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Inglaterra y Pakistán en un Test tenso en Lord's

En un Lord’s encendido dentro y fuera del campo, Inglaterra se agarró al partido y a la serie. Entre nubarrones, mala luz y una tormenta diplomática inesperada, el primer día del segundo Test ante Pakistán dejó algo más que un simple 248-9 en el marcador.

Un Lord’s bajo tensión… y no solo deportiva

La jornada quedó marcada por un incidente que trascendió el cricket. Durante el descanso de comida, Sky Sports emitió una entrevista de Michael Atherton con los hijos de Imran Khan, la leyenda paquistaní y ex primer ministro, recluido en régimen de aislamiento desde hace tres años y, según su entorno, en delicado estado de salud.

Kasim Khan fue directo: “Están intentando matarlo ahí dentro, mantenerlo el máximo tiempo posible y silenciarlo”. Atherton, en plena retransmisión, lo enmarcó como “una apelación humanitaria”, subrayando la creciente preocupación por la salud de Imran.

El Pakistan Cricket Board reaccionó con dureza. Según Cricinfo, el organismo contactó con Sky antes del descanso para protestar por el segmento y llegó a amenazar con que sus jugadores no volverían al campo si la entrevista salía al aire. La cadena retrasó la emisión, pero acabó lanzando el clip de 18 minutos. Cuando terminó, los jugadores de Pakistán ya se preparaban para regresar al césped a las 14.40.

La presión sobre el trato a Imran Khan no es nueva. Esta misma semana, un grupo de ex capitanes internacionales, con Greg Chappell como impulsor, volvió a firmar una carta reclamando que se garantice la atención médica adecuada al ex capitán paquistaní, de quien sus abogados aseguran que ha perdido gran parte de la visión del ojo derecho. “Muchos de los que firmaron jugaron contra Imran. Está en la más alta estima”, recordó Atherton. El eco de ese respeto resonó en el coliseo donde tantas veces brilló.

Mientras tanto, el juego seguía. Y el tono, sobre el césped, lo puso Mohammad Abbas.

Abbas desata el caos, Inglaterra se hunde

Pakistán llegó a Lord’s golpeado por la paliza en Headingley, donde cayó por una entrada y 103 carreras, con fallos en todas las líneas y el farolillo rojo de la tabla del World Test Championship como castigo. Esta vez, el guion cambió desde el inicio.

Babar Azam, de vuelta tras su lesión en un dedo y único cambio respecto a Leeds —entró por Salman Ali Agha—, no dudó al ver el tono verdoso del césped y el cielo plomizo tras la lluvia: ganó el sorteo y mandó a Inglaterra a batear.

La decisión cobró sentido de inmediato. Abbas, veterano de 36 años y muy familiarizado con los condados ingleses, encontró ritmo y precisión en su escenario fetiche. En 2018 fue nombrado mejor jugador del partido en este mismo campo tras lograr ocho wickets. Ahora volvió a oler sangre.

Su primera víctima, Emilio Gay, cayó con una jugada de reflejos felinos: desvío a pierna y una estirada espectacular de Mohammad Rizwan, que atrapó con una sola mano. Un aviso de que Pakistán, tan pobre en el campo en Leeds, venía mucho más afilado.

Ben Duckett siguió el mismo camino. Un nip-backer de Abbas, decisión de lbw, y el zurdo de Inglaterra se marchó por 17. El marcador se encogía, y la sensación de inseguridad en la alineación alta inglesa reaparecía.

La trampa se cerró sobre Joe Root con un detalle táctico que se ha convertido en pesadilla para Inglaterra: el guardameta subido a los palos. Rizwan se adelantó, Abbas ajustó la línea, la pelota se coló hacia dentro y Root fue lbw por solo cuatro carreras. “Joe es un gran bateador, así que me alegré de conseguirlo con Rizwan arriba”, explicó Abbas, satisfecho con un plan ejecutado al milímetro.

Harry Brook, por su parte, fue víctima de Mohammad Ali, que sacó una joya: una bola que se fue y volvió, para arrancar el off stump con Inglaterra en 80-4 al descanso. En apenas unos overs, Abbas había firmado tres wickets por cuatro carreras en 16 bolas. El colapso de la parte alta era total.

Smith y Cox plantan cara

Cuando el partido pedía calma, aparecieron Jamie Smith y Jordan Cox. Sin estridencias, sin golpes imposibles, pero con una convicción que Inglaterra necesitaba desesperadamente.

Cox, colocado en el número tres, encadenó su segundo medio siglo consecutivo en Tests. Tardó 88 bolas en llegar a los 50, con siete fours, y dio al innings una estructura que no había tenido hasta su llegada. Atacó con decisión a Ali Usman, al que castigó con dos límites consecutivos a pierna para sellar su cincuenta.

Smith, más fluido, marcó el tempo. Alcanzó su medio siglo en apenas 63 envíos, castigando cada error de longitud y aprovechando cualquier bola suelta para mantener el marcador en movimiento. Mientras el cielo seguía gris, el ánimo inglés dejaba de serlo.

Pakistán, eso sí, no abandonó del todo sus viejos vicios. Dan Lawrence, con 10, regaló un flick a midwicket que Shan Masood dejó caer en una acción rutinaria. Un eco del caos de Leeds. Pero el perdón duró poco. En la siguiente oportunidad, Lawrence se lanzó a un single inexistente tras girar a pierna una bola de Ali Usman, Cox lo frenó y Masood, esta vez sí, clavó el tiro a Rizwan para completar el run out.

Aun así, la asociación clave ya estaba en marcha. Smith y Cox tejieron 67 carreras que devolvieron a Inglaterra al partido. El murmullo en las gradas cambió de tono: ya no era angustia, era expectativa.

Pakistán responde, la luz se apaga

Cuando la resistencia inglesa empezaba a parecer sólida, Pakistán volvió a golpear. Cox cayó con una acción que habría enorgullecido a cualquier manual de slip: Agha, como suplente, se lanzó en segundo slip para atrapar una pelota que viajaba a la altura de la oreja tras un envío de Khurram Shahzad. Una gran captura en un día en que el equipo necesitaba enviar mensajes de rigor.

Smith, que había sido el ancla del innings, terminó derribado por Mohammad Ali. Una bola limpia, directa, que se coló entre bat y pad para tumbar los stumps. Dos bolas después, Ali repitió la receta con Ollie Robinson, otra vez con el nip-backer como arma. En un abrir y cerrar de ojos, Inglaterra volvía a mirar el abismo.

Cuando los umpires decidieron que la luz era demasiado mala para seguir, pese a los focos encendidos, el tablero mostraba 248-9. Abbas cerró el día con 4-56 en 15 overs, Ali con 3-67 en 17. Cifras que explican por sí solas por qué el seamer paquistaní sigue viendo Lord’s como su lugar talismán. “Mi primer premio al mejor jugador fue aquí, por eso es mi campo favorito. Ojalá ponga mi nombre en el honours board esta vez”, dijo, apuntando ya a la ansiada quinta víctima.

Desde el otro lado, Smith resumió la sensación inglesa: “Ha sido un día lo bastante bueno para nosotros. La bola se movía, mordía, y las condiciones de arriba ayudaban”. No fue una exhibición, pero sí un rescate.

Un Test que ya va mucho más allá del marcador

El contexto no se puede ignorar. Pakistán llegó a Londres tras ser barrido en Headingley, cuestionado en el campo y ahora envuelto en una polémica de alto voltaje político por la figura de Imran Khan. La carta de los ex capitanes, las palabras de sus hijos, la amenaza de no volver al terreno de juego… todo eso flotó sobre el césped de Lord’s.

En lo puramente deportivo, el equipo de Babar Azam respondió: encontró swing, disciplina y, por momentos, la ferocidad que le faltó en Leeds. Inglaterra, pese a otro episodio extradeportivo —la expulsión de Brydon Carse de la convocatoria tras un nuevo incidente nocturno—, se sostuvo gracias al carácter de Smith y Cox.

El segundo día arrancará con Pakistán frente a una oportunidad clara: rematar la cola inglesa y, por primera vez en la serie, construir un innings desde una posición de fuerza. Con las nubes todavía pesando sobre Londres y sobre la figura de Imran Khan, la pregunta es inevitable: ¿podrá Pakistán transformar por fin toda esa tensión en control real del Test?