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Elina Svitolina y el impacto de la guerra en el deporte

En un solo día, el deporte volvió a recordar que vive entre extremos: la devastación lejos de la pista y la épica sobre el cemento de New York.

Elina Svitolina, golpeada fuera de la pista

Elina Svitolina no habló de tenis. Habló de guerra. La ucraniana anunció que un ataque ruso alcanzó el club de pádel que posee en Kiev, el SVITO Padel Club, otro símbolo deportivo reducido a ruinas en su país.

“Hasta hoy, 776 atletas y oficiales deportivos ucranianos han sido asesinados como resultado de la agresión rusa”, escribió en Instagram.

“942 instalaciones deportivas en toda Ucrania han sido dañadas o completamente destruidas. Hoy, mi club, SVITO Padel Club, se convirtió en una de ellas”.

No era una simple queja. Era una acusación directa y un grito de auxilio. Svitolina recordó que los deportistas ucranianos, y sobre todo la generación joven, compiten con desventaja brutal: sin instalaciones, sin seguridad, sin condiciones mínimas para prepararse al mismo nivel que el resto del mundo.

Con su mensaje, lanzó una llamada a los socios y amigos internacionales que apoyan a los atletas ucranianos: no solo aplausos, acciones concretas. El deporte, para ella, ya no es solo una profesión. Es un frente más en una guerra que no da tregua.

Sabalenka sobrevive a Noskova en un drama de tres horas

A miles de kilómetros, en el Arthur Ashe Stadium, la batalla era de otro tipo, pero también brutal. Aryna Sabalenka necesitó dos ‘tiebreaks’, casi tres horas y una remontada para tumbar a Linda Noskova y meterse en semifinales del US Open.

El marcador lo dice todo: 7-6(1), 3-6, 7-6(10-7).

La número uno del mundo, dos veces campeona defensora en Flushing Meadows, estuvo al borde del abismo.

Noskova, campeona de Wimbledon, mandaba por un break en el set definitivo y llegó a tener ventaja en el super ‘tiebreak’ final. Tenía a Sabalenka contra las cuerdas, al estadio en vilo y la sorpresa a un par de puntos. Pero la bielorrusa respondió como lo hacen las grandes: apretó, arriesgó y se negó a ceder.

“Qué batalla. Qué jugadora tan increíble es ella y estoy sin palabras porque me estuve empujando al límite en este partido, especialmente en el tercer set”, admitió Sabalenka.

“Honestamente pensé que ya estaba, que el partido se había acabado, y probablemente eso me ayudó a sentirme suelta y simplemente ir a por mis golpes”.

El punto final fue una declaración de carácter: segundo servicio, ace. Sin red, sin concesiones, sin especular. Sexto año consecutivo en semifinales del US Open para una campeona que, incluso cuando duda, encuentra la forma de imponerse.

Noskova, derrota cruel y planes para olvidar

Para Linda Noskova, la derrota dolió. Tenía la victoria en la mano. Había llevado a la número uno al límite, había dominado tramos clave del partido y se quedó a un puñado de puntos de una de las mayores sorpresas del torneo.

Pero la checa de 21 años decidió no hundirse.

“Me voy a quedar como tres días más. Me voy a emborrachar y a olvidarme de esto, supongo”, dijo entre risas ante la prensa.

“Soy lo bastante mayor para hacerlo, por suerte. Me encanta New York. Tengo muchos sitios a los que quiero ir. Tengo muchos amigos aquí. Me enseñarán la ciudad y, ya saben, lo olvidaré, espero, en las próximas horas”.

Su plan habla de algo más que fiesta: habla de una jugadora que entiende que estas derrotas forjan carreras. Hoy se va con rabia. Mañana, con experiencia.

Michelsen y Tiafoe, maratón americana al borde del colapso

Mientras tanto, el Arthur Ashe vivía otro thriller. El duelo entre Alex Michelsen y Frances Tiafoe se convirtió en una prueba de resistencia para jugadores, comentaristas y aficionados.

Michelsen, 22 años, el joven que venía dispuesto a firmar la gran sorpresa, se puso 2-0 en sets y parecía lanzado. Ganó los dos primeros parciales con autoridad y solo cedió el tercero por 7-5 ante un Tiafoe más curtido, pero hasta entonces desbordado.

El partido se estiró, el reloj corrió y el ambiente se volvió denso. Casi cuatro horas de intercambio, giros y tensión. Tiafoe comenzó a recortar, a agarrarse al partido, a hacer lo que suele hacer: resistir.

En el quinto set, el guion dio otro giro. Michelsen se adelantó 3-0 y el estadio empezó a oler la sorpresa. El joven estadounidense estaba a un paso de tumbar al cabeza de serie número 11. Tiafoe, contra las cuerdas.

En el siguiente juego, Tiafoe se vio 15-30 abajo, al borde del doble break. Jim Courier, en la retransmisión, lo definió como “un momento de crisis”. Tenía razón. Si perdía ese saque, el partido prácticamente se le escapaba. Pero Tiafoe sostuvo, se aferró a su servicio y sobrevivió.

Poco después llegó el contraataque: Tiafoe recuperó el break. “Está aguantando con todo lo que tiene ahora”, apuntó Nick Lester en los comentarios. El partido entró en territorio de puro nervio, con Michelsen intentando no desmoronarse y Tiafoe tirando de experiencia.

El joven que explotó y la remontada que se cocina

La presión terminó por hacer mella en Michelsen. Tras un inicio impecable, el partido empezó a escapársele entre las manos. Quebrado temprano en el cuarto set, el joven se resquebrajó.

Durante un juego de saque, se giró y arremetió verbalmente contra un aficionado situado justo detrás de él. Un par de puntos después, lanzó la raqueta al suelo y gritó hacia su box. El autocontrol que había mostrado hasta entonces desapareció.

“Primeras señales visibles de irritación de Michelsen”, señaló Courier en directo. “Ha estado muy contenido, con solo emociones positivas saliendo de él, hasta ahora”.

El contexto lo explica todo: había estado “cruising”, dominando el partido, y de pronto veía cómo Tiafoe se le venía encima. El escenario, los nervios, la magnitud del momento. Todo pesó.

Si Tiafoe termina completando la remontada, será una de esas victorias que definen torneos: del 0-2 al borde del abismo, al triunfo ante un compatriota que le había pasado por encima durante buena parte del encuentro.

Y mientras el día se estiraba en New York —ya pasadas las 18.35 en la ciudad—, los organizadores miraban el reloj. Todavía quedaba por disputarse la sesión nocturna con Jessica Pegula frente a Emma Navarro y, después, Ben Shelton contra Carlos Alcaraz. Dos partidos con pinta de irse largo si sus protagonistas se acercan a su mejor nivel.

El tenis, en una sola jornada, mostró todo su abanico: la guerra que destruye clubes en Kiev, la número uno que se niega a caer, la campeona de Wimbledon que promete olvidar entre luces de ciudad y un joven que descubre, en carne propia, lo cruel que puede ser un quinto set en el Arthur Ashe. La pregunta es quién saldrá de todo este caos con algo más que una victoria: con un torneo cambiado, o con una carrera transformada.