La irrupción de influencers en el US Open 2026
En plena batalla de primera ronda del US Open 2026, Naomi Osaka se disponía a restablecer el control del partido ante Anastasia Zakharova cuando, de pronto, el tenis dejó de ser el centro de atención en Arthur Ashe Stadium.
El juez de silla interrumpió el juego. No por un fallo técnico, ni por una discusión con los jugadores. Por el público.
“Guys, please, in the suite behind me ... please take your seat”, se escuchó por la megafonía del estadio. Un mensaje directo a un grupo de espectadores en uno de los palcos. El tenis esperando. El espectáculo paralelo, no.
La escena no fue un hecho aislado, sino el síntoma más visible de un fenómeno que recorre este US Open: la irrupción masiva de nuevos aficionados, muchos de ellos influencers, que han convertido el último Grand Slam del año en un escaparate tan digital como deportivo.
El tenis, de fondo en un TikTok
Durante la victoria de Osaka en primera ronda, un vídeo se hizo viral. En plena segunda manga, un grupo de aficionados grababa lo que parecía ser un TikTok, de espaldas a la pista, ajenos al intercambio de golpes. Otro clip mostraba a una aficionada usando una luz de selfie para hacerse fotos mientras el partido seguía su curso.
El contraste era evidente: sobre la pista, una campeona de Grand Slam tratando de recuperar sensaciones competitivas; en la grada, contenido para redes sociales, flashes y poses.
Osaka, que entiende mejor que muchos el peso de la exposición mediática, no cerró la puerta a esta nueva ola de atención, pero sí marcó límites claros.
Dijo que la visibilidad que generan los influencers “podría ser algo bueno” para “hacer popular” el tenis, pero subrayó que esas distracciones “tienen que gestionarse mucho mejor”. Para ella, hay una línea básica que no se puede cruzar: el respeto.
“Si vienes a un evento deportivo, tienes que respetar el deporte. Siento que es una cortesía común informarte sobre el deporte”, señaló tras su triunfo por 6-2, 5-7 y 6-1 ante Katerina Siniakova el jueves 3 de septiembre. “Quieres que la gente siga haciendo crecer el deporte. Solo pienso que tiene que hacerse de una forma en la que todos conozcan las reglas y la etiqueta”.
No pedía silencio absoluto. Pedía algo más simple: saber dónde estás y qué has venido a ver.
Caviar, cócteles… y una línea roja
Jessica Pegula fue en la misma dirección, pero desde otro ángulo. La estadounidense, una de las caras visibles del tenis local, reconoció que puede “apreciar que los influencers vengan y muestren la experiencia del US Open”. Y esa experiencia, hoy, no es solo tenis: desde los caviar nuggets de 100 dólares hasta el cóctel Honey Deuce, convertido en un ritual de Flushing Meadows.
Ese universo lifestyle atrae público, genera negocio, crea conversación. El torneo lo sabe y lo explota. Pero, para las jugadoras, hay un punto en el que el decorado empieza a invadir el escenario principal.
Pegula admitió que se ha cruzado una frontera: “está llegando a un punto en el que es un poco irrespetuoso”. Lo explicó sin rodeos: mientras unos se hacen fotos con luces de selfie, “hay gente ahí abajo intentando rendir. Es su carrera y su trabajo”. Y remató con una sensación compartida por muchos en el vestuario: “siento que este año quizá se ha ido un poco de las manos”.
La clave, para ella, no es demonizar a los nuevos aficionados, sino el momento en que su presencia “literalmente interrumpe los partidos”. Ahí, dijo, “se vuelve complicado”.
Medvedev, pragmático: el crecimiento compensa
En el otro lado del debate, aunque no en oposición frontal, se sitúa Daniil Medvedev. El ruso, campeón del US Open en 2021, ve más beneficios que riesgos en esta nueva ola de atención.
Aseguró que hay “mucho más lado positivo que negativo” en la llegada de estos nuevos fans. Su lógica es sencilla: “Cuanto más crece el deporte, mejor es”. Más ojos, más interés, más futuro.
Medvedev confía en que la USTA sabrá manejar el equilibrio. Recordó que, si una luz o un móvil molesta durante el juego, el protocolo existe: se avisa al juez y se corrige. “Quizá lo hacen una vez, luego alguien les dice que no lo hagan”, apuntó.
No pidió mano dura ni grandes cambios. Apeló al sentido común y a la capacidad del torneo para educar sin espantar a ese público que también ayuda a llenar las gradas.
¿Espectáculo o distracción?
El US Open siempre ha sido el Grand Slam más ruidoso, más abierto, más cercano al concepto de show. No es Wimbledon. Nunca lo ha pretendido. Música en los cambios de lado, celebrities en primera fila, cócteles en vasos de plástico. El ruido forma parte del decorado.
Este año, sin embargo, la discusión ya no es solo sobre el volumen, sino sobre el foco. ¿Quién es el protagonista: el jugador que saca para partido o el creador de contenido que busca la toma perfecta?
Osaka, Pegula y Medvedev coinciden en algo esencial: el crecimiento del tenis es bienvenido. Que entren nuevos públicos, también. Que el US Open sea una experiencia completa, casi un festival, nadie lo discute.
La cuestión, ahora, es si el deporte puede seguir siendo el centro de la historia mientras las cámaras de los móviles apuntan, cada vez más, a otro lado.






