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Croke Park vibra antes del adiós de Katie Taylor

La última noche de Katie Taylor en Croke Park no empezó con nostalgia, sino con golpes, cortes profundos y actuaciones que reclamaron su propio espacio antes del adiós de la leyenda. Mientras más de 80.000 personas se preparan para despedir a la pionera irlandesa ante Flora Pili por el título indiscutido del peso superligero, el subcartel ya dejó historias que no se olvidan fácilmente.

Y, por si alguien temía que todo fuera demasiado rápido, la velada incluso tiene un respiro pop: Westlife subirá al escenario más tarde. Pero primero, boxeo. Y del serio.

Donovan firma la actuación de su vida

El duelo entre Paddy Donovan y Tyrone McKenna terminó de forma abrupta, casi brutal. En el cuarto asalto, el médico detuvo la pelea por un corte espantoso en el ojo de McKenna, que salpicaba sangre sobre las mesas a pie de ring. No había margen para el heroísmo: la herida hablaba por sí sola.

Hasta ese momento, Donovan había ofrecido probablemente la mejor versión de su carrera. Paciente, frío, afilado. En la esquina, Andy Lee, excampeón mundial del peso medio, le decía que estaba “sensacional”. Y lo parecía. Su movimiento de cabeza en el tercer asalto fue un espectáculo propio, esquivando golpe tras golpe, como si viera los puños venir a cámara lenta. Le bastaba el jab de derecha para mandar en la pelea.

McKenna, el veterano de Belfast, ya había visitado la lona en el segundo asalto. Logró sobrevivir, pero daba la sensación de que estaba varios años por detrás de su mejor época. Donovan, en cambio, caminaba hacia adelante con la calma de quien sabe que la noche es suya.

El resultado oficial: Paddy Donovan derrota a Tyrone McKenna por detención en el quinto asalto, aunque el desenlace real se escribió en ese cuarto asalto, cuando el médico decidió que ya era suficiente.

El castigo innecesario a Brennan

Si la pelea de Donovan dejó sabor de consagración, el combate entre Emmet Brennan y Taylor Bevan dejó otro tipo de sensación: la de una valentía que rozó lo temerario y una detención que llegó demasiado tarde.

Brennan, hijo del barrio, crecido a la vuelta de la esquina de Croke Park, abrió el cartel principal con el orgullo de un exolímpico invicto (6-0) y el rugido de la grada empujándole. Enfrente, el muy bien considerado Taylor Bevan, 9-0, con pinta de venir a arruinar la fiesta.

Desde los primeros compases, el inglés mandó. A los dos asaltos ya se le veía trabajar con eficacia el cuerpo de Brennan, que lucía un enrojecimiento evidente en las costillas. Aun así, el irlandés conectó alguna buena izquierda al rostro, lo justo para recordar que no había viajado hasta aquí para rendirse. Quedaban ocho asaltos y, por momentos, parecía dispuesto a jugárselos todos a corazón.

En el tercero, la pelea cambió de tono. Un gancho de izquierda de Bevan mandó a la lona a Brennan con dureza. El dublinés intentó abrazar, acortar la distancia, ahogar la ofensiva. No lo logró. Otro golpe lo envió de nuevo al suelo. La campana lo rescató, pero el pronóstico era sombrío: resultaba difícil imaginarlo superando el cuarto.

Aun así, lo hizo. En el cuarto asalto no solo sobrevivió, también tuvo un par de momentos de orgullo, conectando manos que arrancaron aplausos de la grada. Pero la realidad del marcador y del castigo era cruel: para ganar necesitaba apenas su segundo nocaut como profesional. Y Bevan no parecía dispuesto a darle ni un respiro.

Al final del quinto, un precioso gancho de izquierda al cuerpo lo derribó por tercera vez. Brennan volvió al banquillo, preparándose para un sexto asalto que muchos ya veían innecesario.

Cuando arrancó el sexto, los médicos revisaron a Brennan durante un tiempo inusualmente largo. Parecía el momento lógico para frenar la pelea. No ocurrió. El combate siguió. Y el cuerpo habló de nuevo: otro golpe al cuerpo lo mandó abajo otra vez. El árbitro permitió continuar. Bevan, implacable, lo fulminó con un gancho de izquierda a la cabeza. Esta vez sí, todo terminó.

Taylor Bevan derrota a Emmet Brennan por detención en el sexto asalto. La sensación que queda es clara: el combate debió haberse parado antes de ese último puñetazo.

Brennan abandonó el ring por su propio pie mientras se anunciaba el resultado, ovacionado por su coraje tras un castigo duro. Bevan, por su parte, celebró con mesura, casi contenidamente, mientras los médicos atendían al irlandés. Un gesto que no pasó desapercibido.

El telón de fondo: una noche que pertenece a Irlanda

Antes de que el foco se centrara en estos choques del cartel principal, la velada ya venía caliente desde los preliminares. Las jóvenes promesas Bobbi Flood y Adam Olaniyan resolvieron con autoridad sus compromisos, Liverpool vio a Joe McGrail detener a Matthew Boreland en el quinto asalto, y Molly McCann, prima de Katie Taylor, sumó una nueva victoria por decisión unánime en su quinto combate profesional.

Los resultados hasta el momento:

  • Paul Ryan derrotó a Paddy Gallagher por decisión unánime.
  • Adam Olaniyan superó a Matej Hudak por detención en el primer asalto.
  • Bobbi Flood venció a Jack Swallow por decisión unánime.
  • Joe McGrail se impuso a Matthew Boreland por detención en el quinto asalto.
  • Molly McCann ganó a Sylwia Doligala por decisión unánime.

Mientras tanto, en los pasillos y en las gradas se habla de una sola figura. Katie Taylor. De cómo una boxeadora que empezó en un deporte que prácticamente no existía para las mujeres terminó llenando Croke Park y cambiando el mapa del boxeo mundial. Crónicas recientes repasan su viaje desde los días de amateur hasta este último acto, y su legado ya se palpa en los niños y niñas que, a la sombra del estadio, sueñan con ser “como Katie”.

La cartelera aún guarda un combate de pesos pesados entre Thomas Carty, de Phibsboro, y el carismático inglés Dave Allen, que llegó al pesaje con casi 280 libras y ha reconocido sin tapujos que nunca fue el boxeador más profesional del mundo. Una pelea que promete choque de estilos, carácter y, quizá, algún susto.

Y luego, sí, el adiós. Katie Taylor contra Flora Pili por la corona indiscutida del superligero, en casa, ante su gente, en una noche que ya ha visto sangre, talento y coraje en cada esquina del ring.

La pregunta ya no es si Taylor cambió el boxeo. Eso está resuelto. La cuestión es qué harán ahora quienes han peleado bajo su luz para sostener ese legado cuando las luces de Croke Park se apaguen esta noche.