La disminución de los Tests: menos de cinco días de juego
El grillo de prueba se está encogiendo. Y no es una sensación: las cifras lo gritan.
Mientras la lluvia demoraba el inicio del tercer día del segundo Test entre Inglaterra y Pakistán, Michael Atherton, ex capitán inglés y voz autorizada del formato largo, aprovechó el parón en Sky Sports para ponerle números y contexto a una tendencia que ya nadie puede ignorar: cada vez menos partidos llegan al quinto día.
Todo, en una semana en la que el Australia–Bangladesh de Mackay se había liquidado en apenas dos jornadas.
Cinco días… en los libros de historia
El Test cricket se definió durante décadas por su maratón de cinco días. Ahora, esa distancia se corre a toda velocidad. Según los datos mostrados por Sky Sports, solo el 41,43% de los Tests disputados en la década de 2020 ha alcanzado el quinto día completo.
En los años 70, casi era la norma: el 77,65% de los partidos duraba los cinco días. Incluso en los años 2010, todavía más de la mitad (54,76%) llegaba hasta el final del calendario previsto.
La caída es brusca. Y no se explica por un único motivo.
El sello T20 en el bateo
Atherton arrancó por donde hoy se decide casi todo en el críquet moderno: la mentalidad de los bateadores.
“El bateo es de mayor riesgo ahora por el críquet T20. Si asumes más riesgo, tienes más opciones de salir”, explicó el ex capitán, resumiendo un cambio de paradigma. Generaciones enteras han crecido con el ritmo frenético del formato corto. Esa agresividad se ha filtrado al Test: más golpes expansivos, menos paciencia, más errores forzados.
La consecuencia es directa: menos tiempo en el crease, más wickets cayendo en rachas, entradas que se consumen a una velocidad que en otra época habría parecido impensable.
Pitches que muerden y fast bowlers en plenitud
El bateo de alto riesgo no camina solo. Atherton apuntó también a un detalle clave del nuevo ecosistema: hay una camada poderosa de fast bowlers repartidos por el mundo. Ataques capaces de mantener una presión constante durante sesiones enteras, de explotar cualquier ayuda que ofrezca la superficie.
Y las superficies ayudan. Mucho más que antes.
Desde la llegada del World Test Championship, el valor de la ventaja de casa se ha disparado. Cada Test cuenta, cada punto suma, y las federaciones han respondido de la forma más vieja del manual: preparando pitches a la medida de sus armas.
“Los pitches se han vuelto más ventajosos desde la aparición del World Test Championship; los equipos buscan en general maximizar la ventaja de casa”, señaló Atherton. En India, eso suele significar giros pronunciados desde temprano. En Inglaterra, costuras vivas, nubes bajas y hierba suficiente para que la pelota se mueva todo el día.
El resultado: condiciones más amigables para los bowlers, menos margen para que los bateadores se asienten y construyan entradas largas.
El factor DRS: LBW que antes sobrevivían
Hay otro elemento silencioso que está cambiando el guion: el DRS.
Atherton fue claro al respecto. Con el sistema de revisión disponible, los árbitros se muestran más dispuestos a dar leg before wicket. La tecnología corrige, respalda y, sobre todo, elimina muchas de las dudas que antes beneficiaban al bateador.
Pelotas que hace 20 o 30 años habrían sido consideradas “demasiado ajustadas” ahora aparecen en las gráficas como impactando claramente los stumps. El margen de seguridad del bateador frente al LBW se ha encogido. Cada revisión exitosa alimenta la confianza de los bowlers y la predisposición de los árbitros a levantar el dedo.
Menos decisiones dudosas a favor del bateador, más wickets, más rápido.
Dos o tres días: de rareza a costumbre inquietante
Si los cinco días se esfuman, el otro extremo del espectro crece sin freno. Según las cifras de Sky Sports, un 23% de los Tests jugados en esta década ha terminado en solo dos o tres días.
En los años 70, ese tipo de desenlace era casi una anomalía: apenas el 2,79% de los partidos se resolvía tan pronto.
Atherton llevó la comparación a su propia época como jugador, en los años 90. Entonces, solo alrededor del 6,98% de los encuentros concluía en tres días o menos. Hoy, esa proporción se ha disparado hasta el 20%. Una de cada cinco pruebas se consume en 72 horas o menos.
El salto es demasiado grande como para atribuirlo a una simple coincidencia de generaciones o a una racha de malos pitches.
El regreso del Test de dos días
El dato más llamativo, sin embargo, llega cuando se mira a los extremos absolutos.
“En la última década (de 2017 a la actualidad), ha habido nueve ocasiones en las que un Test ha terminado en dos días, y no hubo ni un solo Test de dos días entre 1946 y 2000”, subrayó Atherton, apoyándose en el gráfico mostrado en televisión.
Nueve partidos finiquitados en 48 horas frente a más de medio siglo sin un solo caso. El contraste es brutal. El Test que se define en dos días ha dejado de ser una reliquia de otra era para convertirse en un síntoma recurrente del críquet moderno.
Los resultados llegan antes. Las entradas son más breves. Los errores se castigan con mayor dureza. Y mientras Inglaterra reclama un LBW sobre Azan Awais que no prospera y la lluvia cae sobre el tercer día en un Test que, por una vez, parece dispuesto a estirarse, la pregunta queda flotando sobre el formato más antiguo del juego: ¿hasta cuánto puede encogerse un partido de cinco días sin dejar de ser, en esencia, un Test?






