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Estados Unidos ante Hungría: camino a semifinales en el Mundial FIBA

En Berlín, el reloj marcará las 9:30 de la mañana del jueves 10 de septiembre cuando el balón se eleve en el Berlin Arena. Para Estados Unidos, no es un simple madrugón más: es el siguiente paso en la defensa de su trono en la FIBA Women's Basketball World Cup. Al otro lado, una Hungría ambiciosa que llega con la memoria encendida de 1998 y la sensación de que no tiene nada que perder.

Para quien lo siga desde fuera de Alemania, el horario rompe rutinas: 8:30 en el Reino Unido, 3:30 de la madrugada en la Costa Este de Estados Unidos, 0:30 en la Costa Oeste. Un cuarto de final casi clandestino para el aficionado estadounidense, pero en el centro del escaparate mundial. Cada posesión, disponible en directo o bajo demanda a través de Courtside 1891 en DAZN, según la disponibilidad local. El escenario es grande. La ventana, estrecha.

Un formato que premia a las gigantes

El emparejamiento quedó sellado cuando Hungría ganó su duelo de clasificación para entrar entre las ocho mejores. Llegó al cuadro final por la vía larga: sin billete directo, obligada a sobrevivir a un todo o nada. Estados Unidos, en cambio, se ganó el derecho a descansar. Ganó el Grupo D y se plantó directamente en cuartos bajo el nuevo formato de 2026, que envía a los campeones de grupo de forma automática a esta ronda, mientras que segundos y terceros se juegan la vida en un cruce de eliminación directa.

Ese matiz importa. Las estadounidenses han tenido más tiempo para estudiar a su rival, ajustar detalles y gestionar cargas. Hungría, en cambio, llega con ritmo de competición y la confianza que sólo da haber superado ya una eliminatoria.

Once títulos, cuatro Mundiales seguidos… y un relevo en marcha

Estados Unidos entra en el tramo decisivo con el peso —y el impulso— de una dinastía. Ha ganado las últimas cuatro ediciones del torneo, incluida la de 2022 en Sídney, donde se impuso a China por 83-61 en la final. En total, 11 coronas mundiales, una cifra que FIBA subraya para dimensionar el dominio estadounidense en la historia de la competición.

Pero este equipo no es sólo la continuación de una hegemonía; es también el inicio de otra etapa. En la plantilla conviven referentes consagradas como A'ja Wilson y Breanna Stewart con una nueva ola de estrellas que disputa su primer Mundial absoluto: Caitlin Clark, Paige Bueckers, Angel Reese. El relevo ya no es una promesa, es una realidad compartiendo vestuario con las líderes de siempre.

Esa mezcla de autoridad y frescura ha convertido a Team USA en uno de los grandes focos del torneo. No sólo gana. Atrae. Marca tendencia.

Un aviso desde Italia

La fase de grupos dejó claro que Estados Unidos sigue teniendo un techo altísimo… pero no es intocable. Arrancó con una exhibición ante China y después arrolló a Czechia, demostrando su potencia ofensiva y su capacidad para romper partidos en cuestión de minutos.

Luego llegó Italia. Y el guion cambió.

En un duelo trabado, de anotación baja y margen mínimo para el error, las estadounidenses tuvieron que sufrir hasta el final para imponerse por 55-52. Esa victoria, tan ajustada como valiosa, les aseguró el primer puesto del Grupo D y el billete directo a cuartos. También dejó una lección que suele llegar tarde a los grandes favoritos: incluso las campeonas defensoras pueden verse al borde del abismo cuando el torneo entra en su fase más cruel.

Ese partido puede convertirse en un punto de inflexión. Recordatorio de que el nombre no gana partidos. De que, a partir de ahora, un mal cuarto puede costar un título.

Hungría, un desafío interior y una oportunidad histórica

Al otro lado del cuadro aparece una Hungría que FIBA describe como un equipo confiado, con un núcleo duro muy claro: Dorka Juhasz, MVP de la EuroLeague, y Virag Takacs-Kiss. Dos interiores que han dado al conjunto húngaro una presencia imponente cerca del aro. No es un rival que viva del perímetro o del golpe aislado; su amenaza nace del contacto, de la pintura, de la batalla física.

Hungría persigue algo que no logra desde 1998: meterse en unas semifinales de la Copa del Mundo. Casi tres décadas después, vuelve a asomarse a esa puerta. El contexto convierte este cuarto de final en un partido de enorme carga simbólica para el país. Si gana, reescribe su historia reciente. Si pierde, habrá obligado a la gran favorita a mirar de frente sus propias dudas.

Favorita… pero sin red

Estados Unidos parte como claro favorito. Lo dicen los títulos, la profundidad de la plantilla, el talento individual y el camino recorrido en la última década. Una victoria la colocaría en las semifinales del sábado 12 de septiembre y mantendría viva la defensa del campeonato, con el partido por el tercer puesto y la final fijados para el día 13.

Pero la realidad del torneo es implacable: desde ahora, el margen de error se reduce a cero. Un mal inicio, un día desacertado en el tiro, una noche inspirada de Juhasz o Takacs-Kiss… y todo el peso de 11 Mundiales ganados se convertiría en una losa.

El calendario está claro: jueves 10 de septiembre, 9:30 de la mañana en Berlín, USA contra Hungría, un billete a semifinales en juego. La pregunta ya no es si Estados Unidos es el gran favorito. La verdadera cuestión es otra: ¿será capaz este nuevo rostro de Team USA de sostener la herencia que recibe cuando el torneo entra en el territorio donde sólo sobreviven las campeonas?