Hrgovic-Itauma: título mundial en juego entre veterano y joven
En un rincón, el hombre que no se cansa de repetirlo: “Soy el hombre”. En el otro, el joven que aspira a reescribir la historia de los pesos pesados sin perder una sola sílaba en charlas vacías. El sábado, en el O2 Arena de Londres, Filip Hrgovic y Moses Itauma se juegan el vacante título mundial del peso pesado de la IBF. Y lo que empezó como un cruce de generaciones ya se ha convertido en algo más personal.
“Lo mandaré de vuelta al instituto”
Hrgovic, 34 años, llegó a la rueda de prensa del jueves fiel a su papel. Desenfadado, sin camiseta al principio, dejándose abanicar por un miembro de su equipo en el peculiar escenario de Studio 338, un local más acostumbrado a noches de música electrónica que a la tensión de un campeonato mundial.
Cuando tomó el micrófono, no rebajó el tono que ha marcado toda la previa. “Creo que es un niño, no es lo bastante maduro. Yo soy el hombre. Estoy en una edad mucho mejor, con mucha más experiencia. Eso es todo”, soltó, sin rodeos.
Y remató el mensaje que lleva repitiendo toda la semana: “Voy a destrozar a ese chaval el sábado y lo mandaré de vuelta al instituto”.
El croata, bronce olímpico y con un extenso palmarés amateur, solo ha perdido una vez como profesional, ante Daniel Dubois en 2024, una derrota que se niega a aceptar como un auténtico tropiezo. “Nadie me ha noqueado en toda mi vida”, recordó. “Solo me paró Dubois por los cortes y estaba en una forma terrible por enfermedad”.
No habla de “mind games”. Niega estar jugando con la cabeza de Itauma. “Solo digo lo que pienso”, insiste. Pero cada frase va dirigida al mismo punto: remarcar que enfrente ve a un “crío”.
Itauma, el “chaval” que quiere ser campeón… sin entrar al juego
Moses Itauma, 21 años, invicto y con 12 nocauts en 14 peleas, escucha. Aguanta. Mantiene el gesto serio mientras el veterano dispara dardos. En la teoría, debería estar acostumbrado. En la práctica, reconoce que tanta insistencia con lo de “niño” empieza a calarle.
Las provocaciones le han “empezado a molestar”, admitió el pesado de Chatham. Pero no piensa regalarle una guerra dialéctica.
“Al final del día, hablar es barato. Es charla de colegiales”, respondió, minimizando el impacto de los ataques. Su mensaje es simple, casi seco: “La actuación perfecta será ir un par de asaltos y cerrar el trabajo. Mismo guion, historia diferente”.
Hrgovic se rió al oírlo. No cree en esa película. “Ya veremos, tío. Nadie me ha noqueado nunca”, repitió, aferrado a su resistencia como un escudo de orgullo.
Un cara a cara helado en un local de fiesta
El contraste entre el escenario y la tensión fue llamativo. Studio 338, en la península de Greenwich, suele vibrar con bajos electrónicos, no con amenazas de nocaut. Pero el ambiente se fue cargando a medida que ambos subieron al escenario.
Hrgovic apareció con media hora de antelación, relajado, casi en modo prefiesta. Itauma, en cambio, llegó minutos antes del inicio, más contenido, con ese punto de nervio que delata que el combate ya le está dando vueltas en la cabeza.
Cuando los juntaron en el cara a cara, la cordialidad desapareció. Miradas fijas, cero sonrisas. El joven no apartó la vista. El veterano tampoco. La escena duró apenas unos segundos, pero bastó para elevar el pulso del sábado.
Tras bajar del escenario, Hrgovic se tomó con sorna otra de las pullas de Itauma, que había asegurado que el croata tembló en un anterior cara a cara. “Mirad cuánto estoy sudando. Mirad lo asustado que estoy”, ironizó ante los periodistas, sin perder el personaje.
El combate de la vida… para los dos
“Es la pelea más grande de mi vida”, reconoció Hrgovic, ya con camisa desabrochada, cuando le preguntaron por lo que significa este título de la IBF. No es solo un cinturón: es una segunda vida deportiva para un púgil que se ve en su plenitud y que no acepta que un veinteañero pueda saltarse la fila.
Por eso cuestiona incluso la preparación de su rival. Duda de su forma física. Busca, una y otra vez, una reacción que no llega.
Itauma, algo agitado por momentos, sigue resistiéndose a morder el anzuelo. “Yo, poniéndome delante de una cámara y un micrófono para decir lo que voy a hacer, no significa mucho”, zanjó. “No intento entrar en un toma y daca. Mis ojos están solo en el sábado”.
Un veterano que se siente “el hombre”. Un joven que quiere convertirse en el segundo campeón del mundo del peso pesado más joven de la historia, solo por detrás de Mike Tyson. Entre ambos, un cinturón vacante, un O2 Arena expectante y una pregunta brutal en el aire:
¿se impondrá la experiencia… o el “chaval” hará que Hrgovic se trague cada palabra?






