Inglaterra barre a Pakistán: victoria 3-0 y un capitán reafirmado
Durante dos días, Edgbaston fue un paseo. El tercer Test parecía encaminado a una victoria rutinaria, casi aburrida. Luego apareció Razaullah, se desató el caos y, de repente, Inglaterra se vio mirando de frente a uno de los descalabros más sonados de su historia reciente.
Al final, victoria por ocho wickets, serie 3-0 y un verano turbulento que se cierra con una sonrisa. Pero el marcador no cuenta ni la mitad del temblor que se vivió esta mañana en Birmingham.
Del control absoluto al temblor en 2-2
El escenario de partida engañaba: 130 carreras a perseguir en el cuarto día, tras el 449 de Pakistán en su segunda entrada y el 453 inicial de Inglaterra. Objetivo modesto, campo conocido, un equipo que venía dominando la serie. Trámite, se podía pensar.
En la primera over, ese trámite se convirtió en pesadilla.
Muhammad Abbas, con su precisión de metrónomo, abrió la mañana con una bola perfecta. Ben Duckett, que ya vivía un verano irregular pese a haber firmado el único centenar de Inglaterra en la temporada, tocó y se fue: edge atrás, golden duck. Siguiente en la lista, Emilio Gay. Ni siquiera tuvo tiempo de asentarse. Pelota que entra, impacto claro en la pierna, lbw palpable. Revisión malgastada, frustración visible, marcador en 2-2 y un Edgbaston silencioso.
En ese momento, la remontada paquistaní dejó de ser un ejercicio de imaginación para convertirse en amenaza real.
Root, un rescate con fortuna; Cox, un argumento serio
Con el partido temblando, Joe Root y Jordan Cox se encontraron con una tarea que no admitía errores: reconstruir la entrada, calmar el vestuario, cerrar la serie sin convertirla en trauma.
Root, de nuevo capitán tras la retirada de Ben Stokes en junio, no firmó una de sus entradas más puras, pero sí una de las más significativas. Sobre 23, arriesgó de más y arrastró la bola sobre sus propios stumps ante Mohammad Ali. Edgbaston contuvo la respiración. El marcador, no: no-ball. Ali había sobrepasado la línea y Root recibía una segunda vida.
No fue la única. Con 34, un edge entre slips inmóviles ante un Abbas furioso. Pakistán dejó escapar la oportunidad, y con ella buena parte de la presión que había acumulado.
Mientras tanto, Cox jugaba como si llevara años en este escenario. Sereno, compacto, sin estridencias, fue más sólido que su propio capitán. Su 59* no solo sostuvo la entrada: elevó de golpe su candidatura para el primer Test de diciembre ante Sudáfrica. Con Jacob Bethell cerca de regresar de su lesión, las miradas empiezan a apuntar a Gay, cuyo promedio ha caído por debajo de 25 pese a sus tres medias centurias en este primer verano como jugador de Test.
Root y Cox unieron 128 carreras sin ser separados. El capitán cerró invicto en 62, Cox también sin out en 59, y el triunfo llegó poco antes del almuerzo, con una frialdad que contrastó con el pánico inicial.
Un verano convulso que acaba con barrida
Que Inglaterra haya cerrado este Test con tal control en el marcador casi hace olvidar el contexto: hace menos de dos meses no tenía ni capitán ni seleccionador. En ese vacío de poder, la serie ante Pakistán se presentaba como examen incómodo más que como oportunidad de lucimiento.
La realidad ha sido otra. Tres victorias consecutivas tras una racha de solo dos triunfos en diez Tests. Un Root reafirmado en la capitanía. Y una estructura que, con todos sus defectos, ha respondido cuando por fin alguien la puso bajo presión.
Eso sí, la forma importa. Durante dos Test y medio, Pakistán apenas compareció. Solo cuando se vieron 0-2 en su segunda entrada en Edgbaston, con el riesgo real de una derrota en dos días, despertaron. El 133 de la primera jornada, que ahora pesa como una losa, es el gran lamento de los visitantes: con cien carreras más en el total global, esta persecución final habría rozado lo imposible para Inglaterra.
La ráfaga de Razaullah el viernes por la tarde destapó grietas. El plan de campo inglés se vino abajo ante su agresividad, la bola voló a todas partes y la ventaja que parecía definitiva empezó a encogerse. Inglaterra tuvo que soportar una presión que, hasta entonces, la serie no le había exigido.
Razaullah, la chispa en una gira caótica
En medio del desorden, Pakistán ha encontrado algo valioso. Razaullah, uno de los siete jugadores llamados de urgencia tras el terremoto que siguió a la derrota en Lord's —con la destitución de Sarfaraz Ahmed, la llegada de Mike Hesson y siete descartes del plantel—, ha dejado huella en apenas unos días.
Primero, con la pelota: wicket de Root en su primera over en Test cricket. Declaración de intenciones. Después, con el bate: 81 deslumbrantes en Edgbaston, un asalto audaz que desfiguró por momentos el ataque inglés y que mantendrá vivo su nombre mucho después de que esta gira se dé por enterrada.
En una serie marcada por la amenaza de abandono del segundo Test tras la emisión de una entrevista con los hijos de Imran Khan, por el caos interno y por dos Tests iniciales casi bochornosos, el número 81 de Razaullah se convierte en el símbolo de lo que Pakistán podría ser si ordenara su casa.
Fleming llega con deberes; los abiertos, en el punto de mira
Mientras tanto, Inglaterra mira hacia adelante. Stephen Fleming aterrizará en el Reino Unido en los próximos días con una bandeja de asuntos pendientes. En lo alto, los abiertos.
Duckett, pese a aquel centenar aislado, no ha pasado de 20 en cinco entradas frente a Pakistán y promedia 23 desde el inicio de los Ashes. Gay, con sus tres cincuentas, ha mostrado destellos, pero su promedio ha caído por debajo de 25 y la imagen de su batido de frustración tras el lbw ante Abbas no ayuda a su causa.
En un verano en el que la bola ha dominado claramente al bate, las cifras pueden engañar, pero la tendencia preocupa. La mañana de hoy, con Inglaterra 2-2 y el vestuario en vilo, lo dejó en evidencia de forma brutal.
Que Cox haya guiado al equipo fuera del problema no solo le da peso en el vestuario; también altera el tablero de cara a Sudáfrica, Bangladesh y Australia en invierno. Es ahí donde se medirá de verdad la solidez de este proyecto.
De Edgbaston a Southampton: cambio de formato, misma exigencia
El calendario no se detiene. El martes, Inglaterra cambia el rojo por el blanco: serie limitada ante Sri Lanka en Southampton, con Brendon McCullum de vuelta al mando y Kevin Pietersen integrado en el cuerpo técnico. Otro tipo de presión, otra velocidad, pero la misma obligación de responder.
Edgbaston deja una doble imagen: la de un 3-0 contundente y la de un equipo que, cuando por fin fue empujado al límite, titubeó antes de encontrar su camino. Root se marcha con la serie en el bolsillo y la capitanía reforzada.
La pregunta ya no es si Inglaterra puede ganar cuando todo va de cara. Es si este grupo, con nuevos nombres como Cox emergiendo y viejas dudas en la parte alta del orden, está preparado para cuando el invierno deje de ser metáfora y se convierta en realidad en Sudáfrica, Dhaka o Melbourne.






