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Lewis Hamilton y Charles Leclerc resuelven tensiones antes del desafío del Madring

Lewis Hamilton y Charles Leclerc han pasado, en apenas dos semanas, de rozar el desastre interno en Ferrari a sentarse cara a cara para desactivar una tensión que amenazaba con incendiar el garaje más observado de la Fórmula 1.

En Monza, en la casa de Ferrari, Leclerc empujó a Hamilton a la grava en la primera chicane. El británico salvó el coche, pero no el resultado soñado: solo sexto en la meta. Dos vueltas después, el monegasco acabó contra el muro. El colofón a un fin de semana que ya venía cargado tras el rifirrafe por radio en Zandvoort, cuando Leclerc se negó a dejarle paso.

Esta vez, no hubo silencios incómodos ni reproches a través de la prensa.

“Nos sentamos cara a cara, solo él y yo, y hablamos”, explicó Hamilton. Sin rodeos. Sin intermediarios. “Fuimos abiertos y honestos, y lo zanjamos. Podemos seguir adelante. Eso demuestra su madurez”.

Leclerc, igual de directo, reconoció su error en la maniobra de Monza: “Es bastante claro que nunca queremos ver un coche del mismo equipo en la hierba. Después de revisar todo, hablamos con Lewis. Sé que fui demasiado lejos en la curva 2 y se lo dije. Está muy claro lo que debemos hacer o evitar a partir de ahora”.

No quiso entrar en detalles, pero sí marcó una línea roja: la relación personal no se toca. “No afectó a la buena relación que tenemos y no afectará a nada en el futuro. Eso es lo más importante para mí”.

El contexto no ayudaba. Monza, tifosi, Ferrari. El peor escenario posible para una pelea interna.

“Si hay una carrera en la que no quieres que pase eso, es en Monza. Cuando ocurre en casa, el lío fuera es enorme”, admitió Leclerc, molesto también porque toda la atención se centrara en ellos dos: “Ha habido fricciones entre otros compañeros, y al final solo se habla de Lewis y de mí. No creo que sea del todo justo. Pero eso no significa que lo hiciéramos todo perfecto”.

Hamilton, por su parte, amplió el foco. Más allá de los duelos rueda a rueda, ve un problema estructural en Ferrari: tres fines de semana seguidos con clasificaciones por debajo de lo esperado.

“Se trata de asegurarnos de que ejecutamos bien para lograr el mejor resultado para el equipo”, subrayó. “En lugar de trabajar uno contra el otro y acabar cuartos y quintos, quizá podamos trabajar juntos, subir al podio y sumar más puntos”.

El británico no vende soluciones mágicas. “Es un proceso a largo plazo. No es algo que podamos cambiar de un fin de semana a otro. Hay muchísimas piezas en movimiento, mucha gente, una cultura que lleva ahí muchísimo tiempo, y mover piezas grandes no es tan fácil”.

La presión, sin embargo, no va a bajar. Hamilton lo sabe. Leclerc también. “Los dos queremos ganar igual, y queremos hacerlo bien para el equipo”, resumió el siete veces campeón. Y con dos pilotos tan parejos en ritmo, los encontronazos parecen cuestión de probabilidad más que de intención.

El Madring, un nuevo monstruo para domar

Todo este ajuste interno se cocina mientras la Fórmula 1 se prepara para adentrarse en territorio desconocido: el nuevo Madring, un híbrido de circuito urbano levantado en el complejo de Ifema, junto al aeropuerto de la capital española.

Hamilton no se anduvo con rodeos al describirlo: “Es un circuito tremendamente exigente. De todos los trazados nuevos a los que he ido, este y quizá Arabia Saudí son los dos más difíciles en cuanto a dominar el coche y encontrar las trazadas”.

La comparación no es casual. El Madring mezcla muros cercanos, cambios de velocidad bruscos y un margen de error mínimo. George Russell, piloto de Mercedes, lo definió con crudeza: “Es un circuito loco. Probablemente uno de los más arriesgados de todo el calendario”.

El inglés desgranó el reto: curvas de alta velocidad estilo Jeddah, muros pegados, y zonas de frenada donde se entra muy rápido y se gira mientras se pisa el pedal. El cóctel perfecto para un error de bloqueo de neumático y un impacto directo con el muro. “Va a ser muy desafiante para nosotros como pilotos. La carrera será complicada para adelantar, así que en general no es un trazado fácil”.

Russell llega, además, con una montaña que escalar. Está 66 puntos por detrás de su compañero Kimi Antonelli, después de la histórica victoria del italiano en Monza saliendo desde la 19ª posición de la parrilla. Un golpe sobre la mesa que ha cambiado el tono del campeonato.

El británico no se engaña: “Necesitaría algo de suerte y buenas actuaciones. No es algo en lo que esté pensando demasiado, porque él está rindiendo mejor que yo y merece liderar el campeonato”.

Quedan nueve o diez carreras, con incertidumbre incluso sobre el final de la temporada, pero la tendencia es clara. “Todavía queda mucho camino, pero él no ha tenido un mal fin de semana en cuanto a rendimiento. Está rindiendo de forma excepcional. Yo estoy mejor, pero si quiero ganar este campeonato voy a necesitar algo de suerte. No es mi foco. Mi foco es conducir más rápido y encontrar más rendimiento”.

En el otro lado del box, Antonelli pisa el freno a cualquier triunfalismo. No quiere que la palabra “título” le condicione.

“No quiero pensar en el campeonato”, aseguró. “Monza fue la prueba de que no estaba conduciendo pensando en eso. Solo pilotaba para ganar, para hacer lo mejor posible. Esa es la mentalidad”.

El italiano no esconde lo que supuso la victoria: “Hasta ahora, el mejor día de mi vida y uno que recordaré para siempre”. Pero también sabe que vivir en ese recuerdo es peligroso. Por eso, al día siguiente ya estaba subido a un kart con Mercedes.

“Ir a karting el lunes me ayudó a volver a la tierra, a tocar de nuevo el suelo. Fue un buen día, divertido con el equipo. También fue una forma de recordarme de dónde vengo y todo el camino recorrido”.

La presión, lejos de aplastarle, parece afilarle. “Intento abrazarla lo máximo posible. Intento verla como algo positivo, como una oportunidad. Eso es lo que me ayuda a mantener la calma en situaciones difíciles”.

Ferrari intentando recomponer su química interna. Mercedes lidiando con un nuevo líder emergente y un veterano que no se rinde. Y el Madring, esperando, estrecho y sin perdón, dispuesto a dictar quién está realmente preparado para este nuevo tramo de la temporada.