Gran Premio de Italia: Tensión en Monza entre Mercedes y Ferrari
El Gran Premio de Italia arrancó con el tipo de tensión que solo Monza sabe fabricar. Dos gigantes bajo el microscopio, Mercedes y Ferrari, un ídolo local al frente del campeonato y un título aún abierto a base de fe, evolución y algo de valentía estratégica.
En Mercedes, Kimi Antonelli llega como líder del mundial y como el primer italiano en hacerlo en casa en más de 70 años. Un hito histórico… con trampa: arrastra sanción en parrilla. Al otro lado del box, George Russell huele sangre. Sabe que este puede ser el fin de semana que reenganche su candidatura al título, justo cuando su compañero está condicionado.
En Ferrari, la ecuación es distinta pero igual de cargada. Monza no es solo una carrera, es un examen emocional. Y este año, con opciones todavía remotas pero vivas de pelear el campeonato, cada vuelta pesa el doble.
El viernes dejó ya ganadores y perdedores claros.
Ganador: el nuevo motor de Ferrari (2.º y 5.º)
El gran tema del paddock era el segundo paquete de actualización ADUO de Ferrari. No es un salto al vacío, es un intento calculado de limar un déficit de potencia que Monza desnuda sin piedad. Y las primeras señales invitan al optimismo.
Charles Leclerc terminó segundo en los Libres 2, a solo 0,120 segundos del mejor tiempo de Russell, y con un ritmo de tanda larga muy competitivo. Hay matices importantes: el monegasco lo logró con el compuesto blando de Pirelli, mientras los Mercedes rodaban con duros, igual que el rapidísimo Red Bull de Liam Lawson.
Es viernes, no el día de las verdades absolutas. Pero sí el día en que se intuye si una mejora funciona o no. Y Ferrari, en un circuito que castiga cada caballo que falta, no se vio desnudado. Justo lo que buscaba.
El plan nunca fue borrar de un plumazo la desventaja de motor, sino reducirla a un margen manejable. Con los dos pilotos usando ya la especificación nueva, el mensaje para el Tifosi es claro: la evolución empuja en la dirección correcta, aunque el muro rojo sepa que el juicio real llegará el sábado por la tarde.
Perdedor: el último motor de Honda (19.º y 22.º)
Fernando Alonso avisó el jueves: Monza sería un test más honesto del progreso de Honda que Zandvoort, donde el motor renovado debutó. Tenía razón. Y el primer veredicto es incómodo.
En este trazado, la potencia manda. Aquí no hay dónde esconderse. Honda lo sabía. El responsable de pista y jefe de ingeniería, Shintaro Orihara, ya pedía ser “realista” y admitía que el fin de semana sería “un reto para la unidad de potencia”.
La pista lo confirmó. Aston Martin y Honda se vieron empujados al fondo de la tabla, con Alonso y Lance Stroll rodeando a los Cadillac y, en ritmo puro, a más de un segundo del siguiente coche más lento, si se descuenta el Haas de Esteban Ocon.
No es solo una mala foto de viernes. Es el tipo de imagen que, en un circuito de motor como Monza, duele especialmente en la sala de diseño del fabricante.
Ganador: George Russell (1.º)
El jueves, Russell jugaba al despiste: “No sé si podemos decir que somos favoritos este fin de semana, pero probablemente tenemos una oportunidad mayor que en las dos últimas carreras, donde ha importado menos la unidad de potencia y más el chasis. Está todo tan apretado que esa última décima en clasificación puede cambiar un podio”.
Veinticuatro horas después, se convirtió en el piloto a batir.
Tras ceder tres décimas frente a Ferrari en los Libres 1, Russell dio la vuelta al guion en los Libres 2 y encabezó la sesión, de nuevo con Leclerc pegado a 0,120 segundos. En un circuito de baja carga, donde la eficiencia y la tracción mandan, el paquete de Mercedes brilló.
Russell, además, tiene un aliado peculiar: su propio rival por el título. Antonelli, sancionado, será una referencia útil en clasificación, especialmente en la Q3, cuando cada rebufo cuenta y cada metro puede decidir una fila en parrilla.
Queda la incógnita de cuánto rendimiento extra esconde ese ADUO 2 de Ferrari y el hecho de que el motor Mercedes de Russell ya acumula kilómetros y fatiga. Pero el inglés ha empezado el fin de semana pisando fuerte, con la sensación de que el margen de maniobra está de su lado.
Perdedor: Red Bull (9.º y 12.º)
Hace no tanto, el nuevo contrato de Max Verstappen con Red Bull se presentó bajo un paraguas de optimismo compartido. Proyecto, estabilidad, ambición. Hoy el contexto es otro: ni el equipo ni el piloto se ven candidatos al título y los destellos que han tenido han dependido de la genialidad del cuatro veces campeón del mundo.
Desde el anuncio previo a Zandvoort, el cuadro de rendimiento se ha ido ensombreciendo. Sexto en la sprint en Países Bajos, accidente en el Gran Premio, y ahora un viernes en Monza plagado de quejas.
En los Libres 2, Verstappen habló de falta total de carga aerodinámica, de la necesidad de cambiar el alerón, de ausencia de agarre en curvas lentas, de frenos que no respondían y de un coche que “saltaba” sobre el eje delantero. Una lista de síntomas propia de un monoplaza desajustado, no de un aspirante a ganar en el templo de la velocidad.
El neerlandés ha acostumbrado al paddock a remontadas imposibles y domingos de épica. Esta vez, sin embargo, la sensación es distinta: quizá haga falta otra actuación descomunal, pero no para luchar por la victoria, sino para sacar a Red Bull del corazón del pelotón.
Ganador: Ollie Bearman (8.º)
Haas ha estrenado en Monza su mayor paquete de mejoras de 2026. Y lo ha hecho, de forma completa, en un solo coche: el de Ollie Bearman.
El británico respondió como se espera de un piloto que quiere quedarse mucho tiempo en la parrilla. Aprovechó la nueva carrocería y el motor Ferrari —que su compañero Ocon aún no tiene— para firmar un octavo puesto en los Libres 2, a solo ocho décimas del tiempo de Russell y a dos centésimas del Racing Bulls de Arvid Lindblad.
“Probablemente ha sido nuestro mejor viernes desde marzo o por esas fechas”, valoró Bearman. El equipo necesitaba un impulso anímico tras seis grandes premios consecutivos sin puntos. Lo encontró.
El piloto matizó su entusiasmo: la mejora le da más carga en curva y más confianza, pero el sábado será un juego de rebufos y colocación en pista. Añadió que el coche es algo más draggy que el de sus rivales, más resistente al avance en recta, aunque el salto global es enorme.
Hoagy Nidd, jefe de ingeniería de chasis de Haas, no lo disimuló: “Es una mejora enorme. Hemos actualizado todo el chasis. Prácticamente toda la carrocería desde detrás del cockpit hacia atrás”. Para un equipo que venía de una racha negra, que Monza se convierta en uno de sus viernes más sólidos del año no es un detalle menor. Es una señal de vida.
Perdedor: Esteban Ocon (18.º)
El reverso de la moneda en Haas lo encarna Esteban Ocon. Tiene la nueva carrocería, pero no el nuevo motor Ferrari, atrapado en una peculiaridad del reglamento técnico de la F1 sobre pasos adicionales de homologación de unidades de potencia.
El resultado fue una jornada gris. Más de un segundo por detrás de Bearman en los Libres 2, sin ritmo para asomarse al top 10 y con tráfico en sus vueltas de empuje, el clásico castigo de Monza cuando el timing no acompaña.
Nidd rebajó la importancia del motor en la diferencia de tiempos y apuntó a las circunstancias de pista y al propio programa de trabajo como parte de la explicación. Pero el contraste interno es innegable: mismo coche a nivel aerodinámico, sensaciones muy distintas en la tabla.
Monza ha dictado ya un primer veredicto sobre las armas de cada uno. El sábado pondrá precio a cada décima y el domingo dirá quién convierte estas señales tempranas en puntos… y quién sale de Italia con más dudas que respuestas.






