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Ed Cowan advierte sobre el futuro de la BBL: no es momento de vender

La batalla por el futuro de la Big Bash League ya no se juega solo en los estadios. Ahora se libra en despachos, podcasts y salas de juntas. Y en medio del ruido por la privatización, una voz con peso en el cricket australiano pide frenar.

Ed Cowan, ex opener de Test con Australia y actual miembro del directorio de Cricket NSW, ve un riesgo claro: precipitar la venta de franquicias de la BBL para competir con otras ligas T20 podría desatar algo que luego nadie pueda controlar.

En el ABC Cricket Podcast, Cowan fue directo. Considera prematuro el miedo a una fuga masiva de jugadores hacia ligas rivales y advierte que una privatización acelerada puede “salirse rápidamente de control”. La metáfora que eligió no es casual: “Cuando empiezas a quemar los muebles para calentar la casa, todo puede descontrolarse muy rápido desde ahí”.

Un modelo en venta… pero no todos convencidos

Cricket Australia confirmó este mes que avanzará con un modelo “opt-in” que permite a los estados llevar sus equipos de BBL al mercado, con la posibilidad de vender participaciones o incluso franquicias completas a inversores privados.

No todos aplauden.

Cricket NSW se ha posicionado como el opositor más ruidoso al esquema actual. Queensland Cricket también pisa el freno, aunque con un tono más prudente: quiere mantener, por ahora, la propiedad total de Brisbane Heat, mientras observa de cerca cómo se desarrolla el proceso de venta. Así lo expresaron en un comunicado su presidenta Kirsten Pike y el CEO Terry Svenson: su intención es retener el 100% del equipo, pero sin cerrar la puerta a la inversión privada “en el momento adecuado”.

En el otro extremo está Cricket Victoria. No solo respalda el movimiento, será pionero: Melbourne Renegades será la primera licencia que se pondrá en el mercado para venderse en su totalidad. El mensaje del director de Cricket Victoria, Shaun Richardson, va en la línea de la narrativa oficial: la entrada de capital privado “desbloqueará valor” para reinvertir en todo el ecosistema del cricket victoriano, desde la base hasta la élite.

El contraataque de Cowan: la BBL ya compite

Mientras tanto, Cowan sostiene que el apuro no está justificado. Recuerda que en temporadas recientes la BBL ya ha demostrado capacidad de adaptación: se acortó el calendario, se ajustó la presencia de estrellas internacionales y se reconfiguró el tope salarial. El resultado: más audiencia y más nombres de peso.

Los ejemplos son contundentes. En la temporada 2025/26 de la BBL, los aficionados disfrutaron de Colin Munro, Chris Jordan, Muhammed Rizwan y Sam Billings dominando partidos, a lo que se sumaron estrellas del Test australiano como Steve Smith, Alex Carey y Mitchell Starc, incorporados al torneo tras cumplir con sus compromisos internacionales.

Cowan subraya que no hay fricción real para atraer talento de élite. Cita el desembarco de Ben Stokes en Adelaide y el “mega contrato” de Finn Allen como prueba de que la liga todavía tiene tirón. Y desmonta uno de los grandes temores: “El argumento es que vamos a perder jugadores hacia la liga sudafricana. No hemos perdido ni uno todavía”.

Para él, antes de vender activos clave habría que explorar si el negocio puede gestionarse de forma más eficiente. Es decir, exprimir mejor lo que ya existe antes de poner a la venta las joyas de la corona.

La presión del mercado global

Del otro lado del debate, Cricket Australia mira el mapa global y ve urgencia. El CEO Todd Greenberg lo expresó sin rodeos: las oportunidades para que los mejores jugadores australianos actúen en otras ligas, con topes salariales potencialmente más altos, ya están sobre la mesa. No es un problema futuro; es presente.

Por eso, descarta cualquier espera prolongada. “Cuando hablamos de si debemos esperar dos años o cuatro años, no, no podemos esperar”, remarcó. Para Greenberg, los desafíos “están en la puerta hoy” y obligan a tomar decisiones rápidas sobre cómo competir.

El argumento central de CA es que la privatización permitirá a la BBL mantenerse al ritmo de otras ligas T20 de nueva generación, como The Hundred en el Reino Unido o la SA20 en Sudáfrica. En un deporte global dominado por grandes mercados, Australia se ve a sí misma como un país relativamente pequeño que necesita moverse con astucia para seguir en la primera línea.

La comparación de plantillas también entra en juego. En The Hundred han brillado nombres como Mitchell Marsh, Adam Zampa, Jos Buttler y Trent Boult, todos ellos con pasado o futuro inmediato en la BBL16. Para CA, esa doble participación muestra tanto la fortaleza de la liga como el riesgo: esos mismos jugadores podrían inclinarse por otros torneos si la BBL no mantiene el nivel económico y competitivo.

Un punto de inflexión para la Big Bash

Mientras los directivos discuten porcentajes de propiedad y modelos de negocio, el calendario no se detiene. CA y las asociaciones estatales seguirán negociando de cara al inicio de las temporadas BBL16 y WBBL12, que ya se perfilan como las últimas con el formato original de ocho franquicias bajo el paraguas tradicional.

El dilema es claro y profundo: ¿reforzar la estructura actual y confiar en la capacidad de gestión interna, como propone Cowan, o abrir la puerta a capital privado para intentar dar un salto económico inmediato, como empuja Cricket Australia?

La BBL nació como un experimento audaz que cambió el paisaje del cricket australiano. Ahora se enfrenta a otra decisión que puede redefinirla. La cuestión es si, en el intento de seguir el ritmo del mundo, el torneo está dispuesto a vender parte de su alma.