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Cricket Australia abre la puerta al capital privado con la venta de los Melbourne Renegades

Cricket Australia ha dado un giro histórico a su modelo de competición: el Big Bash se abre por primera vez al dinero privado, pero serán las asociaciones estatales las que tengan la última palabra sobre si venden –y cuándo– participaciones en sus franquicias.

Durante meses, el organismo había impulsado la idea de una venta conjunta de franquicias de la Big Bash League (BBL) y la Women's Big Bash League (WBBL). Un paquete completo, un proyecto de liga con propiedad centralizada. New South Wales y Queensland frenaron ese plan. No querían perder el control sobre sus equipos.

El resultado es un modelo de “autodeterminación” que cambia el tablero. Cada estado decidirá su propio camino. Sin imposiciones desde la sede central.

El precedente de The Hundred y el primer gran movimiento

La decisión no nace en el vacío. El movimiento llega tras el impacto que causó el año pasado la decisión del England and Wales Cricket Board (ECB) de vender participaciones en los ocho equipos de The Hundred, una operación que generó más de 500 millones de libras y valoró colectivamente las franquicias por encima de 975 millones.

Cricket Australia ha tomado nota. Este verano, altos cargos del organismo se reunieron con algunos de los propietarios de franquicias de The Hundred. Varios de ellos ya han mostrado interés en entrar en el Big Bash. El mercado está caliente y la ventana, abierta.

El primer paso es contundente: se aceptan ofertas para adquirir el 100% de la licencia de los Melbourne Renegades. No se trata de una pequeña participación minoritaria, sino de un control total de la franquicia bajo el paraguas regulador de Cricket Australia.

El objetivo es claro en el calendario: que los Renegades disputen la temporada 2027-28 del Big Bash bajo nueva propiedad.

Hasta entonces, el club quedará en manos de Cricket Australia en calidad de administrador interino. La venta no alterará el desarrollo de las temporadas 2026-27 de BBL ni de WBBL. La competición sigue, mientras el negocio se redefine en segundo plano.

Estados divididos, modelo flexible

El mapa interno del Big Bash queda ahora dividido entre aperturistas y reticentes.

Según se ha informado, Hobart Hurricanes, Melbourne Stars y Perth Scorchers ven con buenos ojos la entrada de capital privado. Buscan músculo financiero, crecimiento acelerado, más recursos para competir en un mercado T20 cada vez más feroz.

En el otro lado, las dos franquicias de Sídney –Sixers y Thunder–, junto con Brisbane Heat y Adelaide Strikers, se muestran reacias a comprometerse con esa vía. Prefieren esperar, observar, medir el impacto real de la venta de los Renegades antes de dar un paso que puede ser irreversible.

El modelo de autodeterminación les protege. No hay obligación. Cada estado podrá decidir si explora la inversión privada en el futuro o si mantiene un esquema más tradicional de control federativo.

Control deportivo y poder de veto

Aunque se abra la puerta al capital privado, Cricket Australia no se retira del centro de la escena. Mantendrá el control sobre la programación internacional, la disponibilidad de jugadores, los topes salariales y los derechos de medios. Los pilares deportivos y comerciales clave seguirán bajo su órbita.

El organismo también se reserva el derecho de aprobar o vetar posibles inversores y fijará un precio mínimo de reserva para la venta de los Melbourne Renegades. No será una subasta descontrolada, sino un proceso supervisado para proteger el ecosistema del cricket australiano.

El presidente de Cricket Australia, Mike Baird, subrayó que el organismo y las asociaciones estatales están “unidos” en su compromiso de invertir y hacer crecer la BBL y la WBBL y de “avanzar los intereses del cricket en todos los niveles”. En su mensaje, la apertura al capital privado no se presenta como una rendición al mercado, sino como una jugada calculada para blindar el futuro.

Según Baird, esta inyección de inversión puede “acelerar el crecimiento” y garantizar que Cricket Australia siga destinando recursos al cricket comunitario, a la base, a las estructuras domésticas e internacionales y a la élite.

Un cambio de era en medio de una disputa

Mientras redefine el modelo de propiedad de su principal escaparate T20, Cricket Australia mantiene al mismo tiempo “conversaciones constructivas” con la Australian Cricketers' Association por una disputa salarial que sigue abierta.

El tablero es complejo: nuevos inversores a la vista, una liga en transformación y una negociación clave con los jugadores sobre la mesa. El Big Bash entra en una nueva era. La cuestión, ahora, es qué estados se atreverán a seguir el camino de los Melbourne Renegades y cuáles decidirán resistir.