Influencers y el US Open: el nuevo desafío del silencio
En Flushing Meadows ya no solo se escucha el golpe seco de la pelota ni el murmullo contenido entre punto y punto. Este US Open se juega también en otra pista: la de los móviles en alto, los anillos de luz y los vídeos en vertical que buscan likes mientras los jugadores intentan encontrar concentración.
La presencia de creadores de contenido acreditados se ha duplicado respecto al año pasado. Es una apuesta clara de los organizadores por conquistar nuevas audiencias. Pero el precio se empieza a notar en la pista.
En un partido, el juez de silla Kader Nouni tuvo que detenerse para reprender a un grupo de influencers en un palco: grababan un vídeo en pleno punto. En otro momento, un creador encendió un potente aro de luz portátil para hacerse fotos, rompiendo de golpe la penumbra controlada del estadio.
No son anécdotas aisladas. La incomodidad ya ha llegado al vestuario.
Osaka, Veljovic y el ruido que no se ve en cámara
En la segunda ronda de Naomi Osaka, la tensión con el público fue evidente. La juez de silla Marijana Veljovic pidió silencio varias veces, tratando de contener un murmullo constante que se colaba entre saque y resto.
Osaka, dos veces campeona del torneo, no se anduvo por las ramas al hablar de lo que está pasando: «Creo que, obviamente, si vienes a un evento deportivo, tienes que respetar el deporte», señaló. «Siento que es una cuestión de cortesía informarse un poco sobre el deporte, especialmente sobre la etiqueta».
El contexto no ayuda. En 2024, el US Open introdujo una política de libre movimiento en las gradas: los aficionados ya no tienen que esperar a los cambios de lado para ocupar sus asientos. El flujo constante de gente, sumado a los móviles y al afán por capturar “el momento perfecto”, ha convertido algunos partidos en un escenario inquieto.
Desde el debut de Osaka, los videomarcadores repiten con más insistencia los mensajes pidiendo a los aficionados que eviten cualquier actividad que pueda interrumpir el juego: ruido excesivo, fotografías con flash, uso de ring lights. Señales de que el torneo ha detectado el problema… y llega a contrarreloj.
Pegula alza la voz: “Parece un poco irrespetuoso”
Jessica Pegula, tercera cabeza de serie y una de las voces más escuchadas del circuito estadounidense, no se esconde. Le gusta que el torneo se abra, pero marca un límite.
«Puedo apreciar que los influencers vengan y muestren la experiencia del US Open», admitió. «Pero creo que es complicado cuando ves vídeos en los que están haciéndose fotos y usando luces para selfies».
La frase que resume su malestar llegó después: «La gente está ahí abajo intentando rendir. Es su carrera y su trabajo. Parece un poco irrespetuoso».
Flushing Meadows siempre ha sido un imán para famosos: estrellas de cine, músicos, políticos, incluso un presidente de Estados Unidos como Donald Trump han pasado por sus palcos. El glamour nunca fue un problema. Lo nuevo es la dinámica: ya no se trata solo de ser visto, sino de producir contenido en tiempo real, sin pausa y, a veces, sin filtro.
Gauff abre la puerta, pero marca el código de vestimenta
Coco Gauff, número 4 del mundo, ve el fenómeno con menos desconfianza, aunque con una advertencia clara. Le gusta que el tenis llegue a gente que quizá nunca se habría acercado a una pista.
«Definitivamente creo que es genial tener un nuevo demográfico y que ayuda a hacer crecer el deporte», explicó. Pero remató con una comparación que resume el sentir de muchos jugadores: «Si te invitan a una alfombra roja, no irías en vaqueros. Creo que se trata de seguir la etiqueta del deporte».
El mensaje es nítido: bienvenidos, pero con respeto a las normas no escritas que han sostenido al tenis durante décadas. Silencio en el saque. Nada de flashes en el impacto. Nada de focos deslumbrando a quien se juega un Grand Slam.
Eliza Wastcoat, la influencer que pide responsabilidad compartida
Entre tanto ruido, también hay voces del propio mundo de los creadores que piden calma y criterio. Eliza Wastcoat, influencer con pasión declarada por el tenis, encarna ese puente posible. Ha lanzado su propio canal en redes, centrado en la intersección entre tenis y moda, y conoce el deporte desde dentro: de niña fue recogepelotas en Wimbledon.
Instalada en Estados Unidos tras estudiar en Lehigh University y con experiencia profesional en una agencia creativa, Wastcoat ve una oportunidad, pero no a cualquier precio.
«Hay un espacio en el tenis para que los influencers y creadores de contenido sean bienvenidos y alcancen nuevas audiencias», sostiene. «Pero creo que hay formas de hacerlo que incluyen a creadores que aprecian el propio deporte y su etiqueta, y también a quienes son nuevos y traen nuevas audiencias».
Para ella, la responsabilidad es compartida: «Creo que es responsabilidad tanto de las marcas, de los torneos como de los propios individuos informarse un poco y entender la etiqueta del tipo de evento deportivo al que van».
Wastcoat lo resume con una idea que muchos jugadores firmarían: el tenis se ha abierto al cambio, pero la esencia sigue siendo la misma. «Los jugadores necesitan algo de silencio y la posibilidad de concentrarse», recuerda. «Todos queremos que el tenis crezca, así que invitar a la gente y hacer que sea una experiencia global es genial para el juego. Es una oportunidad para educar más a la gente sobre lo que es el tenis».
El USTA, ante un equilibrio delicado
La United States Tennis Association reconoce que camina sobre una cuerda fina. Quiere estadios llenos, fans entregados, cámaras encendidas… sin que nada de eso se cuele en el punto de partido.
En un comunicado, el organismo dejó clara su intención de que los aficionados pasen «un tiempo increíble», pero sin interferir en el juego. Y subrayó que trabaja de forma constante para que quienes están en las gradas sepan qué está permitido y qué no.
Para Wastcoat, también es un proceso de aprendizaje para el propio USTA: «¿Cuál es el equilibrio? ¿Cuántas acreditaciones o entradas damos a gente que es nueva y cuántas a creadores que conocen y aprecian el deporte? Se trata de encontrar ese punto medio».
Lo que está claro es que el interés por el tenis va al alza. «Experiencias como esta muestran que el tenis está aumentando en popularidad», apunta. «Al final, más gente va a formar parte de esto. Hay más oportunidades con las marcas que nunca y espero que eso continúe».
La pregunta, mientras la pelota sigue volando sobre la pista, es si el US Open logrará que ese crecimiento no se convierta en ruido de fondo. Porque en un deporte donde un simple murmullo puede cambiar un punto, un aro de luz mal encendido puede terminar iluminando el verdadero límite entre espectáculo y respeto.






