apostando por fórmulas caducas o se atreverán a poner en el centro a las deportistas que ya han demostrado, dentro y fuera de la pista, que pueden sostener por sí solas cualquier campaña?






