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De Minaur se despide del US Open tras derrota inesperada

Alex de Minaur llegó a Nueva York con aspiraciones de avanzar profundo en el US Open. Se marcha en silencio, frenado en segunda ronda por un rival que no estaba en los pronósticos de casi nadie: Botic van de Zandschulp.

El neerlandés firmó una actuación sólida y sin fisuras para imponerse en tres sets, 6-4, 7-5 y 6-2, en un duelo que se estiró hasta las dos horas y 43 minutos. No cedió una sola manga. No dio respiro.

Un inicio que marcó el tono

El primer set ya dejó claro el guion de la tarde. Van de Zandschulp golpeó primero, encontró ritmo con el servicio y castigó cada titubeo del australiano. Ese 6-4 inicial no fue solo un parcial: fue una declaración de intenciones.

De Minaur buscó acelerar, cambiar alturas, mover al neerlandés de lado a lado. Nada. Cada intento encontraba respuesta al otro lado de la red, con un rival firme desde el fondo y muy seguro en los momentos clave.

El segundo set, la gran oportunidad perdida

La sensación de que el partido podía girar apareció en la segunda manga. De Minaur ajustó mejor sus golpes, se plantó más dentro de la pista y forzó intercambios más largos. El pulso se equilibró.

Pero cuando el set entró en territorio decisivo, la balanza volvió a inclinarse hacia el neerlandés. Van de Zandschulp manejó mejor los puntos de presión y cerró el 7-5 que dejó al australiano contra las cuerdas. Era el momento de la reacción. Nunca llegó.

El desenlace, sin margen para la remontada

Con dos sets abajo, De Minaur necesitaba un giro radical. Lo que encontró fue a un rival cada vez más suelto. El tercer set se transformó en una cuesta imposible: 6-2 para Van de Zandschulp, que remató el trabajo con autoridad y sin conceder grietas.

ABC News Australia calificó la derrota de De Minaur como inesperada, reflejo de la sorpresa que generó la eliminación tan temprana del australiano, que se despide del US Open sin poder ganar un solo set en este duelo.

Para Van de Zandschulp, la victoria supone un impulso enorme en el torneo. Para De Minaur, en cambio, queda la incómoda pregunta de cómo un sueño de Nueva York se deshizo tan pronto, en apenas dos rondas.