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Dane Sweeny sorprende a Lorenzo Musetti en el US Open

Un ‘David’ australiano sacude Nueva York: Sweeny tumba a Musetti y firma su gran noche en el US Open

Dane Sweeny mide apenas 1,70. Pero en Flushing Meadows jugó como si midiera dos metros. El australiano, invitado al cuadro principal y prácticamente anónimo para el gran público, firmó la sorpresa del torneo al derribar al cabeza de serie número 14, Lorenzo Musetti, con un contundente 3-6, 6-1, 6-2, 6-2 en segunda ronda.

Un auténtico duelo David contra Goliat, esta vez con final feliz para el pequeño.

Sweeny, de 25 años, alcanzó por primera vez en su carrera la tercera ronda de un Grand Slam y se aseguró un premio mínimo de 290.000 dólares estadounidenses, además de un salto de rankings que lo proyecta, como mínimo, hasta el puesto 115 del mundo. Para un jugador situado más de 100 posiciones por debajo del italiano, es una irrupción mayúscula.

De la duda al dominio

El partido arrancó con el guion esperado. Musetti, semifinalista en Wimbledon y Roland Garros en los últimos dos años, impuso su jerarquía y se llevó el primer set por 6-3, manejando los ritmos y castigando cada bola corta del australiano.

Y entonces, algo cambió.

Sweeny empezó a devolverlo todo. A correr. A morder cada intercambio. El segundo set se convirtió en una exhibición de intensidad y valentía: 6-1 para el wildcard, que no solo igualó el marcador, sino que descolocó por completo al italiano.

La presión terminó por hacer mella. En el tercer parcial, Sweeny se adelantó con doble quiebre hasta el 3-0 y obligó a Musetti a pedir un tiempo médico, visiblemente incómodo y con gestos de frustración hacia su box. Recuperó un break, sí, pero nunca recuperó el control del duelo. El australiano lo tuvo literalmente a correr de lado a lado, hasta desarmarlo.

El cuarto set fue la confirmación. Sweeny ya jugaba con una mezcla de confianza y desparpajo impropia de alguien que apenas está probando el sabor de las grandes citas. 6-2 y puño al aire. El favorito, fuera. El desconocido, en la tercera ronda.

Un guerrero vendado y volador

Todo esto, además, con una imagen que resume bien la noche: Sweeny lucía un enorme paquete de hielo en el codo derecho tras su triunfo de primera ronda, pero no dudó en lanzarse al suelo una y otra vez, al estilo Boris Becker, para cerrar puntos en la red con voleas acrobáticas.

No se protegió. No especuló. Atacó.

“Estoy simplemente agradecido de poder competir siquiera en los Grand Slams. El viaje en el tenis es una auténtica montaña rusa”, explicó después. “Poder empaparme de esta atmósfera y conseguir una victoria, un par de victorias, delante de este público, es increíble”.

El premio a su arrojo será un duelo por un puesto en octavos frente a otro italiano, el número 22 del mundo Luciano Darderi, el sábado. Otra montaña. Pero ahora Sweeny ya sabe que puede escalar.

Schoolkate y Popyrin se quedan a las puertas

Durante un buen rato, Australia soñó con un pleno histórico en la sesión. Tristan Schoolkate, salido de la fase previa, llegó a acariciar también la tercera ronda. Ganó el primer set ante el quinto cabeza de serie y finalista de Roland Garros, Flavio Cobolli, pero el italiano se asentó con el calor neoyorquino como telón de fondo y le dio la vuelta al partido: 3-6, 6-3, 6-4, 7-5 en 2 horas y 41 minutos.

Schoolkate se va del torneo, pero deja una actuación que no pasará desapercibida.

Algo similar le ocurrió a Alexei Popyrin. Dos años después de haber sorprendido a Novak Djokovic en la tercera ronda del US Open, el australiano volvió a quedarse a un paso de los últimos 32. Esta vez cayó ante el chileno Alejandro Tabilo en un pulso tenso, decidido en los detalles: 2-6, 7-6 (7-4), 7-6 (7-3), 6-2.

Popyrin arrancó mandando, pero Tabilo se adueñó de los dos desempates clave y terminó sellando el triunfo, que le abre la puerta a un probable cruce de tercera ronda ante el primer cabeza de serie, Alexander Zverev.

De Minaur, en la recámara

Mientras tanto, el sexto cabeza de serie australiano, Alex de Minaur, tenía previsto cerrar la jornada en The Grandstand frente al neerlandés Botic van de Zandschulp, con el listón emocional muy alto tras la gesta de Sweeny.

En un día de contrastes para la legión australiana, la imagen que perdura es la del pequeño Dane Sweeny, lanzándose al suelo, levantándose cubierto de marcas, mirando al público y creyéndose, por fin, jugador de grandes escenarios.

La pregunta ya no es si pertenece a este nivel. La cuestión es cuánto tiempo tardarán sus rivales en dejar de subestimarlo.