Iraola y el nuevo Liverpool: un camino hacia el éxito
Hace solo 12 meses, Liverpool había ganado sus cinco primeros partidos de Premier League y parecía enfilar, con paso firme, la defensa del título bajo el mando de Arne Slot. Aquella racha arrancó con un triunfo ante el Bournemouth de Andoni Iraola, en la noche inaugural del curso. Nadie en Anfield imaginaba entonces que, al final de la temporada, el técnico vasco acabaría ocupando el banquillo local que pertenecía a Slot.
El fútbol gira demasiado deprisa como para fiarse de cualquier foto fija. Hoy, Iraola dirige a Liverpool, su equipo está seis puntos por debajo del registro de hace un año a estas alturas, pero sigue invicto. Y este fin de semana vuelve al lugar en el que se hizo un nombre en la élite inglesa.
Regreso a casa… por la puerta pequeña
El domingo, Iraola entrará en el vestuario visitante del Vitality Stadium. El pequeño cuarto que durante tres años fue su centro de operaciones, ahora remodelado para cumplir con las exigencias de la Europa League. Un detalle menor, pero simbólico: el club que le lanzó al escaparate europeo ha tenido que crecer para estar a la altura del escenario en el que ahora se mueve su exentrenador.
Él, mientras tanto, ha cambiado el aire salado de la costa sur por la arena de Formby, el mismo enclave que eligieron en su día Jurgen Klopp y Brendan Rodgers. Se deja ver de vez en cuando por el centro de la ciudad, y como buen aficionado al ciclismo, explora las rutas costeras. Pero donde realmente se siente en su sitio es en el césped de entrenamiento.
En Kirkby lo describen como un técnico de “seis días a la semana”. Vive para el campo. Suele ser el primero en pisar el verde, colocando conos y ajustando detalles de las tareas. Nada de jornadas suaves.
“Es realmente intenso. Hay mucho trabajo duro y no hay días ligeros. Todos damos el 100%”, resume el delantero Lewis Koumas. Esa frase encaja con la nueva atmósfera en el club: después del desgaste del curso pasado, en Liverpool hay consenso en que todos necesitaban pasar página. Incluso si Slot hubiera seguido, la sensación era que el ambiente tenía que mejorar.
Un entrenador de pasillo, no de despacho
En el AXA Training Centre, Iraola casi no usa su despacho. Prefiere la sala de técnicos, compartiendo espacio con Tommy Elphick, Shaun Cooper y Pablo de la Torre. Su presencia en el edificio es discreta, alejada del aura dominante de otros entrenadores que han pasado por allí. Manda, pero no se exhibe.
De la Torre, que le acompañó desde Rayo Vallecano a Bournemouth en 2023, es una pieza clave: su misión es que la plantilla alcance el nivel físico que exige la idea de juego de Iraola. Dentro del club, los cambios no son tan drásticos como podría parecer desde fuera. El rol de “head coach” está muy estructurado y el vasco se ha ido acoplando a ese marco.
Su fichaje se apoyó en el excelente trabajo realizado en Bournemouth. Sin embargo, gestionar el calendario de Liverpool es otra dimensión. Esta temporada el equipo disputará, como mínimo, 49 partidos. La cifra puede escalar hasta los 60 si las copas acompañan. Ante ese panorama, Iraola ha optado por escuchar. El diálogo con los departamentos médico y de rendimiento físico es constante.
También ha ajustado el día a día. El horario de los entrenamientos ya no es fijo: se mueve en función de la hora del siguiente partido, con cada vez más sesiones a última hora de la tarde o primeras de la noche. Con Slot, la rutina era más estable, casi siempre a la misma hora.
El puente con la academia también se ha reforzado. Rob Page, técnico del equipo sub-21, lo explica sin rodeos: “Tenemos un entendimiento de cómo juega el primer equipo y los principios clave: cómo presionamos, cómo quiere que presione su número 10, su número 8, sus centrales; lo reflejamos absolutamente”. La cadena de montaje debe producir jugadores listos para un sistema muy específico.
Intensidad, juventud y un sistema exigente
Dominik Szoboszlai detalló esta semana la estructura del centro del campo: un ‘6’, un ‘8’ y un ‘10’. Durante el mercado, parte de la afición reclamó un mediocentro defensivo puro. Iraola, en cambio, insiste en que el sistema puede funcionar si el colectivo crece y se afina. No se trata solo de fichar, sino de elevar el nivel de todos.
La apuesta por el talento joven es una de las razones principales por las que Liverpool se lanzó a por él. La edad media del equipo en la Premier League es de 25,3 años; solo cinco clubes presentan una media más baja. No es un dato casual. Rio Ngumoha (18), Trey Nyoni (19) y Koumas (20) fueron titulares ante Tottenham en la Carabao Cup y están llamados a tener más peso que el curso pasado.
La palabra que más se repite alrededor de Iraola es “intensidad”. Es innegociable. Pero incluso él sabe que con un calendario tan brutal, el equipo tendrá que aprender a ganar también de otras formas: un córner bien ejecutado, una falta lateral, un destello individual. No todo puede ser presión alta y ritmo frenético.
Los números hablan: antes de esta jornada, Liverpool era el equipo con más sprints de la Premier. Sin embargo, el empate sin goles ante Fulham dejó una sensación de fatiga. Menos de 72 horas antes, habían vencido a Atlético de Madrid en Champions League. El cuerpo pasa factura.
El duelo ante Bournemouth será el cuarto partido en 12 días. Y lo que viene asusta: tras el parón de selecciones, cuatro encuentros en 10 días. Entre el 11 de octubre y el 7 de noviembre, nueve partidos. Una maratón que obliga a medir cada sesión, cada rotación, cada palabra.
Iraola, el mensaje y el altavoz Liverpool
El técnico también ha tenido que aprender rápido cómo suena su voz en un club de este tamaño. Después de un amistoso de pretemporada ante Monaco, sus declaraciones a LFC TV dieron la vuelta al mundo. Dijo que el equipo se había quedado sin energía a los 30 minutos y que aún no tenía el nivel físico para jugar con la intensidad que él quería. No era un reproche al vestuario, sino una constatación del proceso de carga.
Pero en Liverpool cada frase se amplifica. Cualquier matiz puede reinterpretarse en redes sociales. Desde entonces, se le ve pragmático ante los medios, sereno en las ruedas de prensa, dispuesto al diálogo, pero muy consciente del eco que genera cada mensaje.
Su manera de gestionar al grupo también tiene su sello. Suele dar el once el mismo día del partido, por la mañana. Y prefiere dejar el análisis profundo del encuentro para el día siguiente, en frío. Menos ruido, más trabajo.
Un invicto que no basta
Liverpool no ha tenido un arranque de ensueño con Iraola, pero no ha perdido. Después de 12 derrotas ligueras el año pasado, convertirse en un equipo difícil de batir es un paso evidente hacia adelante. Sin embargo, el listón en Anfield está más arriba. La semana pasada, el vicecapitán Alisson fue claro: los empates no son suficientes para este club.
Ese es el equilibrio que debe encontrar el técnico vasco: mantener la solidez sin renunciar al filo competitivo que exige pelear por títulos. Y hacerlo con una plantilla joven, un estilo físicamente demoledor y un calendario que no concede tregua.
Este domingo, Iraola llegará al Vitality Stadium sabiendo que no se trata solo de un partido más. Ver el triunfo europeo de Bournemouth ante Real Sociedad, en la región donde creció, habrá despertado algo especial. Un guiño del destino.
Quizá tenga un momento, en el vuelo hacia el sur, para repasar el camino recorrido: de promesa en los banquillos de LaLiga a líder de uno de los clubes más observados del planeta. Sigue invicto en Premier League desde enero, sumando sus etapas en ambos equipos. Y sabe que un triunfo en territorio conocido, justo antes del parón internacional, no sería solo un buen resultado.
Sería una declaración de intenciones sobre lo que quiere que sea este Liverpool en los meses que vienen.






