Haaland y el VAR: ¿Decisión Errónea en el Etihad?
El rugido del Etihad se quedó a medias cuando el asistente levantó el banderín. Erling Haaland acababa de clavar el balón en el techo de la portería desde un ángulo imposible, a la hora de partido, pero la celebración se congeló en seco. Offside. O eso pareció.
Un par de segundos después, la realidad del fútbol moderno: pausa, miradas al videomarcador, nervios. El VAR entraba en escena.
Haaland habilitado… por una bota
La repetición desnudó la jugada. Un centro raso desde la izquierda cruzó el área pequeña, se envenenó tras tocar en Patrick Dorgu y la defensa de Manchester United quedó descolocada. La bota del lateral, estirada al límite para interceptar el envío, habilitó a Haaland. El noruego, letal como casi siempre, fusiló sin piedad.
El gol, inicialmente anulado, terminó subiendo al marcador. La decisión se apoyó en la posición del temible ‘9’ de City, pero abrió una grieta mucho más profunda en el debate arbitral: la influencia de Enzo Fernández en la jugada.
Enzo, siempre en fuera de juego… y lanzándose al balón
El argentino, campeón del mundo, nunca llegó a ponerse en posición legal. Se situó como el jugador más adelantado de City y, cuando el balón cruzó el área, se lanzó en plancha para intentar cabecearlo. No lo tocó, pero su gesto fue tan evidente como agresivo: un intento claro de intervenir en la acción, a escasos metros de la portería.
Lisandro Martínez lo leyó al instante. El central argentino de United dio un paso hacia Fernández, consciente de que podía llegar un remate a la desesperada. En ese movimiento, dejó a Haaland libre a su espalda. Tenía que elegir. Eligió al compatriota que se tiraba en plancha. El noruego apareció como un fantasma por detrás.
Los árbitros, con el VAR al mando, concluyeron que el gol era válido. No consideraron que Fernández interfiriera en la jugada pese a su intento desesperado de cabecear.
“No puede ser más sencillo”
La decisión desató una tormenta. Gary Neville, leyenda de United y comentarista en Sky Sports, ya había anticipado que llegaría una disculpa. Habló de “una decisión claramente errónea” en un partido de máxima exposición. Y no tardaron en sumarse más voces.
Michael Owen, ahora embajador de Casino.org y presentador de “Match Officials Mic’d Up” junto al jefe arbitral Howard Webb, fue tajante en declaraciones a GOAL al analizar la jugada: ha estado dentro del centro neurálgico del VAR, conoce la presión, sabe que no es un trabajo fácil. Pero esta vez, para él, no había margen de interpretación.
“Es de las decisiones más sencillas que vas a ver”, vino a decir. Recordó que el asistente señaló inicialmente fuera de juego de Haaland, algo que, a su juicio, condicionó toda la revisión: el VAR se centró en trazar líneas sobre el noruego, comprobó que estaba habilitado por la bota de Dorgu… y ahí se quedó el análisis.
Lo que Owen no comprende es cómo, en ese proceso, nadie detuvo el juego por la posición y el movimiento de Fernández. El argentino no se limitó a estar en fuera de juego; se lanzó a por el balón en un intento de remate en plancha. Para el exdelantero, no hay nada más evidente que eso: si un jugador se tira de cabeza a un metro del balón, está intentando jugarlo. Y si está adelantado, la infracción es clara.
Carrick, perplejo con el sistema
Michael Carrick, técnico de United, salió después del 1-0 con una mezcla de incredulidad y frustración. Su equipo había jugado más de 65 minutos con un hombre más tras la expulsión temprana de Phil Foden, sancionado por una patada en el estómago de Bruno Fernandes tras un forcejeo. Ni con esa superioridad numérica logró rascar un punto.
Para el entrenador, lo que más inquieta no es solo la jugada en sí, sino el mensaje que deja. Señaló el contraste entre la cantidad de recursos que se han puesto al servicio del arbitraje —pantallas, salas, equipos completos revisando cada detalle— y el desenlace de una acción tan clara, a su juicio, como la de Fernández lanzándose al balón a seis metros de la portería.
Si eso no se considera interferir en el juego, advirtió, la interpretación actual del reglamento abre un escenario preocupante. No hablaba de matices tácticos, sino de la esencia de lo que se entiende por participar en una jugada.
Pro Ref admite el error
El desenlace institucional confirmó las sospechas. Tal y como había pronosticado Neville, Pro Ref emitió un comunicado tras el encuentro. El organismo explicó que, al no tocar Fernández el balón, la infracción por fuera de juego pasaba a ser “subjetiva”. Sin embargo, reconoció que el VAR no valoró adecuadamente el impacto de la posición del argentino y que debió recomendar una revisión en el monitor al árbitro principal.
El mensaje fue directo: se había cometido un error de juicio. Pro Ref informó de que ya se había puesto en contacto con Manchester United para admitir la equivocación y anunció una revisión interna del incidente.
Para United, eso llega tarde. El partido ya está perdido, los puntos se han esfumado y la sensación de agravio se instala en un vestuario que vio cómo su rival, con diez jugadores durante más de una hora, se marchaba con la victoria.
Un VAR bajo sospecha
La jugada de Haaland y Fernández no es un caso aislado. La temporada apenas ha arrancado y el VAR ya se ha colocado, otra vez, en el centro del debate. Decisiones inconsistentes, criterios cambiantes, explicaciones que no terminan de convencer a técnicos, futbolistas ni aficionados.
Owen se suma a una corriente cada vez más amplia que reclama algo básico: claridad y coherencia. No se trata solo de tecnología, sino de cómo se aplica, de cómo se interpreta el reglamento y de cómo se protege el espíritu del juego.
En el Etihad quedó una imagen poderosa: un delantero que no falla, un defensa que duda una décima de segundo, un compañero en fuera de juego lanzándose en plancha y un equipo entero que se marcha a casa con la sensación de que el partido se decidió, otra vez, en una sala llena de pantallas. La pregunta ya no es si el VAR ayuda, sino si el fútbol está dispuesto a asumir el precio de decisiones como esta semana tras semana.






