Hridoy y su récord de 350* en el cricket
En Potchefstroom, un lugar que ya conocía como escenario de gloria, Towhid Hridoy volvió a escribir su nombre en grande. Allí donde levantó la ICC Under-19 World Cup en 2020, el bateador bangladesí firmó ahora una de las entradas más descomunales en la historia del cricket de su país: 350* contra South Africa A. Un maratón de runs, un récord y, sobre todo, un recordatorio incómodo para los encargados de seleccionar el equipo nacional.
Paradójicamente, Hridoy ni siquiera estaba en los planes iniciales para esta gira. Se subió al avión rumbo a Sudáfrica casi como solución de emergencia. Lesiones, problemas de visado, huecos que había que llenar a toda prisa: así aparecieron en la lista nombres como Nurul Hasan, Rishad Hossain, Mohammad Saifuddin… y él. No era el viaje soñado. Era un parche.
Por eso, cuando le preguntaron en el aeropuerto de Dhaka qué esperaba de la serie de Bangladesh A en Sudáfrica, no habló de red-ball, ni de Test cricket, ni de revancha personal. Habló de otra cosa.
Un viaje con la vista puesta en el blanco
Hridoy tenía claro su objetivo: usar estos días como preparación para lo que viene con la selección absoluta. El calendario marca una gira de Bangladesh en Sudáfrica en noviembre, con partidos en todos los formatos, y una serie de white-ball ante los Proteas que asoma como antesala del ODI World Cup del próximo año.
“La preparación es muy importante y, como tenemos una gira con la selección y el World Cup (ODI), intentaré prepararme para eso”, dijo a los periodistas antes de cruzar la puerta del aeropuerto.
Nada de discursos sobre consolidarse en Tests. Nada de promesas grandilocuentes. No es casual. Hridoy sabe lo que es esperar… y salir perdiendo.
Debutó con Bangladesh en white-ball, esperó más de tres años para tener por fin su oportunidad en Test cricket y, cuando al fin llegó, duró apenas tres días. Un solo Test, el segundo del tour ante Zimbabwe en Harare, un rendimiento discreto y puerta cerrada. De inmediato. Sin red de seguridad, sin margen de error.
Un talento encasillado
Desde entonces, el relato en torno a Hridoy ha sido casi siempre el mismo. Para muchos, se le subió demasiado pronto al escenario de Test cricket. Otros apuntan a su técnica, a su aparente perfil de especialista en white-ball. Entre analistas y exjugadores, pocos levantaban la mano para defender su hueco estable en el equipo de rojo.
La teoría oficial del panel de selección suena bien sobre el papel: entrar en la selección nacional es difícil, pero quien logra hacerlo, en cualquier formato, tendrá suficientes oportunidades para demostrar su valor. En la práctica, el caso Hridoy desmiente esa promesa. Él fue la excepción que confirma la regla… en el peor sentido.
Por eso, cuando ahora le preguntan por su futuro en el cricket de cuatro días, se protege. No vende ilusiones. No reclama nada.
“Esto no depende del todo de mí. Como jugador profesional, siempre quiero hacerlo bien, lo he dicho muchas veces antes. Cuántos partidos jugaré con la selección dependerá de los selectores. Si tengo la oportunidad, intentaré hacerlo bien”, explicó tras su monumental entrada, cuando la conversación giró inevitablemente hacia el red-ball.
350* y un récord que no se puede ignorar
Los números, sin embargo, hablan mucho más alto que cualquier declaración medida. Con sus 350* frente a South Africa A, Hridoy se convirtió apenas en el tercer bateador bangladesí en lograr un triple siglo en first-class cricket. Y no se quedó ahí. Superó los 334* de Tamim Iqbal y los 313* de Raqibul Hasan para firmar la mayor puntuación de un bateador de Bangladesh en este formato.
No fue una entrada de adorno. Fue una demostración de concentración, resistencia y control. Una respuesta silenciosa a todos los que lo etiquetaron como jugador limitado al white-ball. Cada run añadía presión a un debate que los selectores tendrán que afrontar tarde o temprano.
Porque ahora, antes de la próxima serie de Tests de Bangladesh, el nombre de Hridoy ya no es una sugerencia atrevida. Es un tema obligado en la mesa de discusión. Su 350* contra South Africa A no es una estadística más: es un argumento.
El verdadero desafío: la confianza
El reto, sin embargo, va más allá de incluir su nombre en una lista de convocados. No se trata solo de “hacerle hueco” en el plantel de Tests. El desafío real para Bangladesh es otro: convencerle de que esta vez no será un pasajero de un solo viaje. Que no volverá a ser descartado tras un mal partido. Que el sistema está dispuesto a sostenerle, no a soltarle a la primera.
Curiosamente, la aparente indiferencia de Hridoy hacia su futuro en el red-ball terminó jugando a su favor. Sin la carga mental de pensar en su regreso a Tests, sin la ansiedad de impresionar a toda costa, pudo expresarse con libertad en el medio. Atacó cuando tocaba, aguantó cuando el juego lo exigía, y convirtió una oportunidad improvisada en un hito histórico.
En Potchefstroom, el escenario donde un día levantó una copa mundial sub-19, Hridoy levantó ahora otra cosa: una pregunta incómoda para el cricket bangladesí. ¿Cuántas veces más puede ignorar un talento que ya ha demostrado que también sabe vivir en el largo aliento del juego?






