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Inglaterra revive ecos de 2005 con nuevo cuarteto de velocidad

Marcus Trescothick sabe exactamente cómo suena un vestuario cuando un ataque de ritmo intimida de verdad. Lo vivió en 2005, con la Ashes en juego y un cuarteto que marcó época. Ahora, desde el banquillo como seleccionador interino, vuelve a escuchar algo parecido.

Ollie Robinson, Jofra Archer, Gus Atkinson y Josh Tongue han tomado el relevo en un momento de transición profunda para Inglaterra. Sin Ben Stokes, con Joe Root de nuevo al mando y tras una racha de solo dos victorias en 10 Tests, el equipo necesitaba una identidad. La ha encontrado en la velocidad. Y en la precisión.

Trescothick no esquiva la comparación: “Tenemos mucha calidad y, si miras atrás a 2005 y a Harmy, Fred, Simon y Hoggy, se pueden hacer fácilmente esos paralelismos”, señala el hombre que abrió la batea en aquella histórica recuperación de la urna. No es una frase lanzada al aire: es alguien que estuvo dentro del vestuario evocando sensaciones conocidas.

Un cuarteto con ecos de Harmison, Hoggard, Jones y Flintoff

El nuevo grupo no es una copia, pero sí recuerda a la mezcla que en su día ofrecieron Stephen Harmison, Matthew Hoggard, Simon Jones y Andrew Flintoff. Perfiles distintos, armas complementarias, una misma consecuencia: los bateadores rivales pasan más tiempo sobreviviendo que anotando.

Archer, Tongue y Atkinson aportan la materia prima más temida: pura velocidad, capaces de rozar las 92 millas por hora. Robinson, en cambio, rompe el molde de la etapa Stokes–Brendon McCullum, que priorizaba casi de forma dogmática el ritmo alto. El seamer de regreso, tras más de dos años fuera del Test cricket, trabaja muchas veces por debajo de las 80 mph, con el wicketkeeper adelantado. No impresiona al radar, pero castiga el marcador: 23 wickets este verano con un promedio asombroso de 8,3.

Ahí está el contraste que entusiasma a Trescothick. Tres lanzadores que intimidan por pura velocidad y uno que desarma con precisión quirúrgica y movimiento tardío. No es solo potencia; es una unidad completa.

“El contraste de lo que intentamos hacer ahora es muy bueno”, explica el exopener. “Tener tres tipos lanzando a 92 millas por hora es un lujo, una potencia real. Y cuanto más jueguen juntos, cuanto más compartan experiencia, más encajará todo como queremos”.

De la crisis al control: la era post-Stokes

La transformación llega tras un periodo oscuro. El tramo final del mandato de Stokes como capitán dejó un balance pobre y muchas preguntas. Su retirada del Test cricket no solo abrió la puerta al segundo ciclo de Root como líder; obligó a repensar por completo el equilibrio del XI.

Sin el all-rounder que lo hacía todo, Inglaterra ha optado por una apuesta clara: cuatro seamers puros, sin spinner especialista. Dan Lawrence, con sus off-breaks ocasionales, actúa como seguro de emergencia, no como eje del plan. El riesgo es evidente, pero el resultado, por ahora, justifica la valentía.

Dos victorias consecutivas ante Pakistán han cortado la mala racha y han entregado a la selección su primer triunfo en una serie desde 2024. No es un detalle menor. Es el tipo de hito que devuelve confianza a un vestuario que se había acostumbrado a vivir entre dudas.

Trescothick, mientras tanto, ha manejado el relevo con mano firme. Ha estabilizado el equipo, ha dado continuidad al cuarteto de ritmo y ha devuelto a Inglaterra algo que había perdido: la sensación de que cada sesión con la bola en la mano puede decidir un partido.

El listón de 2005 y la voz de Michael Vaughan

La comparación con 2005 enciende la imaginación, pero también trae exigencia. Michael Vaughan, capitán de aquella Ashes legendaria, puso matices en una columna reciente. Para él, este ataque solo podrá medirse de verdad con el de Harmison, Hoggard, Jones y Flintoff cuando conquiste una gran serie.

El mensaje, sin embargo, no es de escepticismo. Vaughan ve potencial: afirma que este grupo “es claramente capaz de hacer algo muy especial y de recuperar las Ashes para Inglaterra el próximo verano”. No es un elogio menor, ni de una voz cualquiera.

El eco de 2005 está ahí, pero ahora la historia se escribe en presente. Y el siguiente capítulo llega pronto.

3-0 en la mira y una apuesta por la continuidad

El tercer Test ante Pakistán en Edgbaston, que arranca el 9 de septiembre, ofrece la posibilidad de un 3-0 rotundo. En Birmingham se espera ambiente grande y un objetivo muy simple para el cuerpo técnico: rematar.

La convocatoria para el duelo final se confirmará en los próximos días. En Lord’s hubo siete seamers en la lista, aunque el grupo ya ha sufrido una sacudida: Brydon Carse, inicialmente incluido, fue apartado tras un incidente en un club nocturno en Derby. No se espera que vuelva a entrar en los planes hasta que concluyan las investigaciones policiales y del Cricket Regulator.

Sin Carse, las alternativas de reserva pasan por Sam Cook, Sonny Baker y Matthew Fisher. Entre los tres apenas suman cuatro caps de Test. Futuro, sí, pero todavía por pulir. Y ahí aparece de nuevo la filosofía de Trescothick.

“Lo primero es ganar la serie 3-0, y si quieres lograrlo, debes alinear el equipo más consistente posible”, subraya el técnico, de 50 años. No suena a rotaciones masivas ni a experimentos de laboratorio. Su prioridad es cerrar la serie con autoridad.

El calendario, al menos, concede un respiro. “Tenemos que ver cómo se recuperan todos de este partido. Ahora tienen cuatro o cinco días libres, algo que no habían tenido en mucho tiempo por lo apretado del calendario. Cuando lo sepamos, tomaremos la decisión, pero el énfasis está, de forma muy clara, en ganar 3-0”.

Ese es el tono. Nada de celebraciones prematuras, nada de concesiones. Inglaterra ha encontrado un ataque de ritmo que recuerda a una época dorada. Ahora le toca demostrar si es solo un destello veraniego o el principio de una nueva era capaz, como en 2005, de cambiar el rumbo de la Ashes.