Dan Brand: La Promesa del Tenis Israelí que Conquista el Circuito Junior
Mientras Israel miraba al Mundial y celebraba las noches mágicas de Deni Avdija con Portland Trail Blazers, otro talento, mucho más silencioso, iba escalando peldaños lejos de los focos. No en un estadio, sino en pistas repartidas por medio mundo. Desde Kfar Saba, un adolescente de 17 años se está abriendo hueco en un circuito despiadado: se llama Dan Brand y ya es el número 24 del ránking mundial junior.
No es un espejismo. Es un proyecto serio de tenista de élite.
Un junior que ya pisa Grand Slams
Diestro, completo, con cabeza fría y una madurez impropia de su edad, Brand ha convertido 2024 en su carta de presentación. Este año ya ha jugado en Roland Garros y en Wimbledon, en individuales y dobles, algo que muy pocos juniors israelíes pueden decir.
En París, en la tierra batida de Roland Garros, se estrenó con una batalla de tres sets ante el francés Mathys Domenc: 3-6, 7-5, 6-1. Se le escapó el debut, pero dejó claro que no se arruga en escenarios grandes. En dobles, junto a Safir Azam, de Estados Unidos, alcanzó los cuartos de final.
En Wimbledon dio un paso más. Avanzó a segunda ronda tanto en individuales como en dobles, adaptándose a una hierba que le encanta y que apenas puede pisar el resto del año. Y no se detiene ahí: su próximo destino es el US Open junior, en Queens, donde competirá otra vez en ambas modalidades a partir del 8 de septiembre.
Yoni Erlich, capitán de Copa Davis de Israel y director de tenis en los Israel Tennis and Education Centers, no duda al hablar de él: “Dan es absolutamente nuestra próxima esperanza. Está en el camino correcto para estar en el top 20 junior”. Sus resultados en torneos Futures, donde ya ha sumado victorias ante profesionales y alcanzado unos cuartos de final, alimentan esa sensación: Israel puede volver a tener un jugador de Grand Slam.
El relevo que Israel lleva años esperando
El tenis israelí vive desde hace tiempo de recuerdos. De Shahar Peer, que llegó al número 11 del mundo en 2011. De la pareja de dobles Andy Ram y Jonathan Erlich, campeones del Open de Australia y número 5 del ránking. De Amos Mansdorf, el mejor singlista israelí de la historia, que fue 18 del mundo en 1987.
Precisamente Mansdorf es hoy el hombre que guía la carrera de Brand. Lo entrena desde que el chico tenía 12 años. Lo conoce bien. “Es bonito verle avanzar y moverse en una buena dirección. Juega un tenis inteligente y es bastante completo”, describe el exnúmero 18, que también subraya su carácter: “tranquilo, discreto, trabajador y entregado”.
En la pista, Mansdorf ve a un jugador que “no entra en pánico”, que compite con calma y que disfruta del combate. Su objetivo con él es ambicioso y concreto: llevarlo al top 50 del circuito profesional. Para eso, insiste, necesita seguir creciendo físicamente y sumar armas: un saque grande, con potencia y precisión suficientes para sostenerse ante los mejores.
Con los resultados que ya ha firmado y el potencial que se le intuye, el propio Mansdorf da por probable que Brand reciba una prórroga del servicio militar obligatorio y pueda combinar su carrera con el tenis universitario en Estados Unidos. Un paso habitual en el camino al profesionalismo, pero no siempre al alcance de todos.
De un campo de fútbol a la élite del tenis
La historia de Brand no empezó con una raqueta. Empezó con un balón. Dan era futbolista hasta que un entrenador, casi por rutina, animó a sus chicos a probar otros deportes. Su padre, Shai, abogado especializado en daños y cinturón negro de jiu-jitsu brasileño, intentó llevarlo hacia su mundo. Pero Dan lo descartó sin rodeos: le parecía “demasiado aburrido”.
Probó el tenis en el colegio. Y ahí saltó la chispa.
El entrenador escolar, sorprendido por lo que veía, fue directo con Shai: “He entrenado a cientos de chicos; tu hijo es algo especial”. Le recomendó inscribirlo en una competición nacional. El padre dudó: “Era demasiado pronto”. Pero el talento siguió insistiendo, punto a punto.
Shai acabó tocando a la puerta de Mansdorf. El exjugador aceptó trabajar con el chico y, con el tiempo, se convirtió en entrenador principal en el Ra’anana City Tennis Center, muy cerca de Kfar Saba. Dan siguió entrenando allí, en un club local, lejos de las academias de lujo europeas. Una decisión que llena de orgullo a su padre.
A medida que las victorias llegaban y los viajes se multiplicaban, Shai se convirtió también en acompañante habitual. Viaja con su hijo siempre que puede, cuida de su salud y su seguridad, y cuando no puede estar, activa una red de contactos internacionales para que alguien vigile a Dan. Todo, sin romper una premisa: que su hijo siga siendo un adolescente normal, matriculado en un instituto corriente.
Dan es el mayor de tres hermanos. Sus padres, Shai y Ruth, logopeda, completan la familia con Nadav, de 15 años, y Shira, de 10. “Dan tiene la calma de su madre”, bromea el padre.
Un chico de 17 años… que ya vive como un profesional
Cuando habla, Brand suena a lo que es: un adolescente que vive una vida poco común. Atiende entrevistas después de clases de conducir, entre viajes a Israel y concentraciones internacionales. Antes del US Open, se unirá al programa de desarrollo de Grand Slam de la International Tennis Federation en el Junior Tennis Champions Center de College Park, Maryland. Pocos israelíes han sido elegidos para ese grupo.
Su día a día académico es un rompecabezas. Estudia solo, en hoteles y aeropuertos, y solo pisa el aula cuando vuelve a Israel para hacer exámenes. Reconoce, con cierta timidez, que su madre le ayuda “un poco” con matemáticas y otras asignaturas.
Fuera de la pista, le gusta el baloncesto y pasar tiempo con su familia y amigos, que, asegura, lo tratan “igual que antes”. En el circuito junior ha tejido amistades con jugadores de muchos países y, según cuenta, no ha sufrido incidentes antisemitas. Algunos compañeros le preguntan por la situación en Israel, y escuchan.
En la pista se define como un jugador “sólido y contraatacador”. Sabe lo que le falta: ser más agresivo, sacar más fuerte. Se ve a sí mismo como un tipo “bastante concentrado, tranquilo”. Disfruta especialmente de la hierba, una superficie exótica para casi todos los jugadores que no viven en las islas británicas: “No es una pista en la que juegues todos los días”.
Su referencia es clara: Novak Djokovic. Lo admira por su mentalidad, por esa capacidad de aislarse y vivir cada punto con una concentración feroz. Un modelo que encaja con su propio carácter.
Humildad, resultados y un título que ya pesa
Mientras su nombre empieza a sonar más allá de Israel, quienes le rodean insisten en un rasgo: la humildad. Sus compañeros de clase ya le ven en la televisión y escuchan que es “famoso”, pero Shai subraya que su hijo sigue siendo accesible, tímido, dispuesto a hablar y jugar con cualquiera. “Es un buen ejemplo”, repite.
En la pista, los resultados empiezan a construir un currículum serio. Uno de los triunfos que más enorgullecen a la familia llegó en mayo, en la final del J300 Charleroi-Marcinelle/Astrid Bowl Charleroi Belgian International Championships. Allí derrotó 6-3, 6-2 a Jordan Lee, número 8 del mundo junior y reciente campeón de Wimbledon. Una victoria que, en el circuito, no pasa desapercibida.
En el circuito profesional ITF también ha dejado huella. En el torneo M15 de Astana, Kazajistán, celebrado del 3 al 9 de agosto, alcanzó los octavos de final y sumó puntos ATP, con una trabajada victoria por 6-3, 4-6, 7-5 ante su compatriota Oren Shimanov. A eso se añaden títulos y buenos resultados en Tailandia y Bélgica, que han disparado su progresión en los últimos seis meses.
Danny Perekalsky, director ejecutivo de la Israel Tennis Association, lo sigue de cerca y no escatima elogios. Destaca tanto su nivel tenístico como su comportamiento y la forma en que representa al país. Para la federación, Brand es ya una referencia para los más jóvenes.
Un talento en tiempos difíciles
Nada de esto ocurre en un vacío. Ser un deportista israelí joven en el mundo actual tiene un peso añadido. Shai admite que, “después del 7 de octubre”, se siente a menudo que “la gente te da la espalda”. Dan ha escrito a varios jugadores europeos buscando pareja de dobles y no ha recibido respuesta. En cambio, tenistas de Estados Unidos, Sudamérica y Asia se han mostrado receptivos y amables.
Pese a ese contexto, Dan no esconde la bandera que lleva en la acreditación. Su padre sabe lo que implica: “Un chico con una bandera [de Israel] es como un blanco”. Aun así, cuando se le ofreció la posibilidad de jugar para Alemania —tiene pasaporte alemán por su abuelo materno—, con más recursos y apoyos, la respuesta fue tajante. No. Quiere hacerlo “a la manera difícil”, representando a Israel.
Ese compromiso llega incluso al terreno militar. Shai y su padre fueron soldados de combate en el IDF. Ahora, el propio Shai admite que su hijo podría obtener el estatus de “ilui”, categoría reservada a prodigios que quedan exentos del servicio, por encima incluso del “sportai mitstayen”, que permite compaginar una labor de oficina con el deporte. Cree, sin embargo, que Dan acabará sirviendo de algún modo en el ejército.
Apoyos, previsiones y una meta ambiciosa
Detrás de Brand hay una estructura que empieza a tomar forma. La Israel Tennis Association lo respalda, igual que patrocinadores como la empresa Rav Bariach, conocida por sus puertas de seguridad y sistemas de cierre. El prestigioso Wingate Institute de Netanya ya lo tiene bajo su tutela deportiva y física. Shai, pese a todo, insiste: él sigue siendo, ante todo, un padre que cuida de su hijo.
Desde la federación, Perekalsky se muestra optimista. Asegura que Dan ha dado “un gran salto en los últimos seis meses” y se atreve a poner una cifra sobre la mesa: top 10 junior en enero, si todo sale según lo previsto. La lógica le respalda: cuando los jugadores de 18 años abandonen la categoría, se abrirá espacio para que Brand suba todavía más.
En el horizonte inmediato espera el US Open junior. Esta vez no viajará con él su entrenador, Amos Mansdorf, pero sí Shai y el propio Perekalsky. El escenario, Flushing Meadows, es el lugar donde los juniors dejan de ser promesas anónimas y se convierten en nombres que el circuito empieza a memorizar.
Israel, mientras tanto, observa. Lleva años buscando una nueva figura a la que abrazarse en el tenis. Dan Brand ya ha encendido la chispa. La pregunta es cuánto va a arder.






