Jamal Murray y su rol crucial en los Nuggets
La ventana de título de Denver no se ha cerrado, pero ya cruje. Nikola Jokic sigue en la cúspide, aunque cada temporada se siente un poco más cara, un poco más urgente. Si los Nuggets quieren exprimir al máximo los últimos años prime de su estrella, la respuesta vuelve a ser la misma de siempre: Jamal Murray.
La 2026-27 se perfila como la temporada del salto definitivo. O del estancamiento. No hay mucho término medio.
Un ataque que necesita más tiros… y mejor repartidos
Denver descubrió un problema incómodo en 2025-26: no tiró lo suficiente. Apenas 87,8 lanzamientos de campo por partido, el 26.º registro de la liga. Paradójico para un equipo que fue segundo en porcentaje de campo (49,6%) y primero en triples (39,6%). Cuando tiraban, castigaban. Pero tiraban poco.
Ahí entra Murray.
El guardia canadiense es el encargado de cambiar la dieta ofensiva sin romper el ecosistema que Jokic domina. Las proyecciones por 36 minutos para 2026-27, trasladadas a sus habituales 35,4 minutos por noche, dibujan a un Murray todavía protagonista, aunque con un matiz clave: ya no será el único foco anotador exterior.
La llegada de DeMar DeRozan, uno de los anotadores más fiables de la liga y con un promedio de 21,1 puntos en su carrera, obliga a Murray a ceder algo de volumen. De su tope de 25,4 puntos por partido, con 18,1 tiros de campo, las proyecciones lo bajan a 23,7 puntos con 17,5 lanzamientos.
Es un paso atrás en cantidad, no en jerarquía. Sigue siendo una cifra de estrella. Y, sobre todo, encaja mejor con un equipo que ahora suma otro generador de puntos desde el perímetro.
Menos brillo anotador, más impacto total
Lo más interesante de las proyecciones no está solo en cuántos puntos anote, sino en todo lo demás que empieza a empujar su candidatura a All-NBA.
En el rebote, Murray apunta a 4,3 capturas por noche, el segundo mejor registro de su carrera. En tapones, 0,5, también el segundo más alto proyectado. Son números discretos si se miran aislados, pero hablan de un guardia más físico, más presente atrás, más dispuesto a completar el cuadro.
En las líneas de pase, el salto es aún más claro: 1,1 robos por partido, de nuevo acercándose a sus mejores años como ladrón en el punto de ataque. Un Murray activo en defensa cambia la cara de Denver, que ha sufrido cuando su backcourt ha sido demasiado blando.
Y todo eso sin perder la eficiencia que lo catapultó al All-NBA Third Team en 2025-26.
Las proyecciones lo colocan en un 42,1% desde el triple, el tercer mejor porcentaje de su carrera, y un 47,9% en tiros de campo totales, también el tercer mejor dato estimado. En un equipo que ya lidera la NBA en porcentaje de tres, mantener a un escolta con ese nivel de precisión es oro puro para Jokic.
El cerebro secundario que Jokic necesitaba
Denver ha vivido demasiado tiempo con una verdad incómoda: cuando Jokic no dirige, el ataque se vuelve previsible. El serbio ha cargado con la creación de juego hasta un punto que facilita el trabajo de las defensas rivales en playoffs. Sabes dónde empieza todo. Sabes a quién hay que cortar.
Murray está llamado a romper ese patrón.
Las proyecciones lo sitúan en 6,7 asistencias por partido, la segunda mejor marca de su carrera. Viene de repartir 7,1 en 2025-26, así que no es un salto imaginario, sino la consolidación de una evolución: de simple anotador explosivo a verdadero organizador.
Si DeRozan, Aaron Gordon, Cam Johnson y Christian Braun castigan con regularidad las ventajas que genera, no es descabellado pensar que Murray pueda incluso superar ese tope de 7,1 pases de canasta. Jokic seguirá siendo el eje, pero el canadiense se perfila como el motor alternativo que convierte a Denver en un ataque menos predecible, más difícil de descifrar.
La importancia de ese rol aumenta al mirar el banquillo. Tyus Jones llega tras una temporada de solo 2,4 asistencias por partido, muy lejos de las 7,3 que firmó con Washington Wizards en 2023-24. Tiene el talento y el historial para dirigir, pero necesitará tiempo para aclimatarse al sistema de los Nuggets.
Mientras tanto, el peso creativo recae, otra vez, en Murray.
El viejo fantasma: las pérdidas
Todo este volumen, toda esta responsabilidad, tiene un precio. Y Murray lo conoce bien.
Su gran mancha estadística sigue siendo la misma: las pérdidas de balón. Nueve años de carrera y el problema no ha desaparecido. De hecho, ha crecido a medida que ha subido su estatus en la liga.
Las proyecciones lo empujan a un máximo de carrera: 2,3 pérdidas por partido. Muy por encima del promedio de los bases de la liga, fijado en 1,7. Sería la tercera vez en nueve temporadas que firma un tope personal en este apartado.
No es difícil entender por qué. Murray actúa como anotador primario en muchos tramos, como motor ofensivo cuando Jokic se sienta y como creador secundario cuando comparten pista. Alto uso, alta exposición al error.
La gran incógnita es si la presencia de Tyus Jones puede aliviar esa carga. Si el base suplente se acerca a la versión que tuvo en Washington, Murray podría respirar más, elegir mejor sus momentos y, con ello, recortar esas pérdidas que hoy amenazan su candidatura a la élite absoluta.
¿All-NBA otra vez… o el gran “y si…” de la era Jokic?
La pregunta que sobrevuela Denver es sencilla, pero decisiva: ¿puede Jamal Murray volver a ser All-NBA al final de la 2026-27?
Los números proyectados dicen que sí. La eficiencia se mantiene, el impacto defensivo sube, la dirección de juego se consolida. Incluso con un ligero descenso en anotación por la llegada de DeRozan, su perfil sigue siendo el de una estrella total, no solo el de un ejecutor al lado de Jokic.
La respuesta, sin embargo, no se jugará en sus puntos ni en sus porcentajes. Se jugará en sus manos. En cuántos balones pierda en los momentos calientes. En su capacidad para cuidar la posesión cuando el margen es mínimo y el reloj aprieta.
Si consigue domar ese fantasma y liderar, junto a Jokic, a unos Nuggets rodeados de nuevos contendientes, Denver seguirá dentro de la ventana del título. Si no, la era Jokic corre el riesgo de quedarse marcada por una pregunta incómoda:
¿Tuvieron realmente el socio perfecto para su mejor jugador… o se quedaron a una versión más madura de Jamal Murray de pelear por todo cada año?






