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El fenómeno Caitlin Clark en la FIBA Women's World Cup

La fiebre por Caitlin Clark ya es un fenómeno mundial. Y las cifras lo confirman.

TNT Sports hizo públicos los datos de audiencia de los tres partidos de la fase de grupos de Estados Unidos en la FIBA Women's World Cup y el impacto es rotundo: el debut ante China promedió 577.000 espectadores; el duelo dramático frente a Italia, que rozó el susto, se disparó hasta 1,3 millones; el cierre del grupo ante Chequia reunió a 1,2 millones de personas frente a la pantalla.

No son solo buenos números. Son históricos. Se trata de los tres partidos más vistos de la historia de la FIBA Women's World Cup y, al mismo tiempo, de los encuentros de baloncesto femenino más seguidos jamás emitidos por TNT Sports.

El mérito no pertenece a una sola jugadora. La selección de Estados Unidos está cargada de estrellas, con talento de élite en cada posición. Pero el patrón se repite una y otra vez: cuando Caitlin Clark está en pista, la aguja de la audiencia se dispara. La WNBA ya lo había demostrado; el torneo FIBA acaba de ofrecer la última prueba.

El dato que falta por conocerse es el del contundente triunfo de Estados Unidos en cuartos de final frente a Hungría. Ese encuentro arrancó a las 5:30 de la mañana en la Costa Este y a las 2:30 en la Costa Oeste, un horario letal para el público estadounidense. Nadie se sorprenderá si esas cifras quedan por debajo de las de la fase de grupos.

El verdadero examen televisivo llega ahora. La semifinal contra España, este sábado a las 14:00 ET, se juega en una franja perfecta para la audiencia norteamericana. Lo mismo ocurrirá con la final del domingo, si Estados Unidos cumple con los pronósticos y avanza. Todo apunta a que los registros volverán a romper techos, empujados por el magnetismo de Clark y el peso específico de una selección que domina y entretiene.

El efecto Clark en la WNBA

Lo que está ocurriendo con la selección tiene un espejo inmediato en la WNBA. El reciente tramo de temporada de Indiana Fever ha sido una exhibición de poder mediático.

El partido entre Indiana Fever y Chicago Sky promedió 3,31 millones de espectadores entre NBC y Peacock. Es una cifra que no se veía desde los inicios de la liga: el encuentro de temporada regular más visto desde el fin de semana inaugural de 1997. Veintisiete años después, el baloncesto femenino vuelve a instalarse en el horario estelar.

Agosto dejó más señales del fenómeno. Un duelo de Fever ante New York Liberty alcanzó una media de dos millones de espectadores y un pico de 2,4 millones. Días antes, el 2 de agosto, el enfrentamiento frente a Minnesota Lynx emitido por ABC reunió a 2,5 millones de espectadores de media.

No son chispazos aislados. Es una tendencia sostenida. Cada vez que Indiana Fever aparece en pantalla, el interés crece, las audiencias suben y el producto se revaloriza. Clark se ha convertido en el gran imán de la liga, sin discusión.

Con este contexto, la recta final de la temporada regular y los playoffs de la WNBA se presentan como una oportunidad histórica. Las previsiones apuntan a nuevos récords de audiencia, tanto para la liga como para las retransmisiones nacionales. Y si Indiana Fever logra encadenar otra carrera profunda en postemporada, con Clark sana y manteniendo su nivel de juego de élite, la pregunta ya no es cuántos registros caerán, sino hasta dónde puede llegar el techo de este boom.