Ferrari enfrenta caos en Monza mientras Gasly logra pole
Monza esperaba una exhibición roja. Se encontró con dudas, reproches internos y una pole inesperada de Pierre Gasly que dejó a Ferrari y a sus tifosi con una sensación amarga: la oportunidad estaba ahí… y se escapó.
Charles Leclerc y Lewis Hamilton solo pudieron ser cuarto y quinto en la clasificación del Gran Premio de Italia, a dos décimas del sorprendente hombre de Alpine. Demasiado poco para un equipo que jugaba en su propio templo y en un circuito donde el rebufo lo es casi todo.
Rebufos mal gestionados, sesión malgastada
El guion en Monza era claro: coordinar vueltas, ofrecer rebufos, empujar en el momento exacto. Muchos lo hicieron. Ferrari, no.
La sesión ya venía torcida desde antes de Q3. Tanto Leclerc como Hamilton coquetearon con el desastre en Q2. El británico se salvó por el grosor de una hoja de papel: 0,001 segundos sobre Gabriel Bortoleto y su Audi. Un suspiro. Nada propio de un coche que aspiraba a la primera fila.
Hamilton no escondió su frustración. Explicó que su primera vuelta en Q1 había sido fuerte, lo bastante como para guardar neumático, pero el plan se desmoronó después. En Q2 debía seguir la secuencia clásica de gestión de gomas —empujar, enfriar, enfriar, volver a empujar—, pero la coordinación interna falló.
Según el propio Hamilton, la negativa de Leclerc a salir en el momento previsto provocó retrasos en cadena y le dejó con una sola vuelta lanzada real. En un circuito donde el timing lo marca todo, Ferrari jugó con fuego. Y casi se quema.
Problemas de batería y una sesión “desordenada”
Leclerc fue igual de contundente, aunque con otro ángulo: la fiabilidad y la ejecución técnica.
El monegasco reconoció que la clasificación estuvo plagada de problemas. En Q2, un fallo importante en la batería lo dejó a él y al equipo a contrapié. Lograron entender el origen y “medio” corregirlo para Q3, pero el daño ya estaba hecho. Ritmo a trompicones, ajustes a la carrera y una sesión que él mismo definió como “desordenada”.
En Monza, cuando se pelea por centésimas, no hay margen para improvisar. Leclerc lo dejó claro: para ir a buscar las últimas centésimas, el equipo debe rozar la perfección. Ferrari estuvo lejos de eso. Y se notó.
Gasly, la ejecución perfecta en el día clave
Mientras Ferrari se miraba los pies, Pierre Gasly y Alpine firmaron la vuelta del día. No por tener el mejor coche, como subrayó Leclerc, sino por exprimir al máximo lo que tenían en el momento justo.
Leclerc contó que había hablado con Gasly el día anterior sobre las curvas 6 y 7, intercambiando impresiones. Un gesto de confianza entre compatriotas. Veinticuatro horas después, Gasly se marchó con la pole y Ferrari con la sensación de haberle dado demasiada información al hombre equivocado.
El propio Leclerc se mostró genuinamente contento por Gasly, consciente de la dimensión de la sorpresa. Pero su reflexión fue directa: con estos monoplazas, y en pistas como Monza, hacer todo perfecto marca una diferencia enorme. Alpine lo hizo. Ferrari, no.
Un consuelo en la parrilla… y una incógnita para el domingo
Entre tanto golpe anímico, una pequeña concesión del destino: la sanción de tres posiciones en parrilla a Oscar Piastri por estorbar a Liam Lawson en la primera curva. Esa penalización empuja a Leclerc y Hamilton una plaza hacia delante. El resultado: segunda fila completamente roja.
No es la pole soñada. Ni la primera fila que Monza imaginaba teñida de Ferrari. Pero sí un punto de partida todavía respetable para un domingo de 53 vueltas en el que la estrategia, de nuevo, será decisiva.
La cuestión es otra: después de una clasificación mal gestionada en su propia casa, ¿podrá Ferrari demostrar que aprende rápido… o volverá a dejar que otro haga el trabajo perfecto en su lugar?






