Irfan Pathan: El legado de un zurdo en el cricket
Cuando un zurdo joven apareció en 2003 y empezó a destrozar alineaciones en Australia y Pakistán, en India muchos pensaron que Irfan Pathan iba a durar toda la vida. Parecía inevitable. Parecía destinado.
Su irrupción fue de las que marcan época. Debut en Test en Sídney, nueva pelota en mano, y un nombre histórico enfrente: Steve Waugh. Pathan lo hizo parecer rutina. Lo eliminó. Después, un yorker de reversa que se coló bajo el bate de Adam Gilchrist, uno de los mejores finalizadores del juego. En la tri-serie de ODI, 16 wickets en 10 partidos. Luego el viaje a Pakistán: ocho más en tres encuentros. Con Zaheer Khan y Ashish Nehra ya asentados, la aparición de Pathan completaba el sueño: India por fin tenía su propio “Wasim Akram”.
No era solo una comparación fácil. La acción se parecía, el ritmo estaba ahí y, sobre todo, dominaba el arte que definió a Akram: la reversa. La pelota vieja, en su mano izquierda, se convertía en un arma.
El discípulo que se parecía al maestro
Pathan no solo imitó. Fue a la fuente. Buscó a Wasim Akram, le pidió consejos, exprimió cada minuto con él. Con el tiempo se consolidó como nuevo lanzador de apertura de India durante varios años. Pero la historia no siguió el guion perfecto. Las lesiones, la llegada de una nueva generación de pacers indios y la feroz competencia fueron apagando el brillo de aquel inicio eufórico.
El mismo jugador que fue elegido Mejor del Partido en la final del T20 World Cup que India le ganó a Pakistán terminó anunciando su retiro en 2020. No desapareció. Cambió de escenario. Pasó a la cabina de comentaristas, se hizo fuerte en redes sociales y se convirtió en una de las voces más directas y ruidosas entre los excricketers indios.
Wasim Akram, que lo vio de cerca desde el principio, recordó en el podcast 1 Mint la primera vez que se cruzaron de verdad.
“Irfan me conoció en 2004 en su primera gira a Australia, yo estaba comentando para ESPNStar. Era un gran fan. Creció viéndonos. Le di algunos consejos aquí y allá, pero ya estaba rindiendo bien al inicio de su carrera. Su acción era similar a la mía desde el principio”, relató Akram.
El paquistaní fue claro: a ese nivel, la técnica ya viene hecha. Lo que se pule es la cabeza.
“Cuando los jugadores te preguntan algo, la mayoría de lo que les dices tiene que ver con la mentalidad. La acción y todo eso está bien, porque a ese nivel ya estás representando a tu país. Cosas como la posición de la muñeca y cómo leer a un bateador. Cuándo usar las variaciones, cuándo no”, explicó. “Fue divertido. Irfan es un buen chico; todavía nos seguimos viendo”.
Ahí Akram hizo una pausa y soltó la pulla, medio en broma, medio en serio.
“Es otra cosa que se la pasa tuiteando una u otra cosa contra Pakistán. Pero nuestros fans también están listos. Tampoco tienen la tendencia de ignorar. Tienen que responder”.
Pathan siempre disfrutó enfrentarse a Pakistán. Sus números lo respaldan: 67 wickets en 36 internacionales frente al eterno rival —27 en Tests, 34 en ODI y 6 en T20I—. Cada vez que se cruzaban, parecía encontrar un punto extra de filo.
Wasim y el ruido eterno del India–Pakistán
Pocas personas entienden la temperatura de un India–Pakistán como Wasim Akram. Vivió los duelos de los noventa, los escenarios abarrotados, las portadas incendiarias. Hoy observa algo similar, amplificado por un altavoz nuevo: las redes sociales.
La narrativa de revancha se recicla, los mensajes se viralizan, los exjugadores opinan, los aficionados se encienden. Y, en medio de todo ese estruendo, Akram vuelve a decir lo que lleva años repitiendo: es un partido de cricket. Nada más. Nada menos.
“Las personas tienen demasiado tiempo. ¿Por qué no pueden entender? Es solo un maldito juego. Al final del día, es solo un partido. Alguien tiene que ganar, alguien tiene que perder. Y pasar al siguiente”, disparó en el podcast.
No se quedó ahí.
“Pero no, lo que pasó hace muchas lunas todavía persiste. La revancha y todo eso es tan de 1970. Es el clásico ‘una mente vacía es el taller del diablo, ese proceso de pensamiento’”.
En un mundo donde cada India–Pakistán se vende como una batalla definitiva, Akram, el hombre que inspiró al joven Irfan Pathan y que ahora lo ve disparar opiniones desde X, insiste en rebajar el dramatismo. El juego, dice, debería bastar por sí solo. La pregunta es si alguien, fuera de la cancha, está dispuesto a escucharlo.






