logo

Fernando Alonso deslumbra en Mónaco con un Bugatti Veyron único

Lewis Hamilton lució hace unos días su joya más reciente, un Ferrari F40 casi impoluto, en pleno fin de semana de Monza. Un icono, un coche de culto, un mensaje claro de estatus. Pero Fernando Alonso, viejo rival y todavía competidor directo en el escaparate del lujo, ha contestado lejos del paddock, sin focos de televisión, pero con un golpe igual de sonoro: un Bugatti Veyron Grand Sport Vitesse que ya se describe como el más caro jamás construido.

De Monza a Mónaco: otro tipo de duelo

En la pista, Hamilton y Alonso ya hace tiempo que dejaron de cruzarse por las mismas posiciones. El británico pelea por volver a lo más alto con Mercedes; el asturiano exprime cada punto con Aston Martin. Fuera del circuito, sin embargo, siguen rodando en la misma liga: la de los contratos millonarios y las colecciones de coches que parecen museos privados.

Hamilton apareció en Monza con un Ferrari F40 de kilometraje ridículo, un ejemplar tan especial que el propio piloto asegura que el bloque motor coincide con su número de carrera, el 44. Un coche cuya tasación se mueve entre los 3 millones de libras, el precio medio de un F40, y las 6 millones que alcanzó el récord reciente en subasta. Pura artesanía italiana convertida en símbolo de poder.

Alonso, fiel a su estilo, no necesitó un gran premio para responder. No hubo desfile por el pit lane, ni presentación oficial. Simplemente, Mónaco. Calles estrechas, yates al fondo, y de pronto un Veyron Grand Sport Vitesse con carrocería de espejo deslizándose entre escaparates y terrazas.

Un Veyron de otro planeta

El Bugatti Veyron Grand Sport Vitesse que ahora conduce Alonso se fabricó en 2014 y lleva la extravagancia al extremo. La carrocería se terminó con 20 toneladas de aluminio pulido hasta lograr un efecto espejo que no se parece a nada más en la carretera. No es solo un superdeportivo; es un objeto de exhibición.

El coche, como el F40, marcó una época. Cuando el Veyron salió al mercado en 2005, reventó todos los registros: el coche de producción más rápido del mundo, con una velocidad punta de 407 km/h. Detrás de esa cifra hay un monstruo mecánico: motor 8.0 litros W16 con cuatro turbos. Una barbaridad incluso para los estándares de la élite.

Según AutoNext, la unidad que ahora pertenece al español apenas tenía 750 kilómetros recorridos con su anterior propietario y llevaba 27 meses en venta antes de que Alonso se decidiera a incorporarla a su garaje. Dormía en un catálogo. Ahora ruge en las calles del Principado.

Una colección a la altura de un bicampeón

La venta pública más alta de un Veyron ronda los 2 millones de libras. Esa es la referencia. Pero el acabado absolutamente singular del modelo de Alonso invita a pensar en una cifra muy superior, en un rango que se asoma al territorio del F40 de Hamilton. Otro duelo silencioso, esta vez a golpe de subasta potencial.

Para Alonso, este Veyron no es un capricho aislado. Es una pieza más en una colección que ya impresiona por sí sola. A sus 45 años, el asturiano presume de un Aston Martin Valkyrie, uno de los hypercars más extremos jamás homologados para carretera, y de un Pagani Zonda Roadster Diamante Verde único en el mundo. Coches que no solo cuestan fortunas, sino que apenas existen.

Hamilton y Alonso ya no se juegan títulos rueda a rueda. Sus carreras tomaron caminos distintos. Pero cada vez que uno saca a pasear una obra de arte con motor, el otro parece responder. El campeonato puede estar decidido; la batalla por el garaje más espectacular, ni mucho menos.