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Elena Rybakina arrasa a Naomi Osaka en el US Open

Elena Rybakina no vino a Nueva York a especular. La kazaja, segunda cabeza de serie, barrió a Naomi Osaka por 6-1 y 6-4 en apenas 66 minutos en Flushing Meadows y se metió con autoridad en los cuartos de final del US Open. Un triunfo corto en tiempo, pero enorme en significado.

Un primer set demoledor

El arranque fue un monólogo. Rybakina se adueñó del partido desde el primer intercambio, clavada en la línea de fondo, soltando el brazo con una seguridad intimidante. En solo 22 minutos se apuntó el primer set.

Aprovechó dos de las tres bolas de break que generó y cerró la manga con un servicio imparable, la firma de una jugadora que huele a número uno. Osaka, 13ª cabeza de serie, apenas encontró ritmo: llegó tarde a la bola, sufrió con la devolución y se vio desbordada por la potencia y la precisión de su rival.

La japonesa necesitaba un cambio drástico. Lo intentó en el segundo set.

Osaka se rebela, pero el cuerpo dice basta

Osaka elevó el nivel en el inicio de la segunda manga. Ajustó mejor los restos, alargó los peloteos y comenzó, por fin, a hacer retroceder a Rybakina. El intercambio se equilibró, el público se encendió y el marcador se apretó hasta el 2-2.

Justo cuando parecía que el partido podía girar, llegó el gesto que heló la pista: Osaka se llevó la mano a la pierna izquierda, molesta por el tendón de Aquiles, un problema que ya se había agravado en la tercera ronda. Aun así, se aferró al servicio y salvó una bola de break con carácter.

Pero el esfuerzo tenía límite. La intensidad de Rybakina no aflojó, y cada turno de saque de Osaka se convirtió en una batalla de supervivencia.

En el séptimo juego, la presión encontró recompensa. Rybakina apretó desde la devolución, cargó sobre el revés y forzó el error de derecha de Osaka en un punto clave. Llegó el break decisivo. A partir de ahí, la kazaja manejó el marcador con frialdad, sin mirar atrás.

Un par de servicios contundentes más y el partido se esfumó para la japonesa.

A un paso del número uno del mundo

La victoria no solo coloca a Rybakina en los cuartos de final del US Open. La deja, además, a una sola victoria de convertirse en la número uno del mundo por primera vez en su carrera.

Su siguiente obstáculo será mayúsculo: la campeona olímpica Zheng Qinwen, una rival que combina potencia, agresividad y una confianza en pleno crecimiento. Un duelo que huele a choque generacional en la cima del circuito.

Rybakina llega a esa cita con un currículum que ya impone respeto: campeona de Wimbledon en 2022 y del Abierto de Australia en 2026, ha ido construyendo, golpe a golpe, el perfil de jugadora dominante en las grandes citas.

En Nueva York, con el viento de Flushing Meadows a favor y el número uno al alcance de la mano, la pregunta ya no es si está preparada para el trono. La cuestión es quién se atreve a bajarla de la pista ahora mismo.