logo

La extraña velada de García y Benn en Las Vegas

En Las Vegas ya empezó la pelea, aunque todavía no haya sonado la campana.

Ryan Garcia convirtió la última rueda de prensa en el T-Mobile Arena en un espectáculo tan caótico como calculado. Gritos, insultos, referencias al dopaje, un huevo duro en plena mesa… mientras al otro lado Conor Benn se aferraba al papel de hombre frío, casi imperturbable, a dos días de disputar el cinturón welter del WBC.

La semana había transcurrido sorprendentemente silenciosa. Hasta que apareció García.

El show de Ryan

El estadounidense, 28 años, uno de los boxeadores más influyentes en redes sociales —más de 13 millones de seguidores en Instagram—, llegó decidido a convertir una simple comparecencia ante los medios en una función de teatro.

No tardó ni unos minutos en sentarse cuando metió la mano en una bolsa, sacó un huevo duro, lo peló con parsimonia y se lo comió entero frente a todos. Silencio incómodo, risas nerviosas, cámaras disparando en ráfaga.

“Él tiene mucha familiaridad con los huevos, así que pensé en comerme uno”, lanzó García, mientras Nigel Benn, padre de Conor, negaba con la cabeza desde la primera fila.

El dardo no era gratuito. En 2022, Benn dio positivo dos veces por clomifeno y el WBC acabó apuntando al consumo elevado de huevos como posible explicación. El campeón aprovechó el recuerdo y lo llevó al extremo. Incluso remató la escena comentando que su huevo estaba “un poco seco” y que no le vendría mal “algo de miel”.

Todo en sintonía con la versión más performativa de García, que este mismo año apareció en Monday Night Raw de WWE y ha abrazado sin pudor la teatralidad como parte de su marca.

Benn, chaleco y contención

En el otro lado de la mesa, Conor Benn, 29 años, optó por un registro muy distinto. Chaleco tipo antibalas sobre la camiseta —un detalle tan llamativo como inexplicable—, mirada fija y pocas concesiones al intercambio verbal.

“Ya se acabó hablar, tuitear, escribir y hacer directos. Estoy listo para pelear”, sentenció, sin morder demasiados anzuelos.

Mientras García saltaba de la burla a la amenaza y del chiste a la provocación, Benn insistía en otro mensaje: quiere dar “valor por el dinero” a quienes han pagado por verlo. No hubo grandes frases, pero sí una idea repetida: menos ruido, más golpes el sábado.

Cuando el campeón seguía desatado al micrófono, Benn simplemente se llevó un dedo a los labios, sonrió, y poco después se dio media vuelta y abandonó el escenario. Un gesto sencillo, pero contundente, que contrastó con la verborrea del estadounidense.

Dopaje, huevos y seguridad en guardia

El ambiente rozó lo surrealista por momentos. No solo por el huevo que se comió García en directo, sino por el que no llegó a usar.

Antes del cara a cara final, la seguridad del evento le confiscó otro huevo que llevaba en el bolsillo, quizá para evitar una escena como la del año pasado, cuando Chris Eubank Jr abofeteó a Benn con uno en plena presentación.

La ironía flotaba en el aire. No solo Benn arrastra el recuerdo de los positivos por clomifeno y la explicación de los “huevos contaminados”. García también ha cumplido una suspensión tras dar positivo por ostarina después de su pelea de 2024 ante Devin Haney. Ambos niegan haber consumido sustancias prohibidas de forma consciente, pero el fantasma del dopaje estuvo sentado, invisible, en la misma mesa.

T-Mobile Arena, media casa y mucho ruido

La rueda de prensa se celebró ya dentro del escenario del combate, con una parte del T-Mobile Arena cortinada para el público. No era una noche de Saúl “Canelo” Álvarez, ni se acercaba al desembarco masivo que en su día protagonizó Ricky Hatton en Las Vegas, pero la respuesta fue sólida.

Los aficionados empezaron a hacer cola más de una hora antes de la apertura de puertas. Pequeños grupos de británicos se hicieron notar con cánticos y banderas, mientras que la entrada de García desató un ruido mayor, aunque no unánime: aplausos, gritos, alguna que otra pitada. Una mezcla que al californiano, acostumbrado al foco, pareció estimular más que incomodar.

La tensión subió otro grado cuando el campeón aseguró que Benn le había “encendido el fuego” al cuestionar su herencia mexicana. El británico, que pasó 12 años de su infancia en Mallorca, respondió con calma… y en un español fluido que sorprendió a más de uno en la sala. Un intercambio breve, pero cargado de orgullo e identidad.

Teofimo en modo infiltrado

Cuando la escena parecía haberlo visto todo, apareció otro campeón para robar plano.

Entre el público, un hombre con barba postiza pidió el micrófono para hacer una pregunta. Voz camuflada, tono neutro. Segundos después, se quitó el disfraz: era Teofimo Lopez, campeón mundial welter WBA “Super”.

El reconocimiento fue inmediato. La grada rompió en vítores y la rueda de prensa sumó otra capa de espectáculo, como si el boxeo moderno necesitara constantemente un giro más de guion.

La calma antes de los golpes

No hubo conato de pelea en el cara a cara final. Nada que ver con el lanzamiento del combate en Nueva York en julio, donde tuvieron que separarlos. Esta vez, la seguridad no pasó apuros. Miradas duras, palabras cruzadas y poco más.

La sensación, al caer el telón de esta peculiar función, es clara: García ya ganó la batalla del ruido y del show. Benn, la de la contención y la seriedad.

La única pregunta que queda por responder es cuál de las dos versiones impondrá su ley cuando se apaguen las luces, suene la campana y ya no haya huevos, disfraces ni micrófonos, solo guantes y un cinturón del mundo en juego.