Jimmy Butler y el debate sobre su número 22 en Miami
En Miami se hablaba de Giannis Antetokounmpo, de una nueva era, de futuro. Pero bastó una lista sobre retiros de camisetas para que un viejo nombre volviera a encender la conversación: Jimmy Butler.
El debate arrancó cuando The Athletic publicó un ranking de jugadores candidatos a ver su número colgado en lo más alto de los pabellones, desde los “casos seguros” hasta los “héroes locales”. Entre los que, según el medio, acabarán con su camiseta en el techo, aparecía Butler. Nada de dudas: lo colocaban en el grupo de los que, tarde o temprano, tendrán su número retirado.
Las redes hicieron el resto. Choque frontal entre memoria y resentimiento.
La versión del Heat: “22 no va a los rafters”
El baño de realidad llegó desde dentro de la órbita de la franquicia. Ethan Skolnick, de Five Reasons Sports, enfrió el entusiasmo con un mensaje contundente en X: el Miami Heat no tiene intención alguna de retirar el 22 de Butler.
“Esto no es opinión/preferencia. Es un hecho”, escribió Skolnick. “Mientras la mayoría de la actual directiva del Heat siga en su puesto, el 22 no se va a retirar. Y la directiva del Heat nunca cambia. El 13 estará en los rafters (y no por Marino esta vez). El 6 también. Habría sido antes si hubiera vuelto”.
Ahí está el contraste. Para The Athletic, Butler es legado. Para el despacho de Pat Riley, de momento, es pasado.
Skolnick fue más allá: el 13 de Bam Adebayo está destinado a convertirse en parte del imaginario eterno del Heat. Lo mismo con el 6 de LeBron James, aunque el alero tendrá que esperar un poco más tras elegir firmar con los Philadelphia 76ers en la última agencia libre, rechazando un hipotético regreso a South Beach. Un detalle que en Miami no se olvida.
Un final amargo con sabor a ruptura
En el caso de Butler, el cierre fue algo más que un simple adiós. Fue un divorcio. Las cosas terminaron “horriblemente”, hasta el punto de que, según los reportes, Pat Riley llegó a emocionarse hasta las lágrimas mientras se consumían las últimas semanas de Butler en la franquicia a comienzos de 2025.
Ese desenlace pesa. Y mucho.
Porque, si se mira solo lo deportivo, Butler encarnó el espíritu competitivo del Heat. Lideró a Miami a dos Finales de la NBA, se dejó el alma en series imposibles y firmó actuaciones que definieron una era.
El recuerdo que se niega a bajar la cabeza
Hoy el 22 no le pertenece a Butler. Lo lleva Andrew Wiggins. Y ahí se abre otro ángulo: si Wiggins encaja a la perfección junto a Giannis Antetokounmpo y el Heat encadena títulos en esta nueva etapa, el debate puede girar por completo. La discusión ya no sería si el 22 es de Butler, sino si el 22 terminará asociado a Wiggins.
Mientras tanto, la afición se parte en dos. Un sector no quiere ni oír su nombre. Más de 20 meses después de la ruptura, todavía hay heridas abiertas y un rechazo visceral a cualquier homenaje. Otro grupo prefiere mirar lo que pasó dentro de la cancha.
Anthony Aguirre, de Heat Roundtable, rescató los momentos que marcaron la relación entre Butler y Miami. Volvió a la burbuja, a las Finales contra Los Angeles Lakers. El título se escapó en seis partidos, pero Butler dejó imágenes que se grabaron a fuego.
En el Juego 3, un triple-doble de 40 puntos, 11 rebotes, 13 asistencias, dos robos y dos tapones. En el Juego 5, otro triple-doble: 35 puntos, 12 rebotes, 11 asistencias, cinco robos y un tapón. Y aquella foto icónica: Butler desplomado sobre las vallas junto a la canasta, exhausto, respirando hondo, el cuerpo diciendo basta mientras el carácter pedía seguir.
Para muchos, esa imagen es Miami Heat. Entrega absoluta, sin guardarse nada.
¿Perdón, legado… o punto final?
Hoy, la postura de la franquicia es clara: el 22 de Jimmy Butler no va al techo del Kaseya Center mientras la actual directiva siga al mando. No hay matices en el mensaje.
Pero el tiempo en la NBA tiene memoria selectiva. Suele limar rencores y dejar a la vista lo esencial: victorias, noches históricas, series inolvidables. Lo que hoy suena a “nunca”, mañana puede transformarse en un video homenaje, una ovación cerrada y una camiseta subiendo lentamente hacia los rafters.
La pregunta es si Miami, algún día, querrá recordar a Butler por cómo terminó la historia… o por todo lo que fue capaz de hacer mientras la escribía.






