Filip Hrgovic se consagra campeón mundial al frenar a Moses Itauma
Filip Hrgovic salió de The O2 con algo más que un cinturón. Salió como el primer campeón mundial de los pesos pesados de Croacia y con la sensación de haber sobrevivido a una noche que, por momentos, se le escapaba entre las manos.
Frente a él, Moses Itauma, 21 años, invicto hasta entonces, el chico del que todos hablaban. Durante seis asaltos, pareció justificar cada palabra del bombo.
Un inicio de tormenta
Desde la campana inicial, Itauma se adueñó del ring. Rápido, preciso, imprevisible. Sus manos salían como latigazos que Hrgovic apenas veía venir. El croata lo admitió sin rodeos: “Estaba perdiendo todos los asaltos. El chico es increíble, era tan rápido que no ves sus golpes venir”.
El británico encadenó una serie de golpes limpios, combinaciones fluidas que recordaban a su etapa amateur más brillante, pero con la contundencia de un profesional que había arrasado a sus rivales a base de nocauts tempranos. Hasta el sexto, el combate tenía un dueño claro.
Sin embargo, algo empezó a cambiar.
El tanque de Itauma se vacía
La pelea cruzó una frontera simbólica en el séptimo asalto. Por primera vez en su carrera, Itauma se veía más allá de los seis rounds. Y su cuerpo lo notó.
Hrgovic lo leyó desde el principio: “Desde el primer asalto vi que se estaba cansando, seguía boxeando como un amateur. Es inexperto, vi que se estaba quedando sin aire y supe que mi única oportunidad era estar ahí, hacerlo trabajar, cansarlo y quizá pararlo más tarde. Eso hice”.
Mientras el joven talento empezaba a respirar con dificultad y sus piernas perdían firmeza, el croata, 34 años, endurecido por años de guerra en la élite, seguía avanzando. No necesitó golpes espectaculares. Le bastó con una barbilla de granito y una fe inquebrantable en que el tiempo jugaría a su favor.
Itauma seguía soltando manos, pero cada vez con menos peso, menos convicción. La velocidad seguía ahí, pero el veneno se diluía.
El giro en el noveno
La presión acabó cobrando factura en el noveno asalto. Hrgovic, que había soportado la tormenta inicial, olió sangre. Empezó a castigar con más frecuencia, a imponer su físico y su experiencia. La balanza, que durante media pelea se había inclinado de forma clara hacia el lado británico, se volcó de golpe.
El castigo acumulado, el cansancio extremo y un cuerpo que ya no respondía llevaron a la esquina de Itauma a tomar la decisión más dura: tirar la toalla. El sueño de convertirse en el campeón mundial de peso pesado más joven de la historia de Gran Bretaña se desvaneció en un gesto seco desde la esquina.
Hrgovic, exhausto pero erguido, se convirtió en campeón mundial IBF de los pesos pesados. En Londres, en la casa del prodigio al que acababa de frenar.
“Vine a Londres, a su ciudad, contra el tipo más talentoso de la división y vencí todas las probabilidades. Quiero que se me considere el mejor peso pesado del mundo, y este es mi momento. Soy el mejor. Soy el presente y él es el futuro”, lanzó el croata, sin esconderse.
Del hospital a casa: el susto con Itauma
El final dejó una imagen preocupante. Itauma abandonó el ring en camilla y fue trasladado al hospital como medida de precaución. Una escena que silenció The O2 y recordó a todos la crudeza del negocio.
Horas después, el alivio. El domingo por la mañana, Queensberry Promotions confirmó que el británico había dejado el hospital y estaba de vuelta en casa con su familia. “Moses está bien. Salió del hospital anoche y está de vuelta en casa con su familia”, informó un portavoz.
El promotor Frank Warren explicó la decisión de llevarlo al hospital: “Es lo que siempre hacemos para asegurarnos, porque lo más importante es la salud del boxeador. Está allí y está en el mejor lugar. Veremos qué pasa cuando tenga un informe. Obviamente, se lo haremos saber a todos”.
Warren añadió que Itauma también sufrió un problema en la pierna y subrayó la dureza del combate: “Fue una pelea de ritmo alto, rápida para ambos. Fue de esas de estar al borde del asiento todo el tiempo”.
El futuro de un talento golpeado
La derrota frena, pero no borra, la etiqueta de gran promesa que acompañaba a Itauma. Lo que sí deja claro es el trabajo que le espera. Tendrá que aprender a gestionar los tiempos, a dosificar su energía y a adaptarse a rivales duros, resistentes, que no se doblan al primer impacto como Hrgovic.
Warren fue prudente sobre los próximos pasos: “No sé qué va a decir. Estoy seguro de que es un hombre de pelea. Lo demostró hasta el final. Al final, ese fue el tipo de combate que fue: estaban ahí de pie soltando bombas. Ni siquiera sé cómo se siente mentalmente. Mentalmente va a estar completamente hundido. Tendremos que hablar con él, levantarlo y ver cómo está”.
El promotor dejó claro que no habrá decisiones en caliente: “Va a tomarse un buen descanso. Ni siquiera es momento de hablar de eso con él ahora. Es algo que probablemente haremos en dos semanas o incluso en un mes, y ver por dónde vamos”.
Hrgovic mira a la unificación
Mientras tanto, el nuevo campeón no quiere perder tiempo. Hrgovic, que se ha ganado el derecho a hablar alto, ya ha señalado su próximo objetivo: la unificación.
“Quiero pelear por la unificación contra Dubois o Agit Kabayel. Quiero ir a por la unificación, eso es lo que quiero”, avisó.
Antes, eso sí, le espera una obligación ineludible: el retador obligatorio de la IBF, Frank Sanchez. Otro examen serio para un campeón que acaba de demostrar que, cuando el talento joven se queda sin aire, la vieja escuela todavía sabe cómo cerrar la puerta.






