logo

India en los Juegos Asiáticos Aichi-Nagoya 2026: Caos y Expectativas

La noche cayó sobre Nagoya con más preguntas que certezas, pero el desfile de India en el Paloma Mizuho Stadium no dejó lugar a dudas sobre el tono de estas dos semanas: menos comodidades, más carácter. Manu Bhaker y Pawan Kumar, abanderados, encabezaron a la delegación india mientras el estadio se encendía entre luces, música y un telón de fondo muy distinto al de las grandes villas olímpicas de otras ediciones.

En las gradas, el violín de Taro Hakase marcó uno de los momentos más emotivos de la ceremonia. Sobre el césped, bailarines y coreografías milimétricas dieron forma a una apertura que Japón necesitaba que saliera bien tras una preparación plagada de críticas por la logística. El himno japonés, la bandera del país anfitrión alzada y, poco después, el griterío cuando la boy band INI apareció en escena: la puesta en escena fue brillante, aunque detrás del espectáculo la organización siga bajo la lupa.

Juegos de bajo coste, presión máxima

Esta 20.ª edición de los Juegos Asiáticos se ha vendido como un modelo de contención. Nada de una villa gigantesca recién construida. Japón ha optado por una mezcla poco habitual: hoteles repartidos por Aichi, cabañas de madera de estilo contenedor y un crucero, el Costa Serena, atracado en el puerto de Nagoya, que aloja a unos 4.000 participantes. Otros 2.000 viven en las cabañas, el resto se reparte por la prefectura.

El resultado: más de 17.000 participantes, más que en unos Juegos Olímpicos, moviéndose en un tablero logístico tenso. Varias delegaciones han criticado la calidad de los alojamientos, el espacio reducido y los largos traslados a los lugares de entrenamiento. Aun así, el director general del Olympic Council of Asia, Husain Al-Musallam, ha salido en defensa de los organizadores, subrayando que el intento de no disparar los costes merece reconocimiento.

Para India, que envía cerca de 500 deportistas —muy por debajo de los más de 650 de Hangzhou—, el escenario es un desafío doble: menos plazas, pero expectativas intactas. Tras las 106 medallas logradas en la última edición y un cuarto puesto por detrás de China, Japón y Corea del Sur, las autoridades deportivas indias hablan abiertamente de un objetivo en torno al centenar de preseas, con la vista puesta en mejorar la relación atleta-medalla.

Habitaciones, casas de acogida y una delegación que se adapta

La realidad, sin embargo, ha sido áspera desde el inicio. Algunos deportistas indios ya han sido trasladados desde las cabañas a hoteles ante las quejas por las condiciones y la falta de espacio. Y la federación no quiere sorpresas: hay un plan B muy poco habitual en un evento de este calibre.

Sahdev Yadav, jefe de misión de India y tesorero del Indian Olympic Association (IOA), explicó que la delegación ha reservado habitaciones de hotel para sus atletas, pero que no se quedará ahí. Si las plazas se agotan, la comunidad india residente en Japón está lista para abrir las puertas de sus casas.

“Si las habitaciones de hotel se quedan cortas, tenemos hogares indios en reserva para alojar a los atletas. Están encantados de recibir a las estrellas en sus casas”, señaló Yadav a AFP.

Una solución de emergencia que habla de improvisación, pero también de una red de apoyo que se activa cuando el sistema oficial no alcanza.

Los problemas no se limitan a las camas. El equipo masculino de cricket encara su viaje con un contratiempo tan básico como incómodo: las equipaciones. Varios jugadores siguen esperando las tallas correctas de sus uniformes a pocas horas de volar hacia Japón, una anécdota que refleja que el desorden logístico no es solo cosa del país anfitrión.

Manu Bhaker pide cabeza fría

En medio de las quejas por desplazamientos largos, habitaciones estrechas y desorden organizativo, una de las voces más reconocidas de la delegación india decidió marcar el tono. Manu Bhaker, estrella del tiro y una de las grandes esperanzas de medalla, lanzó un mensaje claro a sus compañeros a través de un vídeo difundido por el IOA.

La tiradora admitió que hay problemas y que varios de ellos ya circulan en redes sociales, pero pidió a los atletas que no se desgasten en la queja. Recordó que para muchos esta será una experiencia única y que la prioridad debe ser disfrutar y competir al máximo, no alimentar el ruido externo. Un llamamiento a la concentración en un entorno que invita a todo menos a la calma.

Un abanderado de emergencia y un relevo simbólico

El desorden también tocó el protocolo. El kabaddi vuelve a ser uno de los bastiones de India en estos Juegos, y su figura más reconocible, Pawan Sehrawat, terminó asumiendo un rol inesperado. El veterano fue designado abanderado en sustitución del lanzador de peso Tajinderpal Singh Toor, que no pudo participar en la ceremonia por un motivo tan insólito como revelador: no tenía en su equipaje el uniforme ceremonial necesario para desfilar.

El cambio de última hora obligó a reorganizar el protocolo, pero también dejó una imagen potente: el líder de un deporte tradicional indio, kabaddi, guiando a la delegación en unos Juegos donde India defiende los títulos masculino y femenino tanto en kabaddi como en cricket. Dos disciplinas que, junto al hockey masculino, donde también se defenderá la corona continental, marcan buena parte del orgullo deportivo del país en Asia.

Prannoy, entre la despedida y el sueño de Los Ángeles

En el bádminton, una de las grandes vitrinas del deporte indio, la historia se escribe con matices más personales. H.S. Prannoy, veterano del circuito y rostro habitual en las grandes citas, afronta estos Juegos con la sensación de estar cerrando un capítulo. Él mismo ha reconocido que Aichi-Nagoya será, con toda probabilidad, su última participación en unos Juegos Asiáticos.

No es, sin embargo, una despedida total. Prannoy se ha dado un año más para medir si su cuerpo y su juego pueden sostener una carrera hasta Los Ángeles 2028. El objetivo no es simbólico: solo seguirá si ve opciones reales de llegar a la cita olímpica con aspiraciones, no solo para completar el calendario. Entre la nostalgia y la ambición, su torneo en Nagoya tendrá un peso emocional evidente.

Teqball, bronce asegurado y un nuevo territorio

Mientras los focos apuntan a las grandes estrellas, el medallero indio puede empezar a moverse en un territorio completamente nuevo. El teqball, una de las seis disciplinas que debutan en estos Juegos junto al virtual taekwondo y otras propuestas pensadas para modernizar el programa, ya ha dejado una historia para seguir de cerca.

Quimcy Dsouza se quedó a un paso de la final en individuales femeninos, tras caer en una semifinal extenuante ante la indonesia Sumaya. Ganó el primer set, vio cómo la rival remontaba y terminó cediendo en tres parciales muy disputados. La derrota duele, pero abre la puerta a algo histórico: Dsouza jugará por el bronce y tiene en sus manos la posibilidad de lograr la primera medalla de India en teqball en unos Juegos Asiáticos.

En un certamen que presume de dinamismo y espectáculo con sus nuevas disciplinas, ese partido por el tercer puesto puede convertirse en uno de los momentos fundacionales de un deporte emergente en el país.

Un calendario cargado y nombres propios

Desde la mañana del domingo, con el triatlón masculino repartiendo el primer oro de los Juegos, la maquinaria de Aichi-Nagoya no se detendrá: 469 títulos en juego en más de 40 deportes hasta el 4 de octubre. India ha afinado su lista, reducida pero más selectiva, con la idea de elevar la eficacia competitiva.

Los focos internos apuntan a nombres como PV Sindhu, Mirabai Chanu y la propia Manu Bhaker, entre otros, llamados a sostener la ambición de un país que ya no se conforma con ser comparsa en Asia. Menos volumen, más puntería. Esa es la apuesta.

La presión se reparte: el hockey masculino llega con la obligación de defender el título, cricket y kabaddi con el peso de mantener la hegemonía, mientras que en los deportes emergentes la misión es abrir camino. Al mismo tiempo, la delegación se mueve entre hoteles, cabañas y un crucero que se ha convertido en símbolo de estos Juegos “austeros”.

Nagoya ya ha encendido la llama. Ahora falta saber si India sabrá transformar el ruido, las incomodidades y las soluciones de emergencia en combustible competitivo. Porque, con el listón de Hangzhou aún muy presente, la verdadera pregunta no es cuántas medallas caerán, sino si esta versión más compacta de la delegación india será capaz de demostrar que, en Asia, su techo todavía está por definirse.