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Elena Rybakina conquista el US Open y desbanca a Sabalenka

Aryna Sabalenka se detuvo un segundo en el entrenamiento. Miró hacia Arthur Ashe Stadium, quizá a una pantalla, frunció el ceño… y volvió a pegarle a la pelota. Ese gesto fugaz resumía semanas de tensión: el número 1 del mundo pendía de un hilo, y el hilo se llamaba Elena Rybakina.

La amenaza no nació en Nueva York. Venía creciendo desde el final de la temporada pasada, cuando la kazaja cerró 2025 derrotando a Sabalenka en la final de las WTA Finals Riyadh. Pocos semanas después, en Melbourne, remontó un 0-3 en el set decisivo para volver a tumbarla y levantar el título del Australian Open. Dos finales grandes, dos golpes directos a la jerarquía de la bielorrusa.

Camino a Flushing Meadows, Rybakina llegó a la final en Montreal y se metió de lleno en la pelea por el número 1. Luego, el susto: lesión en el tobillo izquierdo y en el tendón del talón en Cincinnati, retirada en cuartos tras agravar lo que ella misma definió como una “lesión crónica en el pie”. Su presencia en el US Open quedó en duda hasta el último momento.

Al final, dijo presente. Y una vez pisó Nueva York, no miró atrás.

Una marcha imparable hacia la cima

Rybakina no cedió un solo set en la primera semana. Su victoria aplastante ante Naomi Osaka en octavos encendió todas las alarmas. Siete aces, un 87% de puntos ganados con el primer servicio. Potencia, precisión y una sensación de inevitabilidad. Sabalenka lo vio todo, aunque insistiera en que no.

Preguntada por el escenario del ranking, la bielorrusa se protegió con un discurso de túnel competitivo: dijo que se mantenía al margen de las cuentas, que no pensaba en los “si pasa esto, si pasa lo otro”, que solo intentaba jugar su mejor tenis cada vez que entraba a la pista y “luchar por ello”.

Cuando el cambio de mando se confirmó y Rybakina se aseguró el número 1, la respuesta de Sabalenka fue más desafiante, casi orgullosa en la derrota: “¡No me importa!”. Remató con una prioridad clara: prefería llevarse el título del US Open antes que conservar el trono del ranking.

Rybakina, mientras tanto, siguió avanzando. En semifinales, la ex campeona del US Open Coco Gauff se quedó corta ante la campeona vigente del Australian Open. Ganó la estadounidense el primer set, pero la kazaja se impuso en tres mangas y se abrió paso hacia su primera final en Nueva York.

Al otro lado del cuadro, la lógica apuntaba a Sabalenka. No perdía en Arthur Ashe Stadium desde hacía dos años. Tenía ante sí la oportunidad de convertirse en la tercera mujer en la historia en ganar el US Open tres veces seguidas. Favorita, con historia al alcance de la mano, con una pista que sentía suya.

La noche, sin embargo, tenía otro guion.

Una final de poder… y de cambio de guardia

El marcador final fue 6-4, 5-7, 6-2 para Rybakina, en 2 horas y 21 minutos. El resultado dice mucho; la forma, todavía más.

En su primera final del US Open, Rybakina golpeó primero. Rompió el servicio para adelantarse 3-2 en el set inicial pese a un dato llamativo: solo entró el 27% de sus primeros saques. Lo compensó a base de palazos desde el fondo, dominando los intercambios con una autoridad que descolocó a Sabalenka.

En la segunda manga, ajustó la mira con el servicio: subió al 61% de primeros. Esta vez, sin embargo, no logró concretar ninguna de las dos bolas de break de las que dispuso. Aguantó, salvó dos puntos de set para sostenerse 5-5, pero Sabalenka encontró por fin la rendija. Rompió dos juegos después y equilibró el duelo. Parecía que la favorita, empujada por la memoria de sus conquistas en Nueva York, había encontrado la salida.

El impulso duró poco.

En el set definitivo, Rybakina volvió a tomar el control con frialdad quirúrgica. Quebró para 2-1, se asentó detrás de un servicio ya en pleno funcionamiento y remató con otra ruptura para 5-2, coronada con una volea ganadora. Unos puntos más tarde, cerró el título con su 12º ace, calcando el modo en que había sellado el campeonato en el Australian Open ocho meses antes. Misma escena, distinto escenario, mismo mensaje: este es su momento.

De perseguir a ser perseguida

El título en Nueva York pone el broche a la mejor temporada de Grand Slam de la carrera de Rybakina. No solo se lleva el US Open y el Australian Open en el mismo año; firma además un registro histórico: es la primera mujer que derrota a la número 1 del mundo en dos finales de Grand Slam en un mismo año desde 1995, cuando Steffi Graf lo hizo ante Arantxa Sánchez-Vicario en Roland Garros y Monica Seles en el US Open.

El lunes, cuando la WTA actualice su clasificación, Rybakina se convertirá oficialmente en la 30ª jugadora que alcanza el número 1 del mundo en la Era Abierta. De aspirante silenciosa a referencia del circuito. De perseguidora a mujer a la que todas querrán bajar del pedestal.

Para Sabalenka, el golpe es doble. En apenas 72 horas lo perdió todo: primero el número 1, luego el título del US Open. Cierra 2026 sin un solo Grand Slam, algo que no le ocurría desde 2022. Para una campeona acostumbrada a marcar el ritmo de la temporada, el vacío pesa.

Su reacción, sin embargo, no fue la de quien se resigna. Hubo rabia en la pista, un desahogo que ya se ha visto en otras derrotas duras, pero al abandonar Nueva York lo hizo con un tono combativo, casi retador hacia la nueva reina: dijo que no sabía cuántas semanas había estado en el número 1, pero que había sido “increíble”, y lanzó un desafío velado a Rybakina: que intentara superarla. “Si sigue jugando así, estoy en problemas”, admitió.

Ahí está el próximo capítulo. Rybakina ya está en la cima. Sabalenka, herida pero lejos de rendirse, prepara la caza. La pregunta, a partir de ahora, no es quién fue la mejor en 2026, sino cuánto durará este nuevo reinado y cuánto tardará la antigua dueña del trono en volver a llamar a la puerta.