logo

La grandeza silenciosa de Javagal Srinath en el metro

En un vagón de metro cualquiera, entre mochilas, móviles y miradas perdidas, se cuela una lección de grandeza. No viene con escolta, ni con gafas de sol de diseñador, ni con un reloj que grite estatus. Viene en forma de camisa sencilla, metida con cuidado dentro de un vaquero, unos zapatos de cuero básicos y una pequeña trolley agarrada con una mano. El hombre apoyado en la pared es Javagal Srinath.

La escena, captada en una foto y compartida en LinkedIn, ha incendiado las redes: miles de “me gusta”, cientos de comentarios, y una sensación compartida de respeto silencioso. El texto que acompaña la imagen lo resume con precisión: “Simplicity at Its Best! Un hombre que tomó 315 wickets en ODI y 236 en Test, el único lanzador rápido indio en superar la barrera de los 300 wickets en ODIs, que representó a India en cuatro Copas del Mundo — 1992, 1996, 1999 y 2003 — está de pie, en silencio, en un vagón de metro. La verdadera grandeza nunca necesita hacer ruido”.

No hay chofer, no hay caravana de coches, no hay ostentación. Solo un ex jugador que fue el pilar del ataque rápido de India durante más de una década, viajando como cualquier ciudadano. En tiempos en los que muchos deportistas posan junto a Lamborghinis, lucen Rolex en cada foto y exhiben vacaciones de lujo con una lista de logros bastante más corta, la imagen golpea distinto. Duele y enseña a la vez.

Porque el contraste es brutal. Hay quienes han ganado poco en el campo, pero construyen una marca personal a base de brillo y filtros. Y está Srinath, con 315 wickets en ODI, 236 en Test, cuatro Copas del Mundo a sus espaldas, el respeto de rivales y compañeros, y una vida que no necesita escaparates. Ese es el modelo que cala en el aficionado de verdad. El que habla de valores tanto como de estadísticas.

La grandeza de Srinath no se mide solo en números. Se percibe en su manera de entender el juego. Con los años se ha convertido en uno de los defensores más firmes del Test cricket, esa versión larga que muchos dan por vieja, pero que él sigue considerando esencial. No se cansa de repetirlo a las nuevas generaciones: si quieres ser completo, empieza por ahí.

En un acto reciente, lo explicó con la claridad de quien ha vivido todas las versiones del deporte: el IPL tiene su importancia, pero no basta. Para él, el cricket necesita profundidad, y esa profundidad se llama Test cricket. Cinco días, desgaste mental, físico y técnico. Lo define como la “madre de todo el cricket”, y no es una frase lanzada al aire: resume una filosofía.

Su argumento es directo. Un jugador que domina el Test cricket puede adaptarse con mayor facilidad al T20. Entiende ritmos, lee condiciones, sabe gestionar la presión durante sesiones interminables. En cambio, quien solo conoce el formato corto sufre cuando se enfrenta a la exigencia brutal de un Test. No es lo mismo vivir a base de ráfagas que sostener un esfuerzo durante días.

Por eso insiste: hay que aferrarse al formato largo. Construir la base ahí, en el juego que exige paciencia, carácter y técnica. Desde esa plataforma, sí, se puede saltar al T20, al espectáculo, a las noches de luces y música. Pero sin olvidar de dónde viene la esencia del deporte.

La imagen de Srinath en el metro encaja a la perfección con ese discurso. Un hombre que lo ha ganado casi todo en el campo, que podría presumir sin pedir permiso, elige la discreción. No necesita un coche de lujo para demostrar quién fue. Le basta con un billete de metro y una trayectoria que habla sola.

Mientras el cricket se debate entre el negocio del corto plazo y la preservación de su alma, figuras como Srinath recuerdan una verdad incómoda: el brillo que dura es el que se construye despacio. Como un buen hech de Test, lanzado una y otra vez en la misma zona, hasta que el bateador comete el error. La pregunta es si la nueva generación está dispuesta a esperar tanto.