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Elena Rybakina: Nueva número uno del tenis femenino

Después de 99 semanas, el trono del tenis femenino cambia de manos. Y el nuevo nombre en lo más alto será Elena Rybakina.

La kazaja certificó su ascenso al número uno del mundo con una victoria de carácter en los cuartos de final del US Open ante la china Zheng Qinwen: 3-6, 6-1 y 6-4. Por primera vez en todo el torneo perdió un set, pero respondió como lo hacen las campeonas: ajustando, resistiendo y cerrando cuando más quemaba la pista.

En el tercer parcial, con la tensión a flor de piel, salvó una bola de ‘break’ que pudo haberlo cambiado todo. No se dobló. Apretó el puño, sostuvo el saque y terminó rematando un triunfo que vale mucho más que unas semifinales en Nueva York. Vale la cima del ranking mundial.

Es la primera tenista de Kazajistán, hombre o mujer, que se sienta en el número uno del ranking individual. Un hito histórico para su país y un golpe directo a una hegemonía que parecía blindada.

Fin de una era, comienzo de otra

La caída de Aryna Sabalenka del primer puesto pone punto final a una racha de 99 semanas consecutivas como número uno, iniciada el 21 de octubre de 2024. Es la sexta secuencia más larga en la historia de la WTA. Casi dos años de dominio sostenido.

Rybakina llevaba meses respirándole en la nuca. Llegó a Nueva York como una de las tres jugadoras con opciones reales de destronarla, junto a las estadounidenses Jessica Pegula y Coco Gauff. Pero las cuentas eran claras: Pegula, Gauff o cualquier otra candidata necesitaban el título y que la kazaja cayera antes de semifinales.

No ocurrió. Rybakina no aflojó y el número uno cambió de manos en la Arthur Ashe antes incluso de que termine el torneo.

El guion aún guarda un posible último giro: Sabalenka y Rybakina podrían cruzarse en la final del US Open, una reedición de la final del Australian Open de este año, donde la kazaja se impuso en tres mangas en un duelo de pegada brutal.

Para Rybakina, sin embargo, el ranking no es el objetivo principal. Lo dijo sin rodeos: “Es solo un número ahora mismo. Mi objetivo es ganar los torneos que juego”. A sus 27 años, entiende mejor que nadie la volatilidad de la clasificación: “Es un logro increíble, pero sabes lo rápido que todo puede cambiar en el tenis a nivel de ranking”.

Una persecución a fuego lento

La ofensiva de Rybakina hacia el número uno arrancó de verdad a finales de 2025. Perdió ante Sabalenka en cuartos de final del Wuhan Open en octubre, pero respondió a la semana siguiente levantando el título en el Ningbo Open. Poco después llegó el golpe que cambió la dinámica de la rivalidad: la victoria ante la bielorrusa en las WTA Finals para coronarse maestra de final de temporada.

Esa inercia se prolongó en 2026. En Melbourne volvió a doblegar a Sabalenka, esta vez en una final de Grand Slam. Tres sets intensos, dos grandes sacadoras intercambiando misiles desde la línea de fondo, y al final la kazaja levantando su segundo ‘major’, casi cuatro años después de su título en Wimbledon.

Sabalenka reaccionó. Se llevó el duelo en la final de Indian Wells y volvió a imponerse en la semifinal del Miami Open. Pero Rybakina contestó en Stuttgart, conquistando el título sobre tierra batida mientras el nivel de la bielorrusa empezaba a oscilar.

No todo fue una escalada perfecta. Rybakina tropezó en Roland Garros y en Wimbledon, con salidas prematuras que frenaron su impulso. Después, en Toronto, volvió a asomarse a la élite de los grandes escenarios, alcanzando la final antes de ceder en dos sets ante Iga Swiatek.

El camino hacia el número uno sufrió otro golpe en Cincinnati, donde se vio obligada a retirarse lesionada en cuartos de final, de nuevo ante Swiatek. Más tarde explicó que el problema en el tobillo izquierdo llevaba tiempo molestándola, limitando sus desplazamientos y, sobre todo, su capacidad para impulsarse en el servicio. Aun así, insistió en que lo tenía “bajo control”.

Antes del US Open, reconoció que su preparación “no fue buena”: apenas pudo entrenarse durante buena parte de la semana previa. Nada de eso se ha reflejado en la pista. En Nueva York ya ha tachado la primera de sus dos grandes metas: el número uno. La segunda está clara y brilla en el horizonte: el trofeo.

En semifinales la espera Coco Gauff o Mirra Andreeva. En la otra parte del cuadro, Sabalenka se mide a Jessica Pegula. El escenario sueña con una final entre las dos grandes protagonistas de esta era reciente.

Un vínculo polémico y decisivo

Detrás de este ascenso hay una figura clave: Stefano Vukov. Rybakina trabaja con el técnico croata desde hace casi siete años. Su primera etapa conjunta se extendió de 2019 a 2025, hasta una ruptura que parecía definitiva.

Poco después, Vukov fue suspendido del circuito WTA por vulnerar el código de conducta, tras una investigación independiente sobre su comportamiento hacia la propia Rybakina. Él negó cualquier irregularidad y la jugadora siempre sostuvo que nunca fue maltratada por su entrenador.

Fue ella quien pidió su regreso a comienzos de 2025. Vukov recurrió la sanción, ganó la apelación y retomó el trabajo con la kazaja en agosto de ese mismo año.

El impacto fue inmediato. En su primer torneo juntos tras la reunificación, Rybakina alcanzó por primera vez en su carrera la cuarta ronda del US Open. Desde ahí encadenó un tramo final de temporada demoledor que la lanzó hasta la cumbre del tenis mundial.

Hoy, esa escalada se consuma en Nueva York. El número uno ya es suyo. Falta por saber si, en unos días, también hará suyo el último gran escenario del verano.