El derbi de Manchester: VAR y la polémica del gol de Haaland
El derbi de Manchester, otra vez, decidido en la sala de pantallas más que en el césped. Old Trafford rugía, pero el ruido terminó en los auriculares del VAR.
El gol de Erling Haaland en el minuto 60, empujando un centro de Josko Gvardiol, parecía condenado desde el primer instante: bandera arriba, offside. Celebración cortada, como tantas veces. Sin embargo, unos segundos después, la decisión cambió. El VAR dio marcha atrás, validó el tanto y desató una tormenta que aún no se apaga.
Un gol, una revisión y un terremoto
La secuencia fue brutalmente moderna. Centro de Gvardiol, aparición de Haaland, balón a la red, linier con el banderín levantado. Después, la pausa aséptica. La revisión. Las líneas. La espera.
El Premier League Match Centre defendió de inmediato la decisión en redes sociales: el VAR había “determinado que Haaland estaba en posición habilitada” y que, cuando Enzo Fernández se encontraba en fuera de juego, “no jugó el balón”. Argumento técnico, frío, apoyado en reglamento y repeticiones. Pero la sensación en el estadio y frente al televisor era otra: interferencia clara, confusión absoluta.
Horas más tarde, llegó el giro. El organismo de árbitros profesionales se puso en contacto con el Manchester United para reconocer un “error de juicio” en la jugada. Una admisión que no cambia el marcador, pero sí alimenta la desconfianza. El propio organismo reconoció que el VAR “no reconoció el probable impacto” de la posición de Fernández y que “debió recomendar una revisión en el campo”. Demasiado tarde para el derbi. Muy a tiempo para la polémica.
Schmeichel, hartazgo desde la portería de la historia
Peter Schmeichel, mito de Old Trafford y voz autorizada en cualquier conversación sobre el club, no se guardó nada. Desde su puesto de analista en Viaplay, el danés disparó directamente contra el corazón del sistema.
“Desearía que pudiéramos eliminar el VAR”, soltó, sin rodeos. Para él, el fútbol se ha entregado a una liturgia en la que los protagonistas ya no son los jugadores, sino los árbitros y los técnicos que revisan cada detalle en cámara lenta. “Hemos llegado a un sistema en el que el VAR y los árbitros son las personas más importantes en el fútbol. Le chupan toda la energía. En cuanto hay un gol, no se te permite celebrar”.
Su queja va más allá de una jugada concreta. Es una acusación frontal a la forma en que la tecnología ha colonizado el juego. Schmeichel describió la escena que se repite semana tras semana: el balón besa la red, el estadio estalla, y de repente el linier levanta la bandera. Cinco minutos después, la celebración regresa, pero ya es otra cosa. Tibia. Tardía. “No es lo mismo”, lamentó.
Para el exguardameta, el sistema está mal concebido y, sobre todo, mal integrado en la experiencia del aficionado. “Es una molestia y está interfiriendo con el fútbol. Y no lo ha hecho mejor”. Una sentencia dura, pero compartida por muchos en las gradas.
Neville y una ley del fuera de juego que ya no se entiende
Peter Schmeichel no estuvo solo. Gary Neville, otra leyenda del Manchester United y ahora voz reconocible en Sky Sports, se mostró abiertamente desconcertado durante la retransmisión. El exdefensa no lograba cuadrar la decisión con lo que veía en pantalla ni con lo que entiende por interferencia en fuera de juego.
“Voy a necesitar que me expliquen la ley del fuera de juego, porque me he perdido”, reconoció en directo. No era una frase teatral. Era la confesión de un exfutbolista de élite que ya no reconoce la lógica de una norma que, diseccionada fotograma a fotograma, parece alejarse de su propósito original.
Neville fue más allá y pronosticó que el organismo arbitral tendría que rectificar. Acertó. En menos de 24 horas, la llamada al club y el reconocimiento del error confirmaron que la jugada no solo era polémica, sino mal arbitrada según los propios estándares del sistema.
VAR bajo fuego: ¿refinar o romper?
El episodio del derbi no es un caso aislado, pero sí un punto de inflexión por el escenario, los protagonistas y la contundencia de las críticas. La sensación de que el VAR ha pasado de ser una herramienta de apoyo a convertirse en el centro del espectáculo se extiende entre exjugadores, entrenadores y aficionados.
La presión sobre la Premier League crece. Se exige claridad, coherencia, quizá una reinterpretación de la ley del fuera de juego que tenga en cuenta el espíritu del juego y no solo la precisión milimétrica de una imagen congelada. Otros, como Schmeichel, ya no piden ajustes, sino ruptura total con el modelo actual.
Mientras tanto, cada revisión se vive con una mezcla de resignación y rabia. El gol ya no es un estallido puro, sino un borrador pendiente de validación. En un deporte que siempre se definió por la emoción inmediata, la pregunta se hace inevitable: ¿cuánto más está dispuesto a sacrificar el fútbol en nombre de la corrección tecnológica?






