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Jake Lehmann sostiene a Hampshire y frustra a Nottinghamshire

Jake Lehmann convirtió un día que apuntaba a dominio absoluto de Nottinghamshire en una larga lección de resistencia. Su 115* no solo fue la mejor entrada de la jornada en Trent Bridge; fue el ancla que mantuvo a Hampshire a flote en un partido que amenazaba con escapársele muy pronto.

Al cierre del segundo día, Hampshire se quedó en 267-7, aún 110 carreras por detrás de los 377 de Notts, pero muy vivo gracias a su bateador australiano, que juega con pasaporte británico y ya suma 922 carreras en la máxima división, la segunda mejor marca conjunta del campeonato.

Un centenar con sello familiar

El apellido Lehmann pesa, y en Nottingham se notó. Con un juego de pies inventivo, que recordó inevitablemente a su padre Darren, Jake tomó el control de la respuesta de Hampshire en cuanto pisó el crease. Atacó desde el principio, marcó el tono y no se dejó encerrar.

Llegó al almuerzo con 33 en apenas 29 bolas, con Hampshire en 114-3, y desde ahí se convirtió en el eje sobre el que giró todo. Su centenar llegó de 160 entregas, una entrada paciente pero siempre proactiva, que nunca permitió que los lanzadores de Notts se sintieran cómodos del todo.

Terminó el día a solo una carrera de igualar su mejor marca en este país, los 116 que firmó en 2016 con Yorkshire, el antiguo condado de su padre. El detalle no cambia el fondo: fue una actuación de categoría en un equipo que, hasta ahora, ha promediado solo 24,50 carreras por wicket, peor registro que solo supera Lancashire.

El falso amanecer de Notts

Nottinghamshire creyó tener la jornada bajo control desde la primera bola. Olly Stone abrió el día con un misil: recto, rápido, implacable. Felix Organ defendió y apenas rozó la pelota; el desvío bastó para que cayera atrapado detrás por solo seis. Hampshire, de 12-1, parecía a merced.

Durante 18 overs, la respuesta visitante avanzó sin sobresaltos. Luego, en apenas cuatro bolas, el guion saltó por los aires. Primero, Toby Albert (31) jugó por fuera de una bola llena y terminó lbw. El golpe llegó desde el segundo over de Tom Giles, cuarto seamer de Notts y apenas en su segundo partido.

Casi de inmediato, Dillon Pennington repitió la receta desde alrededor del wicket ante el zurdo Nick Gubbins, que también cayó lbw por 35. De repente, dos wickets, dos errores similares, y dos nuevos bateadores entrando en frío. El impulso parecía completamente verde.

Hampshire alcanzó 141 antes de que la caída se acentuara. Joe Weatherley, tras un trabajo paciente, se equivocó de lleno: dejó pasar una bola de Stone, no jugó el golpe y terminó como el tercer lbw consecutivo por 25. La puerta estaba abierta para que Nottinghamshire se lanzara a por el colapso.

Con Liam Patterson-White introducido desde el Stuart Broad End, el dominio local se hizo sentir en el marcador: apenas 50 carreras en los 30 overs previos al té. La presión era constante.

Un socio inesperado: la muralla de Scott Currie

Cuando más falta le hacía compañía a Lehmann, apareció Scott Currie. No fue un vendaval de carreras, fue algo más valioso: una muralla. Resistió 143 bolas para firmar 35 y, sobre todo, tejió con Lehmann una séptima asociación de 97 carreras que cambió el aire del partido.

Antes de ese stand, Hampshire se desmoronaba. Ben Brown tiró por la borda su esfuerzo con un corte precipitado directo a primer slip. Poco después, Fraser Sheat sumó su segundo wicket en diez bolas al despedir al joven Ben Mayes por solo una carrera. El té llegó con 190-6 y la sensación de que el partido se inclinaba sin remedio hacia Notts.

Pero alrededor del descanso, Lehmann y Currie apagaron el ruido. Se aferraron al crease durante 38 overs, secando la euforia local y, poco a poco, recortando la diferencia. Mientras tanto, Patterson-White completaba una maratón silenciosa: 21 overs, solo 28 carreras concedidas, sin premio en forma de wicket pero con una presión sostenida que obligaba a cada run a ganarse.

Cuando Nottinghamshire tomó la segunda bola nueva, con el marcador en 216, esperaba el golpe definitivo. No llegó. La pelota fresca no trajo el colapso inmediato que los campeones buscaban. Hubo que esperar hasta que quedaban 31 bolas en la jornada para que por fin apareciera el resquicio.

Sheat, que ya había castigado a Mayes, sacó una joya de lanzamiento para romper por fin la defensa de Currie y hacer volar los stumps. El 35 del all-rounder, sin brillo estadístico aparente, puede terminar siendo una de las entradas más influyentes del partido.

Frustración verde y un tercer día cargado de tensión

Nottinghamshire, que no gana desde hace 18 días, cuando derrotó a Surrey, vivió una tarde de creciente frustración. Tenía a Hampshire contra las cuerdas en 165-6, con todos los elementos a favor para maximizar puntos de bonus y encarar el triunfo. En cambio, cerró el día necesitando todavía dos wickets en los diez overs que le quedan en el tercer día para asegurar el máximo botín.

El contraste con su propia producción ofensiva es evidente. Ben Clarke lideró el 377 inicial con 105, bien secundado por los 92 de Patterson-White. Hampshire respondió con cuatro wickets para Scott Currie (4-61) y otros cuatro para Kyle Abbott (4-82), pero el peso del total de Notts parecía entonces abrumador.

Ahora, con Lehmann invicto y a un paso de igualar su mejor marca en suelo inglés, el panorama se ha matizado. Hampshire sigue 110 por detrás, sí, pero ha sobrevivido a la peor parte del asedio. Y mientras el australiano siga ahí, con ese juego de pies heredado y esa calma de veterano, la pregunta en Trent Bridge ya no es cuántas sesiones le quedan a Hampshire, sino si Nottinghamshire encontrará por fin la forma de cerrar un partido que parecía tener en la mano.