José Mourinho vuelve a la Champions League con el Real Madrid
José Mourinho vuelve a casa. O, al menos, a una de ellas.
Después de tres victorias en cuatro jornadas de LaLiga, el Real Madrid abre esta noche su camino en la Champions League frente al Inter de Milan, y el foco inevitablemente se posa sobre el banquillo local. El portugués regresa al torneo que más le ha marcado en su carrera y lo hace en su segunda etapa en el club blanco, con una cuenta pendiente que lleva más de una década abierta.
La herida que nunca cerró
La historia de Mourinho y la Champions con el Real Madrid es la de un proyecto que rozó la gloria sin llegar a tocarla. Tres temporadas, tres semifinales, ningún título. Un balance que duele todavía en Chamartín, sobre todo porque los números fríos cuentan algo muy distinto a la sensación de fracaso.
En 36 partidos de Champions al mando del Real Madrid, Mourinho firmó 24 victorias, siete empates y solo cinco derrotas. Sus equipos marcaron con una facilidad demoledora, con Cristiano Ronaldo como estandarte, y mantuvieron 16 veces la portería a cero. Cifras de campeón. Finales de campeón. Pero el trofeo nunca subió al avión de regreso a Madrid.
Mourinho sabe lo que es ganar la Champions. La levantó dos veces, con Porto y con Inter. Nunca con el Real Madrid. Ahí está la espina.
Tres semifinales, tres golpes
El relato europeo de aquel Madrid fue una escalera ascendente que se rompía siempre en el mismo peldaño.
En su primera temporada, el equipo se mostró sólido, reconocible, incómodo para cualquiera. Solo perdió una vez en el Santiago Bernabéu, precisamente ante el Barcelona, en una de esas noches que marcaron la rivalidad de la época. Aun así, el techo volvió a ser la semifinal.
La segunda campaña fue, en muchos sentidos, el punto más alto del proyecto. Diez victorias en doce partidos. Un equipo lanzado, voraz, que parecía destinado a regresar a una final de Europa. Hasta que apareció el Bayern Munich y, con él, una de las tandas de penaltis más crueles que se recuerdan en la historia reciente del club. Cristiano y Kaká fallaron desde los once metros. La puerta se cerró de golpe.
En la tercera y última temporada, el desgaste ya se dejaba ver. El equipo siguió compitiendo, pero sin la misma chispa. Los números bajaron, la sensación de inevitabilidad desapareció y, de nuevo, la aventura terminó en semifinales. Mismo punto de caída, diferente forma de caer.
El legado invisible
Para el club, aquellas eliminaciones fueron un golpe. Pero con el tiempo, muchos dentro y fuera del Bernabéu coinciden en que Mourinho dejó algo más que estadísticas y polémicas. Dejó un equipo acostumbrado a competir al máximo nivel europeo, un vestuario que perdió el miedo a la Champions y una estructura que, poco después, explotaría definitivamente.
Tras su salida, el Real Madrid ganó cuatro Champions en cinco años. No hay medallas para el que prepara el terreno, pero la huella de Mourinho en esa transformación es difícil de ignorar.
Ahora, el portugués vuelve al mismo escenario con una misión clara: terminar el trabajo que comenzó entonces.
Un estreno con carga emocional
El destino ha querido que su primer partido de esta nueva etapa en la Champions sea precisamente contra el Inter de Milan, el club con el que firmó el triplete histórico en 2010. Aquella temporada lo cambió todo para él y para el Inter. Hoy, el contexto es otro, pero la carga simbólica sigue ahí.
El Inter llega como un rival que ya ha demostrado su nivel en la élite europea. No es un simple invitado. Y eso convierte el estreno de Mourinho en algo más que un partido de fase de grupos: es una declaración de intenciones obligada.
Después de tantos “casi” con el Real Madrid en Europa, Mourinho sabe que no puede permitirse un inicio tibio. Necesita una victoria, un mensaje, una noche que recuerde al continente que sigue siendo uno de los grandes especialistas del torneo.
La pregunta ya no es si tiene cuentas pendientes con la Champions. La pregunta es si esta vez, por fin, podrá saldarlas vestido de blanco.






